De tos aguda

NORMA BUSTAMANTE

Pues se murió la tía Chuchis. Vivía en una casa a la qué íbamos de vez en

cuando, llena de cuadros y fotografías. Decían que ella era la que llevaba el

árbol genealógico de la familia, todo guardaba. Si alguien necesitaba alguna

información iba con la tía Chuchis que se sabía de memoria la historia de toda

la estirpe desde varias generaciones atrás. Tenía casi noventa años, soltera, y

aunque era ya una edad muy avanzada su muerte causò profunda sorpresa a

los parientes. Por cierto, nunca supimos donde quedó todo el acervo que

guardaba la tía Chuchis. Desapareció, yo creo que lo tiraron.

La velaron en su propia casa, en medio de la sala, un poco por razones

económicas y otro poco porque últimamente las funerarias están saturadas y

hay que sacar turno para el servicio, además hay tanto miedo que la gente

luego ni va y el riesgo es que los muertos estèn allì solitos.

Organizaron todo muy bien en la casa, previamente hicieron a un lado los

sillones, las mesitas y los aparadores llenos de trebejos que la tía había ido

acumulando durante su larga vida y allí, en medio de la pieza, colocaron el

ataúd abierto con sus cuatro velas correspondientes y una corona de flores de

regular tamaño. Todos los miembros de la familia atravesaban por algunos

altibajos económicos y no fueron muy dispendiosos en los arreglos incluso

para la corona anduvieron haciendo una colecta y creo que fue todo, no hubo

más flores. Aun así, se trató de darle dignidad al evento y limpiaron todo lo

que se podía para el mayor lucimiento y gala. Pegadas a las paredes

acomodaron las sillas para los deudos que se iban acomodando en el orden

que llegaban, aunque respetando una instintiva jerarquía. Los parientes pobres

procuraban acomodarse al fondo y cerca del ataúd los de mayor alcurnia.

Utilizaron las sillas del mismo comedor de la tía Chuchis que no fueron

suficientes y tuvieron que traerse las sillas del patio, dos de la cocina medio

despostilladas y completaron con otras que fueron prestadas por los vecinos,

de eso me enteré por mi prima que fue la encargada de los avituallamientos y

el mobiliario. En la cocina había café y tazas de diferentes tamaños, incluso

algunos vasos de cristal grueso. Allí se descuidaron un poco porque el servicio

se veía medio deteriorado, no había dos tazas iguales. El café lo había traído

otra prima de Veracruz. .Durante el velorio la gente permanecía sentada sin

hacer muchos movimientos y hablaban muy despacito, casi cuchicheando, si

alguien elevaba el volumen de la voz más de lo permitido todos volteaban y

miraban al transgresor de tan mala manera que éste inmediatamente

enmudecía. No recuerdo que nadie se estuviera riendo, aunque era difícil

saberlo porque los cubrebocas no permitìan captar bien los gestos de las

personas.

La tía en vida, era una mujer a la que la naturaleza le había escatimado la

belleza, dicho de otro modo era fea, pero ya muerta, exhibía una ligera

sonrisa que dulcificaba su rostro. Todos comentaban en el funeral que la tía

Chuchis había sido una mujer muy buena, los halagos subieron de nivel y a las

pocas horas se exaltaron tanto sus cualidades que en el imaginario colectivo ya

la tía Chuchis era casi una santa. Nadie osaba hablar de sus defectos y

pecados que a decir de la gente eran muchos. Lo más sorprendente era que la

tía Chuchis era muy servicial pero aun así no muy querida, y ahora muerta

todos parecían muy conmovidos. Luego lloraron un poco, no de manera

escandalosa, pero sí lo suficientemente evidente para que el velorio tuviera la

dignidad requerida. Yo preguntè sobre las causas de su muerte y después de

un embarazoso silencio, alguien dijo por allì que de tos aguda. Creo que mi

pregunta fue imprudente porque después de ella, discretamente y sin

despedirse se fueron retirando los presentes. Pobrecita de mi tìa Chuchis, tan

buena que era.

viveleyendo.normabustamante@gmail.com



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