Una vez que haya muerto, no volverá a resucitar

Una vez que haya muerto, no volverá a resucitar
La muerte gradual de los periódicos impresos, y la forma en que éstos han ido perdiendo terreno frente a los medios digitales, obliga a los periodistas a actualizarse en la creación de contenidos interesantes, documentados y atractivos, que logren captar la atención del mayor número de lectores.

Los trabajadores de los periódicos en papel deben tomar conciencia de su responsabilidad y del momento que viven, para que, desde su trinchera, ayuden a salvar a los medios tradicionales que, conforme avanza el tiempo, pierden ingresos, anunciantes y lectores, lo que se traduce en recortes de personal en salas de redacción, ejemplares más caros y sueldos mal pagados a reporteros, editores y fotógrafos.

Para Raul Reis, director de la Escuela de Comunicación de la Universidad Internacional de la Florida, la digitalización trae consigo un desafío para los periódicos impresos frente a los medios digitales: “presentar las noticias de una forma más completa, profunda e interesante”, refiere.

Esta crisis, la de los diarios impresos la retrata perfectamente bien el Newspaper Death Watch, un periódico digital que lleva una contabilización exacta de los diarios impresos que en Estados Unidos han desaparecido. El medio antes mencionado afirma que son “catorce cabeceras que se han esfumado totalmente y nueve más que han dejado de imprimir en papel a diario y cuentan con edición exclusivamente online”.

En la medida en que transcurre el tiempo, los nuevos medios y las nuevas herramientas digitales ganan terreno sobre los diarios impresos, por lo que podemos asegurar que el cementerio de periódicos seguirá creciendo, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo, a menos que el periodismo convencional asuma los retos que esta realidad trae consigo.

Nadie ignora que el mundo entero está inmerso en un cambio constante, y que la gente que lee noticias también ha cambiado, obligando a los medios de nuestro tiempo a cambiar al ritmo de los cambios que experimenta el mundo de hoy, donde los lectores de noticias pueden tener acceso a ellas en la comodidad de sus casas, sin salir a comprar un diario al puesto de revistas; pueden leerlas, asimismo, en la calle, en el aeropuerto, mientras viajan en taxi o autobús, etcétera.

A pesar de esta realidad innegable, existen personas que seguirán siendo fieles a los periódicos impresos, y que no cambiarían la lectura tradicional por la que, de unos años a la fecha, se ha puesto de moda debido a la comodidad y economía que ofrecen los smartphones o teléfonos inteligentes, que poseen similar capacidad de almacenar datos y realizar actividades que la de una minicomputadora, y con una mayor conectividad que la de un teléfono móvil convencional.

Son varias las voces que, convencidas de que los diarios impresos ya no son rentables en materia de publicidad, pronostican la inminente desaparición de los periódicos impresos. Quienes formulan estos pronósticos aseguran que únicamente sobrevivirán los diarios de gran audiencia en el plano internacional, como es el caso de The New York Times, The Wall Street Journal o The Washington Post.

El director de este último diario, Martin Baron, sostiene que “los periódicos en papel no van a sobrevivir”. Y añade: “Obviamente los periódicos existirán por un tiempo, pero lo cierto es que no hay muchas evidencias de que el papel vaya a ser el futuro. Y sin embargo, sí que hay muchas evidencias de que el papel puede no ser el futuro. Ha llegado el momento de reconocer que nuestro sector está cambiando a fondo y rápidamente”.

En España, datos recientes revelan la crisis que experimentan El País, El Mundo, ABC, La Razón, El Periódico y La Vanguardia, seis de los principales diarios impresos de ese país ibérico. Estos periódicos, aunque no figuran aún en la lista de diarios que se han extinguido totalmente, “registraron una difusión media diaria conjunta de 523.753 ejemplares durante el año 2018, esto es un 13% menos que hace un año y mantiene la tendencia descendente de un sector que lleva una década en caída libre”.

Lluís Basset explica qué es lo que realmente está agonizando de los diarios impresos: “el negocio que significaba la venta de ejemplares impresos de periódicos y a la vez de espacios publicitarios a los anunciantes”. Y sentencia: “una vez que haya muerto no volverá a resucitar”.

El anterior pronóstico es doloroso, y nos pone a pensar cómo será la historia sin periódicos en papel, pues, como dice bien Basset, "el periódico impreso ha sido durante una larga época la imagen del mundo, la escenificación diaria de la idea de una realidad ordenada y jerarquizada”.

En mi opinión, el mayor reto de los medios impresos es captar la atención de los jóvenes para convertirlos en asiduos lectores de sus historias. Esto se logrará sólo si se construyen historias bien documentadas y de forma empática, y si los profesionales de la información de nuestro tiempo son capaces de ofrecer periodísticamente lo que las nuevas generaciones de lectores piden.


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