La gratitud del apóstol Naasón Joaquín

La gratitud del apóstol Naasón Joaquín
Columnista
La mañana del pasado 14 de diciembre, en su magna presentación ante los miembros de la Iglesia La Luz del Mundo congregados en el templo sede internacional de la colonia Hermosa Provincia de Guadalajara, Jalisco, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García comenzó su exposición con un saludo que le inspiró Dios para la ocasión: "Que la paz, el consuelo y la fortaleza que Dios nos hizo sentir aquel 14 de diciembre del año 2014, moren permanentemente en cada uno de sus corazones”.

La del pasado viernes era una de esas mañanas en que la felicidad flotaba en el ambiente, por la celebración del cuarto aniversario del llamamiento del hermano Naasón Joaquín al Apostolado, así como por la manifestación de su elección a la totalidad de los integrantes del Cuerpo de Cristo, una obra que realizó Dios con efectividad en todas las naciones, y en la que no hubo ningún tipo de intervención humana.

“Hermosa fue aquella madrugada del 14 de diciembre, cuando Dios manifiesta la elección que Él ya había realizado desde antes de los tiempos de los siglos”, exclamó el Ungido de Dios al recordar el acontecimiento que tuvo lugar ese día, para en seguida explicar que, del 8 al 14 de diciembre de 2014, no hubo desesperación en los miembros de la Iglesia, ni miedos, ni comentarios en el sentido de que esta obra se iba a terminar. Lo que sí hubo fue una total concentración de parte de la Iglesia en honrar el cuerpo sin vida del Apóstol Samuel Joaquín Flores, como Dios se lo indicó.

“Estábamos esperando la voluntad de Dios, porque aquí, en la Iglesia de Jesucristo, se nos ha enseñado que la decisión y la última palabra la tiene nuestro Dios”.

Más adelante, a semejanza del Apóstol Pablo, quien daba gracias a Dios por haberlo tenido por fiel poniéndolo en el Ministerio, el Apóstol Naasón Joaquín quiso agradecer a Dios, pero antes de hacerlo dijo:

“Mencionar y decir que hemos recibido todo es no reconocer lo que realmente Dios nos da; porque todo es nada, y sabemos lo que Dios nos ha dado a nosotros: salud, bienestar, fortaleza, armonía en la familia. ¡Cuántas cosas podemos mencionar!, y no resumirlo en la palabra “todo”, que le quita realmente el verdadero reconocimiento a lo que hemos recibido de parte de Dios”, explicó.

Tras esta enseñanza que forma parte de la doctrina que Dios le ha revelado, el Apóstol de Jesucristo enumeró y pormenorizó algunas de las grandes cosas que Dios ha hecho con él y a través de su Ministerio en estos cuatro años de fructífera administración apostólica:

“Hoy quiero dar gracias a Dios por este Ministerio que Él me ha dado, porque es de mi parte una necesidad reconocer todo lo que Dios ha hecho por mí; pudiera decir: por todo, pero sería injusto para Dios, y sería desleal e infiel de mi parte no valorar cada cosa, cada situación, cada movimiento, cada gira, cada corazón que ha estado presente en beneficio del Ministerio que Dios me ha dado”.

Y prosiguió, teniendo a la Iglesia universal como testigo de las palabras que Dios expresaba a través de él:

“Al cumplirse cuatro años de mi llamamiento, al recordar los preciosos momentos vividos, la madrugada de aquel día 8 de diciembre del año 2014; al recordar la imponente presencia y el rostro glorioso y luminoso de Dios; al revivir aquel momento de mi transportación a su reino; al vibrar nuevamente recordando su tierna voz que penetraba hasta el fondo de mi alma; al recibir sus consejos y sus órdenes cuando mi cuerpo temblaba de emoción; al percibir su bello olor de suavidad, su perfume único y envolvente; al recordar cómo mi espíritu parecía no tener control, queriendo salir de mí brincando de alegría; al evocar la indescriptible emoción de estar con Dios y con Jesucristo; al sentir la inmensidad de la mente poderosa de Dios, tengo que testificar mi agradecimiento a mi santo Dios”.

A partir de ese momento empezó a explicar el porqué de su reconocimiento público: “Gracias sean dadas a mi Dios, que me ha dado la victoria, por medio de mi Señor Jesucristo. La satisfacción más grande para mi corazón es ser agradecido para con Dios, reconociendo su distinción al escogerme entre millones de hombres en la tierra, por la gran encomienda que me dio de predicar su palabra santa, por encomendarme su Ministerio pleno, por encargarme la salvación de las almas de sus hijos. Por eso, y mil cosas más, estoy agradecido con mi Dios. Él es mi supremo rey, Él es mi Señor y Dios. No hay nada razonable, nada más justo que honrar a mi Dios todopoderoso, por sus beneficios, por llevarme en sus brazos poderosos, por usar mi vaso para que Él se manifieste, por tomar mis labios para dirigirse a su pueblo santo, por hacer maravillas a través de mis manos, por convencer a los poderosos con la debilidad de mi ser, por dar consuelo y vida a las almas sinceras, por la virtud que ha opuesto en mi ser, por hacer poderosa mi palabra", concluyó.


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