Sobre la felicidad o el conformismo

 Deduje hace muchos años que en este planeta, la felicidad no existe; que es una quimera enorme y en la que se refugian, “los ilusos o faltos de caletre”; que si acaso lo que existe de ella, son “ráfagas” que pasan más o menos veloces por nuestras vidas, pero que todas desaparecen y nos trasladan a las realidades que hemos de vivir, pasadas “las ilusiones que sean”. Existe, sí, en los seres ya cultivados y que llegan a un cierto grado de escepticismo o incluso al sabio estoicismo; lo que yo califico como “conformismo”; o sea aceptar la vida tal y como nos ha llegado, vivirla con la máxima dignidad posible; y esperar el devenir del tiempo; y ese “más allá” del que nada sabemos, pese a que hay filosofías que preconizan, que “se sigue viviendo después de la muerte”; y que el que en esta vida, cumplió “la misión que a ella le trajo”; vivirá mucho mejor en esa otra vida; que dicen marca “el Karma, o Ley de Causa y Efecto”; donde cada cual recibe a tenor con lo que ha sembrado, por tanto y ya lo dice el dicho popular… “El que siembra tormentas, recibe o recibirá tempestades”.

De los mejores libros que yo he tenido en mis manos, destaco como primero de ellos, el titulado “LOS ESTOICOS”; y que es un no muy voluminoso libro de 270 páginas, editado por, http://www.editorial-na.com y el que contiene, un amplio resumen de la obra de tres famosos sabios, cuales fueron Epicteto, Séneca y Marco Aurelio; libro “inagotable”; y el que me acompaña desde hace ya muchos años, puesto que donde yo vaya, aún en mis largos viajes, este libro fue y va con migo. Del mismo les copio lo que sigue y que escribiera, Marco Aurelio, que fue emperador romano, lo que debe sorprendernos aún más, puesto que “la sabiduría casi siempre está fuera del gobierno y la política”: veamos:

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“He aquí una reflexión que puede ayudarte también a desterrar la vanidad: si has practicado las máximas de la filosofía toda tu vida o, por lo menos, desde tu juventud primera, hacerlo no ha sido mérito tuyo, pues muchas personas saben, y  tú mismo también, que has estado muy lejos de ello. Hete aquí, pues, confundido; desde ahora en adelante ya no te será fácil adquirir el honroso título de filósofo; tu situación misma te lo impide. Luego si juzgas bien el estado de las cosas, no te preocupes más de la reputación que hubieras podido dejar después de la muerte y conténtate con pasar el resto de tus días tal como tu naturaleza sea. Que tu reflexión te lleve a conocer los deberes que el espíritu te impone y que por ningún pretexto te apartes de este estudio. Has querido buscar la felicidad en esta vida, y ¿por cuantos caminos no te has extraviado? En los sofistas de las escuelas, en las riquezas, en la gloria, en los placeres, en ninguna parte has podido encontrarla. ¿Dónde está pues? En la práctica de las acciones que la naturaleza del hombre exige. ¿Y el medio de practicarlas? Ateniéndose siempre a los principios que son el origen de nuestros deseos y de nuestras acciones. Pero, ¿cuáles son esos principios? Los que engendran los verdaderos bienes y los verdaderos males, es decir, los que nos hacen discernir que sólo es bueno en el hombre lo que hace justo, moderado, valeroso, libre; y que sólo es malo lo que produce en él efecto contrario a estas bellas cualidades”.

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Pueden sorprender estas reflexiones de un emperador, que gobierna con los máximos poderes en que gobernaron aquellos emperadores romanos, generalmente envueltos en pasiones y podredumbres de todo tipo; pese a ello, aquel imperio, fue maestro y lo sigue siendo para el mundo actual y el venidero, puesto que las estructuras que nos sostienen fueron romanas; y pese a todo lo malo que pudiera generarse en aquel largo imperio, puesto que fue y sigue siendo el más largo, de todos los tiempos (dura desde siete siglos antes de Cristo hasta quince después de su muerte) o sea que suman nada menos que veintidós siglos, en los que pese a todo, se elaboran los cimientos y estructuras que aún sostienen, el decadente siglo veintiuno, el que si no cae, será por cuanto se rescaten todo lo bueno y positivo de aquellas enseñanzas; cosa que está por ver… “Es más, incluso me atrevo a decir hoy, que es incluso Cristo el que si sus enseñanzas se llegan a extender por aquel mundo y el nuestro, es por cuanto nace y es crucificado, dentro del Imperio Romano, puesto que de no ser así, ese Cristo, hubiera pasado desapercibido, en un pequeño y minúsculo pueblo, que como tantos otros, había fuera del Imperio Romano, y cuya historia ha desaparecido”.

¿Pero qué se enseña hoy en escuelas y universidades si en verdad no hay Maestros, verdaderos MAESTROS? La enseñanza hoy, yo la resumo en pocas palabras, puesto que nos enseñaron y siguen enseñando, “sólo a ir muy deprisa hacia ninguna parte”… Y a la vista está, cómo se encuentra el planeta actual y en todas sus latitudes. Y esto queda fuera de cualquier doctrina, “política o religiosa”; de ahí que al menos se deban enseñar lo que ya dedujeron los verdaderos estoicos hace muchos siglos; y lo que pese a ello, siguen teniendo una actualidad “vital y esperanzadora”.

                                                    Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

                                      www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

                                 http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes  



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