El silencio no es forma de vivir
Hola estimados lectores, les saludo desde la oficina de tanatología de la clínica 20 del IMSS, desde donde se inició este rincón tanatológico, por ello me siento a mis “anchas”, pues aquí las ideas fluyen de manera espontánea.
Fíjense que por otra parte me doy cuenta que entre estas cuatro paredes se han vertido las “sin fin” tragedias a las que son sometidos los pacientes que entran en una crisis, tanto como sus familiares que tienen que dar soporte a su familiar, por tanto se entra en una dinámica impredecible y sólo con la experiencia previa y los cánones que dictan los expertos, podemos dar certeza a las emociones de los que vienen a solicitar ayuda.
Créanme que en ocasiones se siente una atmósfera densa que pareciera que es difícil de respirar, pero sucede un fenómeno que es curioso y digno de estudiarse, ya que a la vez es como si se tonificaran todas las dimensiones, entrando en una armonía difícil de lograr en ningún otro lugar, ya que de manera muy “fácil” las personas comienzan a exponer sus problemas, sintiéndose con muchísima confianza, sintiéndose apoyados, comprendidos, como sintiendo que no hay un mejor lugar para que esto suceda. Se me figura como cuando uno llega a una catedral a confesar sus pecados y entre el olor de mil ceras y todas las imágenes que ahí viven, como que es más fácil encontrarse consigo mismo y la confesión se da por añadidura.
Hoy narraremos el caso de Sofía, una mujer de clase humilde que llegó a esta frontera a los diez y nueve años de edad, venía buscando una oportunidad de trabajo, ya que en su pueblo era muy difícil encontrar alguna oportunidad, además ella tenía un defecto físico visible, es decir había sufrido un accidente de pequeña lo que había hecho que su hombro izquierdo sobresaliera de su cuerpo además de que había un poco de limitación de sus movimientos. Comenzó a trabajar en una maquiladora y logró rentar un departamento con unas compañeras. Bueno eso de departamento es un decir, realmente era un cuarto que compartían cuatro chicas en igualdad de circunstancias, estaba tan pequeño que no había un baño dentro del cuarto, el cual se ubicaba al final de un pasillo y era compartido por otros cuartos.
De todas formas eso era mejor que lo que venía haciendo en su pueblo, incluso podía mandar un poquito de dinero para que se ayudaran sus familiares. Era tan poco agraciada que cuando un compañero de trabajo la invitó a salir se sorprendió, de tal forma que no atinó a decir sí o no, pero al poco tiempo salía de vez en vez con él. Este chico, se encontraba en soledad, y aunque tenía un mejor sueldo que ella, el solo no podía hacer frente a sus gastos y a sus cosas, por la que la invitó a compartir soledad y sin compromiso alguno, unos meses después estaban viviendo juntos, ésta vez sí rentaron un departamentito y haciendo un esfuerzo al tiempo habían comprado muebles de segunda para hacer de aquel agreste lugar, algo que emulara un hogar. Pasaban buen tiempo juntos y al final de la semana hasta se atrevían a ir al cine, o tal vez a hacer una comida al aire libre en un parque o en la playa, teniendo de testigo al mar.
Todo parecía caminar bien, pero un buen día le hablaron a su pareja del centro de la república, por lo cual se tenía que regresar y lo peor era que no sabía si podría regresar, por lo que Sofía se vio de pronto al frente de todos los gastos y aunque su pareja le regaló todo y le dejó algo de dinero para hacerle frente a un par de meses con eso de la renta, ella tuvo que compartir el departamento con una amiga del trabajo. Sofía se sentía muy angustiada, pues le había guardado mucho cariño a su pareja, le había sido fiel, en realidad se había comportado como su esposo, le dijo que lo esperaría, pero al paso de los meses, la comunicación se fue perdiendo, entonces se dio cuenta de lo poco que lo conocía.
Sofía trabajaba como un bruto, metía horas extras a más no poder, ayudaba mucho que no tenía ningún compromiso, por ello la nombraron supervisora de su área. El ingreso se hizo un poco más fuerte y con lo que había cotizado en el trabajo, pudo sacar una casita de interés social, y aunque le quedaba un poco lejos, estar pagando su casita le daba mucho aliento. En el vecindario conoció a un jardinero que vivía cerca, muchacho muy luchón, cargaba en su camioneta, que además era su único patrimonio, herramienta, plantas, escaleras y cuanta cosa.
Salía muy temprano a sus ocupaciones y regresaba casi a las siete, por lo que coincidían. Poco a poco se hicieron amigos y unos cuantos meses después el jardinero se sinceró con Sofía, le dijo que pagaba renta y le era muy difícil administrar, pues así como ganaba dinero, así lo gastaba, ya que no podía cocinar, lo que conllevaba a comer donde se podía, haciendo que lo poco que ganaba se le iba en ello y en la renta, por lo que Sofía lo invitó a compartir gastos, ella cocinaría y él le daría mantenimiento a la casa y de esta forma se inició una relación de pareja que se compenetraba muy bien, por las tardes después de las siete, estaban muy contentos platicando de lo que habían hecho durante su día, compartiendo la cobija y la sal, lo que les ayudaba para mandar unos cuantos pesos a sus respectivas familias. Un par de años después, se dio cuenta que aunque no estaba casado, el jardinero tenía familia propia en el sur y una hija. Precisamente por ello, un buen día se tuvo que regresar ya que su hija enfermó y tuvo que hacer frente a sus obligaciones y tampoco nunca regresó.
