Clases “en línea”: desigualdad educativa en México

México es el país de la OCDE que proporciona la mayor parte de su gasto público a educación (22%)
Clases “en línea”: desigualdad educativa en México
Ciudad de México a 04 de mayo del 2020.- Tras el fin de las vacaciones y el confinamiento ordenado por las autoridades de salud y educación, alrededor de 30 millones de estudiantes reiniciaron clases de manera virtual mediante el programa “Aprende en Casa”, estrategia del gobierno para mantener los servicios educativos y la sana distancia entre las niñas, niños, adolescentes y docentes, con el objetivo de reducir las probabilidades de contagios masivos por COVID-19.

El titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Esteban Moctezuma, ha explicado que cuando inició la pandemia ya se contaba con un avance del 75% del ciclo, por lo que el programa implementado a distancia es visto como un reforzamiento para cumplir satisfactoriamente el calendario escolar, idealmente esto tendría que ocurrir en las 32 entidades federativas; sin embargo, no es así.

Para las comunidades que no tienen acceso a internet se mantendrá el trabajo con material impreso, los docentes tienen que enviarlos con apoyo del transporte público a las comunidades más alejadas y un padre de familia o el tutor deberá recogerlo y repartirlo a cada alumno. Además, los libros de texto gratuito están ligados a los programas de televisión e internet, pero volvemos ¿qué pasa con aquellos que no tienen electricidad?

En un contexto como este es cuando más se percibe la sociedad tan desigual que hemos creado: ¿Cuántos niños pueden realmente tomar una clase en línea?, ¿Cuántos de ellos no estarán sometidos en un entorno de violencia intrafamiliar?, ¿Cuántos de ellos podrían perder el ciclo escolar?, ¿Cuántos ni siquiera estaban en la escuela antes del confinamiento? Y esto sólo pensando en los que han podido estar en confinamiento PlanteaJimena Cándano, Directora General de Fundación Reintegra.

Pese a que México es el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que proporciona la mayor parte de su gasto público a educación  (22%); esto no se ha visto reflejado en mejores resultados, ni en la capacidad de crear capital humano competitivo, ni como el medio que fomente la eliminación de la desigualdad estructural que, ahora con la pandemia se volvió más evidente.

El sistema tradicional ha sido totalmente rebasado y está más que demostrado que no funciona para las niñas, niños y jóvenes en la actualidad. Las medidas que están tomando seguro permitirán que terminen el ciclo escolar, más no que lo aprendido sea funcional para su sano desarrollo.

Además, poco se ha hablado de que es posible que estén confinados con madres y padres que deben balancear las labores del hogar, el trabajo a distancia y actuar como maestros de sus hijos, complicado que sean supervisados y orientados durante las clases en línea. Aunado a que existen familias que tienen más de un niño en casa, que necesitará herramientas digitales y atención extra, dificultando el aprendizaje y desarrollo de los infantes durante este periodo. Agrega Cándano.

En México es la primera vez que el sistema de educación se ve obligado a migrar a clases virtuales de forma masiva, por lo que es momento de reconstruir modelos educativos que estén enfocados en el desarrollo psicoemocional de nuestras niñas, niños y adolescentes, que vaya más allá de cubrir un calendario escolar cada ciclo.

La pandemia del COVID-19 afecta más a las generaciones jóvenes pues son los ciudadanos del futuro, considerados agentes de cambio para la próxima generación de profesionales. Construyamos para ellas y ellos comunidades que garanticen un futuro con recursos sostenibles.


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