La imaginación, la loca de la casa.

Realmente no son tomados muy en serio, no son suficientemente respetados,

Ignorados en el mejor de los casos, los libros que se cruzan en nuestra vida,

novelas, poesía, obras de teatro y que son plenas manifestaciones de nuestra

cultura no gozan de cabal salud. Cuando los títulos y las portadas son

escandalosas o populares tienen alguna posibilidad de ser adquiridos, pero en la

mayoría de los casos son tomados como una diversión, como un pasatiempo,

como un entretenimiento., pero no como algo verdaderamente serio que nos

puede transportar a otros niveles de conocimiento.

He llegado a escuchar que la obra de ficción, este género en el cual se encuentra

la novela tiende a confundir, más que a informar, porque todo es inventado y por lo

tanto no es digno de confianza. O sea, dicho de otra manera, lo imaginado no

habla de la verdad. Se piensa que esta literatura de ficción es producto de una

mente rara, extraña y que es la novela, el cuento o la poesía una fantasía que

sirve para escapar de la realidad.

Estas ideas son viejas, desde el Renacimiento y durante la Ilustración han

colocado a la ciencia como la verdadera autoridad intelectual relegando a la

literatura, A pesar de protestas o de movimientos que defienden la literatura de

ficción, sigue siendo esto un lugar común, la ciencia sigue siendo dominante, da la

pauta para todo lo que pueda considerarse como conocimiento. El conocimiento

científico es el tamiz. Todo lo demás es imaginación, opinión o conjetura. La

literatura es, un pasatiempo.

Siguiendo esta lógica de pensamiento, todo lo que es producto de la imaginación

no es válido y es ella, la imaginación, la fuente de errores, la loca de la casa como

la bautizó la escritora española Rosa Montero. Los humanistas tenemos que

revertir esta tendencia. Empecemos por la novela que es la obra de ficción más

conocida. Creo que lo inmediatamente aplicable al leerla es la adquisición de

habilidades y pericias lingüísticas. Estas habilidades de las que gran parte de la

gente carece se debe principalmente a la falta de lectura.

Y hay mucho más, los héroes de las novelas nos proporcionan estrategias para

enfrentar situaciones difíciles de la vida o simplemente para enfocar desde otras

perspectivas los mismos problemas y pensar más eficientemente, nos habilitan

para saber qué se siente estar en otras situaciones complejas y exigentes, Y ni

qué decir de escenarios y épocas que pueden vivirse plenamente enriqueciendo

nuestra sensibilidad.

Las obras de ficción, extienden sin lugar a dudas nuestras experiencias y nos

ayudan a ser más humanos porque el poder sentirse en la situación de otros es

una cualidad indispensable para la vida social. La empatía que nos generan los

personajes de las novelas nos da una inserción nueva en la raza humana.

¿Es exagerado? No. Es absolutamente cierto y sólo comprobado por los que

leemos novelas y todo tipo de ficción. Imposible demostrarlo con fórmulas

matemáticas o descripciones científicas. Ninguna ecuación ni medida puede

describir los sentimientos, lo que nos hace auténticamente humanos.

La literatura de ficción tiene que ver con la vida, con la sociedad. Es conocimiento

esencial y debería ser obligatorio. La experiencia me hace reconocer a los lectores

de novelas desde que los veo. Son seres humanos distintos, completos, sensibles

y superiores.

Se puede aprender mucho de la literatura y esto mismo atañe al arte en general.

Quienes estamos convencidos de ello tenemos una tarea infinita de

convencimiento, casi diría, de salvación.



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