Por Redacción | martes, 15 de junio de 2021

De acuerdo a informe, en nuestro país hay cerca de 42 millones de adultos entre 26 y 65 años que no tienen algún interés en continuar o tener actividades de aprendizaje.


La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indicó que de los países que la conforman hay un desinterés por el aprendizaje entre los adultos, de los cuales, Turquía, Italia y México lideran esa lista.

Según el informe, alrededor del 77% de los mexicanos, en edad de 26 a 65 años, no le interesa hacer actividades de aprendizaje, superior a la media de la OCDE que la estima en 60%.

¿Cuántos son?

De acuerdo con los datos del último censo 2020 en México, el número de los ciudadanos entre 27 y 60 años ascendía a 53 millones 788 mil, y de 61 años en adelante se contaban 13 millones 806 mil, por lo que podemos decir que en el rango que establece la OCDE (entre 26 a 65 años) hay poco más de 54 millones de mexicanos.

Por lo anterior, podemos indicar que en nuestro país hay cerca de 42 millones de adultos entre 26 y 65 años que no tienen algún interés en continuar o tener actividades de aprendizaje.

“El aprendizaje permanente es clave para que las personas tengan éxito en los mercados laborales y las sociedades moldeadas por megatendencias, cambios tecnológicos (…), así como las crisis repentinas como la pandemia de COVID-19”, señala en su informe la OCDE.

Aunque México es el tercer lugar en este estudio, los países que integran la lista se puede observar que es un fenómeno que tiene altas tasas. La nación que menos adultos se resisten al aprendizaje es Nueva Zelanda y tiene cerca del 42%, aunque es alta como se señala, sí es inferior en casi 20 puntos respecto a la media de la OCDE.

Le siguen en orden descendente, Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia, con 43, 44, 45 y 46%, respectivamente.

La OCDE señala que las políticas, en particular aquellas que gobiernan el desarrollo y uso de habilidades, pueden promover mejor el aprendizaje permanente para todos.

Además, el organismo revela que la pandemia ha aumentado la relevancia de factores socioemocionales y motivacionales para mantener un aprendizaje permanente.

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