Cascada de vacunas

Tras el anuncio del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford de su vacuna contra el coronavirus probada en  voluntarios de Estados Unidos y Brasil, una iniciativa entre Italia, Francia, Alemania y Países Bajos pidió a Oxford un “apartado” de 400 millones de dosis; también la Unión Americana ha hecho lo propio solicitando 300 millones de vacunas.

            Lo relevante es que, en los últimos días, la presión ejercida por Oxford en su alianza con la farmacéutica AstraZeneca para producir el potencial suero de inmunidad ha provocado la reacción en cadena de diversos laboratorios con  acelerados ensayos clínicos en seres humanos.

Y Rusia no va a quedarse atrás: si bien no aparece en la lista de los  proyectos más aventajados reportados por la Organización  Mundial de la Salud (OMS)  en los que figuran Reino Unido, China, Estados Unidos y Alemania; de repente, sin más dilación, dio a conocer que diez centros científicos están trabajando en la vacuna contra el coronavirus y que, entre julio y agosto, terminarán las pruebas clínicas que han comenzado con  voluntarios del propio ejército ruso.

La intención del presidente Vladimir Putin es iniciar la fabricación de la vacuna a partir de septiembre, en el proyecto están involucrados desde inteligencia militar hasta la Universidad Estatal de Moscú.

A su vez, desde Israel, el primer ministro Benjamín Netanyahu, confirmó un acuerdo con la biotecnológica estadounidense Moderna para comprarles la vacuna “si ésta es la efectiva” contra el Covid-19.

Alemania que inicialmente comenzó la carrera por la vacuna como favorita para obtenerla, el pasado miércoles 17 de junio reveló que la biofarmacéutica CureVac recibió una autorización del Instituto Paul Ehrlich para la fase clínica en  personas.

La canciller germana, Angela Merkel, lleva tiempo previendo lo qué pasará con las  farmacéuticas y los laboratorios  porque la lucha titánica contra el virus SARS-CoV-2 es una mina de oro que provocará un reacomodo entre las multinacionales que controlan medicamentos y vacunas; e implica una elevada prueba de estrés para las naciones en su lucha contra este patógeno porque todos las naciones, desde luego, querrán ser las primeras en vacunar a su población.

Pero Merkel, le ha visto tres pies al gato (sobre todo un copete pelirrubio) porque su homólogo norteamericano, Donald Trump, provocó un desaguisado en marzo pasado cuando pretendió “pujar” por inyectarle dinero a CureVac pensando, desde luego, en el privilegio de la potencial vacuna.

En consecuencia, el gobierno alemán blindará  el laboratorio de biotecnología adquiriendo un 23% de sus acciones a  través  del Banco de Crédito para la Reconstrucción y el Desarrollo por una operación valorada en 330 millones de dólares  bajo el argumento de “potenciar la investigación”.

A su vez, en su conjunto, la Unión Europea (UE) está temiendo que con Reino Unido fuera de sus filas debido al Brexit y con la Universidad de Oxford y AstraZeneca con la vacuna en sus  manos, pueda entonces utilizarse como un  “instrumento” de negociación o al menos de “presión” en el inminente acuerdo bilateral de Reino Unido con la UE que redefinirá su nueva red de relaciones comerciales, económicas, financieras, de inversiones, fiscales, de turismo y permisos de residencia así como de estudios.

Previendo el escenario, la Comisión Europea ha decidido como iniciativa de su presidenta, Ursula von der Leyen, un plan para financiar en parte proyectos europeos para que prospere una vacuna bajo la condición de que los países de la UE sean los primeros en recibirla.

Para lograr este acceso “preferencial” se ha puesto en la mesa el Instrumento de Apoyo de Emergencia dotado con casi 3 mil millones de dólares y se abre también la posibilidad del crédito del Banco Europeo de Inversiones.

"La Unión Europea hará todo lo que esté en sus manos para garantizar que todos los pueblos del mundo tengan acceso a una vacuna, independientemente del lugar donde vivan”, a juicio de von der Leyen.

A COLACIÓN

Y es que, si llegase a prosperar un acuerdo de sinergia entre la farmacéutica británica, AstraZeneca y la biotecnológica estadounidense, Gilead Sciences,  surgiría un gran grupo farmacéutico por un valor de mercado superior a los  200 mil millones de dólares,  solo quedaría por debajo de la número uno que es la suiza Roche.

¿Qué tendrían en sus manos? El control de la vacuna del coronavirus manufacturada en Reino Unido y el medicamento remdesivir destinado al ébola pero que ha demostrado eficacia como antiviral contra el coronavirus y que la Federal and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos dio el visto bueno para utilizarse en su red sanitaria.



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