Cambio climático total

POR LA ESPIRAL
Cambio climático total
Hace unos días atrás un informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) puso el dedo en la llaga alertando de una posible nueva extinción de especies.

Se han concatenado una serie de eventos negativos que se alzan como nubes negras sobre del devenir de los seres vivos que conforman parte de una cadena perfecta como lo son los ecosistemas en los que, el ser humano, participa muchas veces en la punta de la pirámide.

No es únicamente la problemática por la contaminación del aire, la combinación y la acumulación de partículas nocivas que lo hacen irrespirable y que llevan a los respectivos gobiernos locales a declarar urgencias ambientales y limitar la circulación de automóviles así como la emisión de gases contaminantes por parte de la industria.

En China, cada año, cincuenta ciudades enfrentan diversas alarmas por contingencia ambiental en la nación más poblada del planeta y que es la principal demandante y consumidora de carbón junto con India.

Las partículas más nocivas en Beijing, en los picos de contaminación, llegan a superar las 600 micras de partículas pm 2.5 por metro cúbico son las más “dañinas” que llegan a penetrar “los pulmones de quien las respira”.

A 9 mil 217 kilómetros de distancia, aquí en Madrid, la polución del aire es un quebradero de cabeza para la alcaldesa Manuela Carmena, esa carraspera en la garganta y la boina gris del cielo madrileño empiezan a ser una constante entre los habitantes de la capital.

El Ayuntamiento ha echado mano de la experiencia en otros países limitando la circulación, reduciendo la velocidad de los automóviles y hace unos meses con Madrid Central cerró un amplio perímetro del centro limitado a ciertos vehículos para su circulación.

Empero, la contaminación no amaina: la propia Unión Europea (UE) advierte del riesgo en España de sostener dichos niveles en el país ibérico aquejado sobre todo por la mezcla de tres contaminantes: “El dióxido de nitrógeno (NO2), generado por los vehículos y que afecta a grandes núcleos urbanos; las partículas (PM10), compuestas de polvo, ceniza, hollín y sustancias similares, producidas también por el tráfico además de por las calefacciones, la industria y la construcción, y el ozono (O3)”.

En dióxido de nitrógeno (NO2), la UE delimita que no se supere “los 40 microgramos por metro cúbico de media anual”, no obstante, en Madrid se registraron 62 y en Barcelona 59.

Y del otro lado del Atlántico hace algunos días en la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno, declaró una emergencia “extraordinaria” entre incendios con la consecuente presión en los niveles de partículas contaminantes.

Pero además de dicha emergencia ambiental también el cambio climático presiona en la biodiversidad, los ecosistemas y en la existencia de muchísimas especies.

La lucha no solo está en el aire contaminado que se respira lo es igualmente en la presión sobre de las especies y allí la lucha por la supervivencia es intestina porque los agentes agresores son variopintos: incrementa la temperatura ambiental, la acumulación de plástico en los lagos, ríos, mares, océanos y mantos acuíferos; hay una enorme acumulación de basura formando verdaderas islas flotantes; el desgaste en las tierras de cultivos; está la creciente desertificación y muchos daños colaterales derivados de la explosión demográfica y la forma de producción del actual sistema.

A COLACIÓN

El lunes hablé con Unai Pascual, del Basque Centre for Climate Change (BC3), acerca de este estudio presentado por la IPBES en París y que él llevó a cabo como cabeza de equipo.

Le pregunté al investigador cómo es que existen todavía posturas como la de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, que se ríen del cambio climático “un invento chino” cuando la realidad nos desdibuja un panorama totalmente riesgoso y crudo.

En la opinión de Pascual, lo que hay en personajes como Trump y otros como él, es un interés económico que defienden a toda costa y por ende, “prefieren taparse los ojos para que las cosas no cambien” y es que, saben que será necesaria una transformación socioeconómica del modelo económico imperante.

Unai dirige a un grupo de 150 expertos internacionales y cree que tarde o temprano este “negacionismo” terminará derrotado por redes ciudadanas globales cada vez más conscientes de que el poder de salvar al planeta está en sus propias manos.


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