Ayotzinapa y policías, para documentar el pesimismo

Razones

Hay cosas que son difíciles de explicar. El presidente López Obrador ha hablado hasta el

cansancio de su compromiso de resolver el caso Ayotzinapa, pero las autoridades y los

jueces parecen empeñados en seguir una ruta que lo único que logrará será no resolverlo

nunca, dejarlo en la memoria colectiva, pero enterrarlo política y judicialmente, algo así

como lo sucedido el 2 de octubre del 68.

La liberación de Gildardo López Astudillo, alias El Gil, jefe de sicarios del cártel de

Guerreros Unidos, es incomprensible. Se trata de un personaje que estuvo confeso del

propio crimen, del que existen grabaciones telefónicas que lo involucran (enviadas incluso

por la DEA a las autoridades mexicanas), que fue acusado también por el resto de los

sicarios detenidos, los mismos que también han sido liberados. Un juez ha desestimado 81

de las pruebas que presentó la entonces PGR por considerar que se recabaron de forma

ilegal, incluyendo los testimonios de los otros sicarios, argumentando habrían sido

obtenidas mediante tortura, o a través de detenciones arbitrarias.

No hay forma de comprobar esa tortura, ninguna de las pruebas realizadas

oportunamente lo demostraron; la propia denuncia de tortura la hicieron sus abogados

mucho tiempo después de su detención. Tenemos y hemos exhibido videos de sus

declaraciones originales y todos hablan con soltura y sin presiones. Esos son los sicarios a

los que la policía municipal les entregó a los jóvenes, a los que los mataron e incineraron en

Cocula, a por lo menos 19 de ellos. Todos, además, son sicarios de un grupo criminal, los

Guerreros Unidos y así lo reconocen.

¿Qué más es necesario para mantener al autor de 43 asesinatos en la cárcel en

nuestro país?. De los más de cien detenidos originales ya 44 han quedado en libertad,

incluyendo a la mayoría de los autores materiales. ¿Quién puede decir entonces que se

busca justicia en el caso Ayotzinapa?. Los jóvenes con estas decisiones están condenados a

no tener nunca justicia y a que su muerte quede impune. Por lo pronto, otro peligroso

sicario está en la calle. Se debe estar carcajeando de la justicia.

Policías

Si hay algo que demuestra el secuestro de los jóvenes de Ayotzinapa es que las policías

estatales, y sobre todo municipales, suelen ser parte, están cooptadas por el crimen

organizado. Ayer el secretario de seguridad, Alfonso Durazo anunció que serán pasadas por

polígrafo todas las policías locales para depurarlas. Esta bien, pero dista mucho de ser

suficiente.

Primero, porque la enorme mayoría de los policías locales no van a pasar el

polígrafo. Segundo porque el verdadero control de confianza debe pasar por la distancia

entre sus ingresos y su modo de vida. Lo del polígrado ya se ha hecho desde el gobierno de

Felipe Calderón, por lo menos conn los policías federales, y ayuda pero no alcanza: ¿cuánto

gana un policía, cuánto tiempo lleva en el cargo y dónde y cómo vive?. Esa es la verdadera

prueba de fuego.

Pero, además, porque será algo que los estados realizarán voluntariamente, y

sabemos que en la mayoría de los casos no se aplicará, o se lo hará, como ahora,

selectivamente. En la mayoría de los estados los altos funcionarios de seguridad no pasan

un control de confianza para asumir los cargos y por eso nos hemos encontrado con casos

como los de Edgar Veytia, detenido en Estados Unidos, pero también con varios otros que

están, hoy, en actividad.

Se dice que los elementos que den positivo en el polígrafo serán reemplazados por

elementos de la Marina. Vamos a los números: hay unos 320 mil policías estatales y

municipales en el país. Si el 10 por ciento no pasaran esa prueba tendrían que ser

reemplazados: estamos hablando de 32 mil elementos. Son más que todos los que podría

tener disponibles para esa función la SEMAR.

La solución no es esa. La solució estaba en la ley de seguridad interior aprobada el

sexenio pasado y ahora abandonada. Hay que establecer un compromiso legal de estados y

municipios con la federación para estructurar un modelo policial homologado en todo el

país, con mandos sino únicos por lo menos concentrados, con manuales de operación,

equipo, adiestramiento homologado, se debe crear un instituto policial (tipo Colegio

Militar) que implemente una carrera policial (eso se puede hacer a partir de la misma

Guardia Nacional) y todos mandos policiales del país, comenzando por los secretarios de

seguridad pública estatales, deben estar certificados por ese instituto.

Sin eso no se solucionará la crisis de seguridad, no se pacificará al país. Pedir que se

depuren en forma voluntria las policías que no se han depurado en todos estos años es lo

mismo que hacer un llamado a misa. La otra opción es Michoacán y sus autodefensas

ligadas al narco.



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