Hincar la rodilla

Michelle Bachellet, alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, pidió a los países del mundo que condenen el racismo y conminó a realizar más esfuerzos para ponerle fin.

“Todos tenemos una responsabilidad en la lucha contra el racismo. Con Covid-19 o no, hago un llamado a todos para que tomen una posición, hablen fuerte y claro y pongan fin al racismo donde sea que lo vean”, escribió Bachellet en su cuenta de Twitter.

Estados Unidos lleva más de diez días bajo la presión de las masas  que enardecen en la medida que el mandatario Trump endurece su discurso y amenaza con sacar al Ejército para contener a las turbas; el toque de queda decretado, en algunas ciudades como Washington, obligó al presidente norteamericano a resguardarse en el búnker, tras el asedio afuera de la Casa Blanca.

Desde Nueva York, en el corazón de la ONU, su titular António Guterres hizo un llamado para evitar la violencia y pidió defender la dignidad humana  que en tiempos de la pandemia no debe dejar atrás ni a los migrantes,  ni a ningún grupo humano.

La llamada población afroamericana en Estados Unidos es doblemente víctima de la discriminación y de la exclusión:  es la más afectada por el coronavirus en algunas ciudades como Chicago, el 72% de los decesos son de gente negra como reconoció Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas.

La explicación es que adicional a las causas de morbilidad previa, los grupos minoritarios en Estados Unidos son los más desprotegidos de los servicios de salud y sociales.

Así lo relató Steven Alvarado, de la Universidad de Cornell, quien dijo a la BBC que en su país “hay un historial de segregación y falta de inversión” en los afroamericanos y otras minorías que debería ser resarcido.

A ese  sentimiento de injusticia en el trato hacia las minorías raciales en Norteamérica, un artículo de David Leonhardt, para el New York Times, remarcó que cerca del 10% de los hombres negros, en promedio de treinta años de edad, se encuentran detrás de las rejas.

La política de encarcelamiento en hombres negros, escribió Leonhardt, duplica la de los hombres hispanos y es cinco veces mayor que los hombres blancos y 25 veces superior que las encarcelaciones de mujeres negras, hispanas o blancas.  La muerte de Floyd es tan solo la punta del iceberg, habrá que ver si Trump aprovecha el momento histórico para hacer cambios sociales y  de justicia favorables o se instala en permanente represor.

A COLACIÓN

La intolerancia es una lacra que debe extinguirse de todo el mundo, me dijo al  respecto, Valentín González, presidente de la Red Europea contra los Delitos del Odio.

“Los delitos de odio  son la consecuencia violenta y directa de la intolerancia, pero mientras permanezca en el cerebro de alguien y de allí no salga  ningún tipo de acción entraría hasta en la conciencia de la persona; en el momento en que alguien agrede a otra persona o la amenaza o quiebra su dignidad sucede una intolerancia”, afirmó.

            Para el experto en derechos humanos tampoco debe quedar desapercibido el actual lenguaje político en diversas campañas “ya sea con Trump en Estados Unidos” o bien en el caso del “Brexit en Reino Unido” lo que se busca es polarizar.

            “Hay campañas electorales basadas en criminalizar a otros seres humanos y hay evidencia científica de que allá donde prolifera el discurso de odio se quiebra la seguridad colectiva y la de los colectivos vulnerables”, indicó convencido.

La muerte de Floyd  no es más que la punta del iceberg de una sociedad que por mucho que presuma de moderna y digitalizada -a la vanguardia de la tecnología-, sigue viviendo en las cavernas de la desigualdad, de la inequidad, de la  exclusión; así como de  la intolerancia y de la xenofobia.

            La intolerancia es la madre de todos los venenos sociales y Trump los utiliza  para inyectar odio y miedo a sus conciudadanos y también a otros grupos humanos, en diversas partes del mundo, que empatizan con las bravuconadas del actual inquilino de la Casa Blanca; mientras tanto, otros líderes hincan la rodilla… y él sigue mirando por debajo de su hombro.



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