Demasiado Bueno

Sería en la Escuela Cuauhtémoc, en la Leona Vicario o en la Benito Juárez. Ya no sé; porque mi madre, Josefina Corella, fue maestra en todas ellas. 

En 1928, estando en un receso de clases, el director mandó llamar a todos los profesores de la escuela. Presentó a un individuo con aspecto muy respetable, que venía a hacer una propuesta. El señor venía a colocar acciones de la Compañía Petrolera William Nienau, S.A. y las mercadeaba como un magnífico negocio y plan de previsión para el retiro, inversión segura y todas esas cosas que deslumbran a aquellos que viven de un salario modesto.

Ella recordaba que hubo cierta presión del director para adquirir esos títulos y a querer y no, más por compromiso que por ingenuidad, al igual que sus compañeros, suscribió 100 acciones con valor de un peso oro nacional cada una. A cambio recibió un hermoso certificado que ampara esas acciones en donde se informa que la Compañía Petrolera William Nienau, S.A. fue constituida en 1927 ante el Notario Público número 25 del Puerto de Tampico, Tamaulipas, con un capital social de dos millones de pesos oro nacional.

Hurgando entre cosas viejas, me encontré el certificado y lo mandé enmarcar para adorno de mi oficina. Pero en el marasmo de la pandemia se me ocurrió “googlear” a la sociedad emisora del título. 

En el Diario Oficial de la Federación del 5 de abril de 1929 aparece un título de concesión número 755 a favor de Compañía Petrolera William Nienau, S.A., para exploración y explotación petroleras en un terreno ubicado en San Luis Potosí expedido el 3 de diciembre de 1928 y firmado por el Secretario de Industria Comercio y Trabajo Dr. J.R. Puig Casauranc. Pero luego, el 1 de julio de 1937 se publica un aviso en el que se declara que la concesión otorgada en favor de Compañía Petrolera William Nienau, S.A., ha caducado por no haber cumplido con las operaciones petroleras a que se había obligado, no haber pagado el impuesto sobre fundos petroleros ni la cuota de inspección prescrita.

Debo suponer entonces que la inversión que de mala gana hiciera mi señora madre y algunos otros maestros de la época, fue desafortunada, ya que no aparece que la referida petrolera hubiera realizado actividad alguna y solamente se dedicó a vender títulos de acciones (muy bonitos, por cierto), pero que no tienen ningún valor, al estilo de las “factureras” que ahora están de moda.

Los incautos que entonces voluntariamente o mediante coerción compraron una ilusión, no hicieron más daño que a ellos mismos, a diferencia de quienes ahora utilizaron facturas falsas para simular gastos y por ende reducir impuestos a cargo.

Ignoro si la nacionalización del petróleo que hiciera el General Cárdenas, de toda mi admiración, incluiría una indemnización a la William Nienau, que pudiera salpicar a los herederos de mi señora madre, que como accionista conservó cuidadosamente el título de marras.

Ahora, además de ser un adorno para mi oficina, el título también podría ser negociado como documento para coleccionistas, pues según veo, algunas subastadoras ofrecen títulos similares, tanto de la William Nienau, como de otras petroleras de aquel tiempo, como curiosidades, a precios que oscilan entre los dos y tres mil pesos. 

Comprar ilusiones, curas milagrosas, caer en esquemas fantásticos, pirámides “Ponsi”, inversiones que ofrecen rendimientos fuera de la realidad del mercado y otras patrañas, han sido y siguen siendo un padecimiento que se agudiza en épocas de crisis.  Las salidas fáciles jamás han sido productivas. 

En el Journal of International Financial Markets Institutions and Money de julio de 2011, poco después de la crisis global financiera, se publicó un artículo cuya traducción libre es: ¿Por qué la gente arriesga exponerse a sistemas Ponsi? Analiza con gran detalle los múltiples factores que, en la penuria, orillan a personas a acogerse a esquemas “to good to be true”, y hasta propone un modelo económico para sopesar la importancia de cada factor.

La situación actual de la pandemia es similar o peor que aquella crisis financiera. Que no nos sorprendan. Hay que estar alertas.



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