T-MEC ensombrecido

El próximo 1 de julio, entrará en vigor el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) que sustituirá al antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) vigente a lo largo de 27 años desde aquel, histórico, 1 de enero de 1994.

            En esta etapa renovada y ampliada de condiciones, el nuevo Tratado nacerá en un escenario adverso porque la pandemia del coronavirus ha desatado un cisma económico sin precedentes; esta crisis es distinta a la de 1929 conocida como la Gran Depresión provocada por una turbulencia bursátil que se extendió a los canales financieros y  tampoco es igual  a la Gran Recesión de 2008 detonada por la quiebra de las hipotecas subprime y un pinchazo en la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y otras partes del mundo.

            La crisis económica surgida como un daño colateral de la emergencia sanitaria global por el SARS-CoV-2 ha provocado el parón en varios sectores  secundarios y terciarios,  no sólo en México sino en otras partes del mundo; unos vitales para generar riqueza como son la industria de la construcción, la industria manufacturera,  la industria automotriz y el sector turismo.

            Cabe señalar que sin un Plan B, la esperanza de México sigue estando puesta en la recuperación económica del vecino del norte aunque del otro lado de la frontera el panorama económico tampoco es nada claro.

Aunque, la propia OMC,  estima una reducción del comercio mundial “de entre el 13% y el 32%” debido a las perturbaciones  -por culpa del coronavirus-  y que recaen en las relaciones productivas e internacionales del intercambio comercial

            Son datos dolorosos  para los flujos comerciales que ya venían tocados sensiblemente debido a la guerra  arancelaria sostenida entre Estados Unidos y China en los últimos 24 meses; una guerra de aranceles que también ha salpicado a otras naciones porque los impuestos ad valorem, contra las importaciones del acero y del aluminio, aplicadas por el gobierno norteamericano están vigentes para el resto del mundo.

            De acuerdo con la OMC: “Casi todas las regiones sufrirán en 2020 disminuciones de dos dígitos del volumen del comercio, y las exportaciones se verán especialmente afectadas en América del Norte y Asia; es probable que la caída del comercio sea más pronunciada en sectores caracterizados por la complejidad de las cadenas de valor, sobre todo en el caso de los productos electrónicos y de la industria del automóvil”.

A COLACIÓN

La sincronización comercial entre México, Estados Unidos y Canadá mediante las ventajas provistas por el acuerdo comercial del TLCAN ha impulsado que, entre 1993 y 2017, el comercio de México con la Unión Americana aumentase casi seis veces al pasar de 88.3 mil millones de dólares  a 522.2 millones de dólares; y, con Canadá, lo ha hecho casi ocho veces con cifras que han crecido de 2.7 mil millones de dólares a 21.1 mil millones de dólares.

A lo largo de  casi tres décadas de vigencia, se ha ido desarrollando un modelo regional de producción  compartida que ha permitido que “las exportaciones mexicanas hacia la Unión Americana” tengan un contenido promedio de aproximadamente un 37% de insumos estadounidenses” debido a la integración de la producción en ambas economías.

Otro rubro beneficiado por el libre comercio es el de las inversiones: entre 1999 y 2018, las inversiones de capital canadiense y estadounidense sumaron 530 mil millones de dólares y representaron “más del 55% del total de la inversión extranjera directa” acumulada en México.

Pero esto acontecía antes de la pandemia del coronavirus cuyo impacto extiende a todas las áreas sanitarias, económicas, socioeconómicas, laborales, productivas, comerciales y bursátiles.

Eso implica que el convenio tripartito comercial entre Estados Unidos, México y Canadá tendrá de frente vientos huracanados que deberán sortear partiendo de una desaceleración económica evidente en las tres naciones: en 2019, el PIB de EU creció 2.3%; el de México descendió marginalmente 0.1% y el de Canadá subió 1.6 por ciento.

En el caso de la nación azteca, la Secretaría de Hacienda tenía originalmente un pronóstico de crecimiento para 2020 entre el 1.5% y el 2.5%; no obstante, esto ha variado drásticamente con la extensión de la epidemia convertida en pandemia y el frenazo de casi dos meses en muchas áreas productivas, cierre de la hostelería y la caída en el consumo.

El Banco Mundial prevé una caída 6.1% en el PIB mexicano, por su parte Moody´s lo estima cerca del -7% y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ubica una contracción del 6.6%; para el caso de EU, el mismo FMI anticipa una caída económica del 5.9% y para Canadá del 6.2 por ciento.



NOTAS RELACIONADAS

Por: Antonio Garcia Fuentes / Julio 06, 2020
Por: Arturo López Corella / Julio 06, 2020
Por: Francisco Javier Palacios Flores / Julio 06, 2020