El sicariato

Sociedad y derecho

La noción de “sicariato” se emplea en varios países para aludir a la

labor delictiva que llevan a cabo los “sicarios”, es decir, los asesinos a

sueldo.

El término “sicariato” se utilizó por primera vez en el imperio

romano, tenía relación con la palabra en latín “sica”, la cual consistía en

una daga afilada, más pequeña que una espada, y que era utilizada para

matar o para pasar desapercibida en el interior de una manga o bolsa de

la ropa de quien debía dar muerte a una persona por encargo.

Esta daga dio por llamar “sicarius” al oficio y “sicarium” a la

persona encargada de ejecutar a un ciudadano romano por orden o

contrato.

El “sicarium” solía dirigir estos encargos en contra de los enemigos

políticos de su señor.

El término moderno de “sicario” fue acuñado en Italia en el siglo

XIV, mientras que el vocablo castellano fue incorporado en el habla

latinoamericana apenas en la segunda mitad del siglo XX.

La referencia de sicario tiene como finalidad el de separar al

asesino común y corriente; aquel que comete dicho ilícito por motivos

pasionales o patológicos, del homicida profesional, especializado en dar

muerte a sangre fría y sin remordimiento moral o sentimiento de

culpabilidad alguna, viéndolo como un negocio.

En el sicariato, además, se exhibe la perversión de un negocio que

comercializa con la murete de las personas, impactando en

consecuencia, severamente en la paz y orden social.

El fenómeno del sicariato en países de Latinoamérica ha tenido un

impacto a grandes escalas debido a su alarmante incremento, así como

los patrones de comportamiento de violencia que lo caracterizan.

Aún y cuando los asesinatos perpetrados por el sicariato son

hechos terriblemente ruines, quizá lo más grave del asunto sea que,

entre un sector alarmantemente grande de la población, se ha formado

toda una cultura, distorsionada de la realidad, alrededor de la figura del

sicario, en la que se le ve a este como a un héroe popular, valiente y

temerario, digno de imitar.

De ahí que sea indispensable y urgente la implementación de

programas y ejecución de proyectos tendientes a educar, principalmente

a la juventud, en los valores de honestidad, respeto por la ley, por la

vida, por el esfuerzo y el trabajo, como factores dignificantes del ser

humano.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas

letras hayan sido de su agrado y sobre todo de utilidad ¡Hasta la

próxima!



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