La gente somos nosotros

Observo paneles de expertos, en canales prestigiados de televisión, donde analizan ciertos problemas que nos aquejan: la contaminación, el poco respeto a la sana distancia, el consumo exagerado de bebidas azucaradas, la inseguridad.

Tono común de las intervenciones: Es que la gente tira la basura donde quiera. Es que la gente desperdicia el agua. Es que la gente anda por la calle sin tapabocas, amontonados buscando cervezas o comiéndose unos tacos donde quiera. Es que la gente toma muchas sodas, por eso están gordos y diabéticos.

La gente son los otros. Yo no soy la gente. Yo soy responsable, austero, prudente. Soy cuidadoso del medio ambiente, no como los otros; la gente

Es el síndrome del fariseo, que tan gráficamente expuso en el evangelio San Lucas.

La actitud que llaman nuestros vecinos “holier than thou”; 

Todos los demás, la gente, tiene la culpa de todos nuestros males. Pero la gente somos nosotros, los buenos y los malos. Los que contaminan y los que cuidan. Los que tiran el agua y los que la conservan. Los que arrojan pañales desechables, cubrebocas, bolsas de plástico a los drenes, a los canales, a las calles, los ríos y las playas, así como los que cuidan de depositar la basura o los desechables en los lugares apropiados.

¿Cómo lograr que “la gente” no cometa esas irregularidades que nos perjudican a todos? ¿Más policías, más inspecciones, más sanciones? Con ello, ¿“la gente” tendrá temor de hacer estos desvíos? 

Hay otras formas. En cuanto a la contaminación por desechables; es evidente que hemos abusado de esa comodidad y ahora nos está cobrando la factura. Es que “la gente” prefiere servir comida en las fiestas con platos y vasos desechables. Es que “la gente” prefiere los pañales desechables. Es que “la gente” siente muy práctico ir a la compra del mandado y que el empacador saque y saque bolsas que después van a dar a quién sabe dónde. 

Es igual con el agua. La gente riega las banquetas o las calles sin pavimento para que no se levante el polvo. La gente no aprende de otras partes donde la naturaleza exige que los jardines sean ahorradores, que tengan suculentas en lugar de extensas superficies de pasto. Es que la gente insiste en tener sanitarios derrochadores de agua en lugar de optar por sistemas más conservadores. Es que la gente

Ah, y la basura. Los depósitos están llenos de materiales que pudieran reciclarse con cierto cuidado y mínimo esfuerzo o bien incorporarse a donde vinieron, a los cajetes de los árboles o los espacios entre las plantas. Con ello además de conservar el agua por aportar material retenedor de la humedad, se reduciría considerablemente el volumen increíble de basura que va a dar al recinto concentrador sin razón alguna y a un costo elevadísimo. Mexicali produce casi cien toneladas diarias de basura, mucha de ella sin ninguna razón de terminar en ese destino.

Es muy fácil caer en generalizaciones, lo que ahora llaman “profiling”. Hasta el humanista Juan José Arreola alguna vez con pesimismo expresó: “La gente ahora se enriquece a costa de su pobreza espiritual en medio del apogeo de ciencias y técnicas. Esta es la prueba evidente del fracaso de nuestra civilización que siempre ha ido contra la vida.” La gente somos nosotros. La única solución a largo plazo y con suerte a mediano plazo, es la educación. La educación a través del convencimiento.

Por supuesto que todo es un equilibrio. Hay muchísimos intereses económicos detrás de lo desechable; para qué detallar, está a la vista. La contaminación visual está soportada por proveedores de lonas, carteleras y demás despliegues chocantes de publicidad tan profusa que ya ni siquiera se aprecia. Hay muchísimos intereses económicos en el manejo de la basura. Hay muchísimos intereses económicos en la producción y distribución de bebidas y alimentos que hacen daño. 

Todos estos intereses son legítimos, pero tienen un origen deformado. Dan muchísimos empleos, pero también hacen mucho daño. 

La gente no entiende. La única manera de arreglar esto es un proceso lento de educación y de reorientación de la actividad económica para lograr la sustentabilidad, evitar el derroche, proceder con respeto al planeta. Necesitamos convencer a la gente. Convencernos. La gente somos nosotros.

Ah, qué gente.



NOTAS RELACIONADAS

Por: Antonio Garcia Fuentes / Julio 06, 2020
Por: Arturo López Corella / Julio 06, 2020
Por: Francisco Javier Palacios Flores / Julio 06, 2020