UE entre Trump, Rusia y China

 La Unión Europea (UE) como símbolo de paz es, hoy por hoy, el mayor éxito de los últimos sesenta años porque ha logrado evitar otra indeseable conflagración entre los europeos que ya padecieron una Primera y una Segunda Guerra Mundial con claras consecuencias en la faz de su cartografía; las últimas modificaciones han sucedido tras la caída de la Cortina de Hierro y el desmembramiento de la URSS.

Varios países bajo el dominio comunista soviético quedaron escindidos algunos devastados por guerras cruentas como el caso de Yugoslavia mientras otro se unificó como aconteció con Alemania.

Lo que no ha variado a lo largo del tiempo es la posición estratégica de la UE actualmente formada por 27 países tras la consumación del Brexit por parte de Reino Unido; la cuna de la civilización occidental sigue siendo un fuerte jugador en la capacidad de fuerzas de la geopolítica y de la geoeconomía.

Sin embargo, continúa estando en medio de una fuerza centrípeta: si en el siglo pasado lo hacía en medio de la disputa entre el nazismo de Adolph Hitler y  el comunismo de Iósif Stalin; después con Estados Unidos y la URSS bajo la Guerra Fría, en la actualidad la UE despierta los apetitos de Rusia, China y Estados Unidos.

Los propios historiadores recogen como hipótesis de la prolongación de la Segunda Guerra Mundial, los enormes temores del primer ministro británico Winston Churchill de abrirle la puerta a las fuerzas soviéticas como aliadas contra el nazismo bajo el recelo de que, después, fuese Moscú el nuevo amo del continente.

Un recelo ardiente en la actualidad y que sigue viendo a las políticas desde el Kremlin como injerencistas y desestabilizadoras; divide et impera, pero los europeos se sienten más solos que nunca porque su aliado tradicional lleva largos meses echándoles en cara su ayuda militar con Washington exigiendo no solo mayores aportaciones pecuniarias a la OTAN sino un alineamiento de políticas económicas, financieras y comerciales frente a los rusos y prioritariamente, respecto del enorme avance y consolidación económica de China.

Donald Trump en abierta campaña electoral pone sobre de la mesa de su diplomacia utilizar la baza de China para construir (o reconstruir) alianzas contra el gigante asiático;  lo hace, convencido, de que obtendrá réditos en las urnas  a favor con su posicionamiento unilateral, proteccionista y señalando a China como culpable de la pandemia del coronavirus.

Trump busca redimirse ante los tradicionales aliados europeos a los que tanto ha ninguneado y ha echado en cara tener que “pagar del erario estadounidense la defensa europea”.

A COLACIÓN

El meollo es su tradicional retórica contradictoria a la que los líderes europeos ya tomaron la medida: por un lado fuerza a un mayor compromiso pero por otro, anuncia la retirada de 9 mil 500 militares norteamericanos de Alemania a partir del próximo otoño, una decisión sin mediar siquiera una llamada a la canciller germana, Angela Merkel.

En una nueva encrucijada histórica, la UE está atrapada en un sándwich geoeconómico, sin mostaza pero con mucho picante, con Rusia presionando para sus ductos de gas y de petróleo con Gazprom como proveedor líder;  y los chinos en avanzada en territorio europeo comprando empresas, volviéndose accionista prioritario y derrumbando trabas para su nueva Ruta de la Seda mientras que Estados Unidos sostiene su alicaído liderazgo global abigarrado forzando a sus socios  tradicionales a abrirle mercados y dejarlo como socio preferencial.

Trump está enojado con Merkel por permitir que los rusos construyesen “el gasoducto de la discordia” señalando así la obra de infraestructura que pasa por el Báltico: se trata de Nord Stream el gasoducto que une Viborg, en Rusia a la ciudad de Greifswald, en Alemania gracias al que Gazprom tiene un contrato por 25 años para venderle gas a la economía germana.

Y este año, si es que la pandemia y la crisis económica provocada colateralmente lo permiten, deberá estar inaugurado el Nord Stream 2 también como conexión germano-rusa con una capacidad de transportar 55 mil millones de metros cúbicos de gas al año; con dos gasoductos en funcionamiento, Rusia se asegurará un abastecimiento hacia la UE, vía Alemania y sin pasarlo por Ucrania, superior a los 110 mil millones de metros cúbicos de gas… a Trump lo ha encolerizado.

Tanto como lo hace China: el gigante asiático no se queda chico en ningún rubro  mostrando su inmenso poderío sosteniendo un dramático pulso con Washington  ya no es únicamente comercial, lo es financiero, empresarial, tecnológico, en la nueva carrera espacial… hace unos días China completó su propio sistema de navegación por satélite para rivalizar con el GPS norteamericano.

La puesta en órbita del satélite del sistema Beidou (tiene 34 satélites ya colocados de la generación BDS)  permitirá que China no dependa del navegador estadounidense y competirá además con el Galileo de Europa y el Glonass de Rusia; es una noticia que precede al  anuncio de un sistema de comunicación cuántica desde el espacio que sería “imposible de espiar”.  Quien domine la tecnología en todos sus campos dominará al mundo del siglo XXI.



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