Cambiar o conservar, esa es la cuestión

Cambiar o conservar, esa es la cuestión

 

Plaza Cívica

Existen dos palabras que en gran medida resumen las ideologías de derecha e izquierda, dos palabras que se encuentran en el fondo de muchos de los debates políticos: conservación y cambio. Parafraseando al más grande escritor de la lengua inglesa: cambiar o conservar, esa es la cuestión. Y en este sentido, vale analizar una de las raíces de este debate, las diversas maneras de ver ambas ideas y la situación mexicana actual a la luz de ambos conceptos.

Las ideologías de derecha e izquierda tienen su origen en la Ilustración y su debate más intenso tuvo lugar en el acontecimiento más trascendental de este periodo: la Revolución Francesa. La magnitud del movimiento tuvo como consecuencia el ascenso del extremismo ideológico: mientras que los revolucionarios/radicales abogaban por la destrucción total del Ancien régime y la construcción de un nuevo régimen político desde cero, los conservadores/retrógradas pugnaban por la permanencia intacta de ese mismo régimen heredado de la Edad Media. Para los primeros, el cambio no bastaba. Para los segundos, el cambio era impensable. Y de ahí surgieron una variedad de matices ideológicos.

Entre estos extremos se encuentra el pensamiento del gran parlamentario británico Edmund Burke, quien ante los acontecimientos en Francia se vio obligado a escribir la crítica más sobresaliente en una obra titulada “Reflexiones sobre la Revolución francesa”. Aunque son muchos los temas que trata, uno de ellos es precisamente la cuestión de conservación y cambio, y un punto medular en este sentido es el Estado, su Constitución y su régimen político: “Un Estado sin los medios de algún cambio está sin los medios de su conservación. Sin tales medios, incluso podría correr el riesgo de perder la parte de la Constitución que deseaba preservar más religiosamente.” El mejor ejemplo para Burke del equilibrio entre conservar y cambiar es precisamente la Constitución inglesa: un documento construido a lo largo de siglos, al cual resulta esencial modificar conforme cambia la sociedad con el fin de conservarlo. Y no estamos hablando de cambiar para no cambiar, sino de cambiar para conservar.

¿No sería esta fórmula de cambiar para conservar una directriz para el México de hoy? Porque cambios urgen en un sinfín de temas: desde profesionalización policial hasta transparencia en programas sociales pasando por la modificación del pacto fiscal y la relación gobierno - medios de comunicación. Pero lo que se desea conservar en medio de todas estas imprescindibles alteraciones es nuestro régimen político, es decir, nuestra democracia-liberal. Y sin embargo, mucho parece indicar que esta idea no tiene eco en el actual jefe de Estado mexicano: la palabra “conservar” le es desagradable, su gobierno propone un “cambio de régimen”, encabeza una llamada ”Cuarta Transformación”, y por si fuera poco, ha resultado sumamente incompetente cuando de políticas públicas se trata. No parece que habrá ni cambios fundamentales en las políticas públicas, ni conservación de nuestro régimen político, sino al revés: conservación en muchas políticas públicas dañinas, y un importante debilitamiento de nuestra democracia-liberal.

 “Una disposición para preservar, y una habilidad para mejorar, en conjunto, sería mi estándar de estadista” decía Edmund Burke. Y eso no lo tendremos en el actual presidente de la República, sino todo lo contrario.



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