Impunidad de rebaño

Ya se le hace la boca chueca al señor presidente, de insistir, hasta la náusea, que el principal problema de México es la corrupción. Cada mañanera, por una u otra razón, brota el tema y se liga con la enorme impunidad que la protege. Una impunidad que tiene carta de naturalización. No; que va: acta de nacimiento, en el país. Un sentimiento generalizado de “todo mundo lo hace y no pasa nada, por qué yo no. No quiero quedar como idiota.”

El poeta de la desesperación urbana nos dice: “LAMENTO BREVE: No les hicieron nada. Entraron, robaron, destruyeron. Saben quiénes son.

Pero no les hicieron nada.”

Una y otra vez López Obrador ha utilizado su figura didáctica que las escaleras se limpian de arriba abajo. Efectivamente, así es más práctico, pues lo contrario iría contra la ley de la gravedad y apenas un personaje como el Babalucas de Catón lo intentaría. El problema es que en la medida que se va avanzando desde los escalones superiores a los inferiores, la basura se va acumulando y resulta un poco más difícil el avance. 

Todos sabemos que la corrupción más patente en la ciudadanía no es aquella que transcurre en las altas esferas de los fraudes millonarios que ahora intenta combatir el gobierno. No el delito organizado de esquemas cuidadosamente diseñados para defraudar al fisco y mermar el erario. Es cierto que estos son delitos de alto impacto y efecto mediático. Habría que analizar quiénes hacen mayor daño: si los miles de fraudes de los altos delincuentes, o los millones de pequeños golpes cotidianos a la legalidad y por lo tanto a la recaudación. El principal evento de corrupción que todos presenciamos es el de día a día. El policía o el inspector que nos detiene y nos insinúa que es más práctico soltarle una efigie de Hidalgo y Morelos, con el reverso del ecosistema de El Pinacate, que tanto ha explorado nuestro amigo Alberto Tapia, o si la infracción fuera más seria, acaso se solventaría con un Diego Rivera o un más nuevo Benito Juárez.

La comodidad de resolver un problema de inmediato; la justicia sumaria, lleva a muchos, nos lleva (el que esté libre de culpa) a lamentar la falta y absorber el castigo, así venga de un funcionario corrupto. Por el contrario, si se pone uno sus moños cívicos, después de un penoso trámite burocrático lastrado por una maraña de reglas incomprensibles y sujetos al estado de ánimo del empleado de las ventanillas correspondientes, se llega a un resultado económico similar. 

Ha llegado a tal grado la operación de este sistema diabólico, que todos pensamos que el corrupto es el policía, el inspector, que nos induce al acto irregular, sin meditar que también, por las razones que fueren, nos convertimos en cómplices de la exacción y por lo tanto también somos corruptos. 

La enorme extensión de estas prácticas, que inclusive alguna vez motivaron una cartelera en pleno periférico de la ciudad de México, justificando que la mordida alivianaba el mísero sueldo de funcionarios menores, no justifica, pero sí explica todo el panorama. 

¿Hasta cuándo podremos esperar que la limpieza de la escalera llegue a los escalones de abajo?

Cuidado: Hasta Kelsen, un campeón de la legalidad positiva, admitió que en ciertas ocasiones las leyes se convierten en ineficaces por reiterada y generalizada desobediencia; pierden fuerza, aunque conserven un tufillo de obligatoriedad. 

La corrupción se impone cuando se generaliza, efectivamente. Pero el otro elemento es la impunidad que cuando se extiende, se convierte en regla no escrita, en práctica sin sanción y entonces sobreviene la aceptación de una conducta irregular.

¿Qué autoridad moral podrá tener un funcionario para castigar si constantemente incurre en los mismos o peores actos de corrupción? ¿Cuál estatura cívica el que los tolera y acepta? De alguna manera, se establece una hermandad, una cadena, una red cómplice, entre transgresores, que propicia y fortalece la impunidad. Es la impunidad de rebaño.



NOTAS RELACIONADAS

Por: Juan Bautista Lizarraga / Julio 06, 2020
Por: Claudia LUNA PALENCIA / Julio 06, 2020
Por: Claudia LUNA PALENCIA / Julio 05, 2020