Sofía prometió no volver a ser el paño de lágrimas de nadie y darse a respetar, por esto decidió no iniciar una relación más dedicándose puramente a su trabajo. Cuando estaba a punto de cumplir los treinta años, conoció a un chofer de la empresa, bien parecido, más o menos de su clase y por más que no se quería encontrar con él, de alguna forma éste se hacía presente. Se llamaba Pedro, una amiga le contó que era casado pero que andaba en trámites de divorcio pues como casi no estaba en casa, su esposa decidió regresarse a México con sus papás y convinieron que ella se quedaría con sus hijos. Pedro, pues, dormía por aquí y por allá, eso si nunca faltaba a su trabajo. Sofía cuando lo veía por ahí le invitaba a compartir de su “lonche”, a lo que el accedía gustoso, pues le hacía falta quién lo atendiera.
Seis meses después convinieron en vivir juntos, los dos se sinceraron, Sofía le dijo que antes que él había tenido dos parejas pero que no había tenido hijos no se había casado y él le comento que se había divorciado de su mujer y que habían procreado dos hijos, por lo cual el tenía que mandar mensualmente una cantidad convenida de antemano, pero como era muy movido, tenía ingresos suficientes. Todo parecía ir bien, solo que Pedro le dijo que el sábado no contara con él ya que ese día se lo dedicaría a sus amistades, que ese sería su tiempo. Sofía no miró ningún inconveniente, puesto que en la casita no faltaba nada, con el ingreso de los dos había suficiente para arreglárselas con cierta holgura. Sofía aprovechaba el sábado para hacer los deberes de la casa, como supervisora ya podía disponer de dos días de descanso. Pero bueno, los domingos Pedro parecía estar cansado y muchas veces, se presentó hasta ese día, aún crudo, por lo que el resto del domingo tenía que convalecer su supremacía de macho.
De alguna forma compartieron sus necesidades con el fino propósito de vencer su soledad y de pronto Sofía debuta con un embarazo, esto les dio mucho gusto, comenzaron a preparar la llegada de su hijo, fueron al hospital general para manejar su embarazo, sin embargo Pedro le invitó que mejor todo lo hicieran por medio del IMSS, ya que como chofer él y trabajadora ella, tenían esta prestación. Todo caminó para bien, todo se desarrollaba dentro de parámetros normales. En el último trimestre del embarazo se les sugirió que evitaran las relaciones sexuales, ya que el abdomen de Sofía era muy prominente y ella muy delgada, por tanto el Ginecólogo quería evitar que se presentara un parto prematuro. Un Domingo después de que su esposo pasó un Sábado de farra, llegó muy tarde y todavía muy alcoholizado, algo que era raro en él, puesto que llegaba amanecido pero ya venía con resaca y solo se echaba a dormir para recuperarse y no era todas las semanas. Pero este día en especial, algo malo pasaba, entonces Sofía le invitó a que se sincerara con ella, que habían soportado cosas difíciles, que más daba enfrentarse a lo que fuera. Entonces Pedro le dijo a Sofía que la razón por la que había perdido su matrimonio era porque su esposa sospechaba que él tenía relaciones esporádicas con otros hombres y que aunque no se lo habían podido comprobar, él en sus borracheras de vez en cuando le gustaba bailar con homosexuales y una que otra vez había tenido relaciones.
Esta confesión dejo a Sofía de una sola pieza, pero como en los exámenes que les habían hecho hasta ese momento no habían salido con ningún problema, le hizo prometer a Pedro que dejara esa práctica sexual, que no la necesitaba y menos teniendo casa y ahora una hija en camino, Pedro prometió que ya no saldría los sábados y mucho menos cometería la canallada de fallar otra vez. En base a esa promesa, todo se reinició de forma adecuada, Pedro parecía más atento y mientras estaba incapacitada para tener a su hija y después de que nació, siempre estuvo al pendiente de su mujer y ahora de su hija que nació muy parecida a él. La vida se retomó de buena manera, consiguieron quien ayudara en casa y les cuidara la niña y ellos se dedicaron a trabajar, los sábados ahora salían a pasear con su hija y los domingos descansaban para su trabajo. Los meses fueron pasando y cuando la niña estaba por cumplir un año comenzó a sentirse mal, con tos muy rebelde, la llevaron al pediatra el cual al dar dos tratamientos consecutivos y ver que la niña no mejoraba, mandó hacer una serie de exámenes que le revelaran porque esa infección pulmonar era tan rebelde, dando como resultado que la niña era HIV positiva, entonces internaron a la niña y antes de comunicarle nada a los padres se mandó realizar una prueba confirmatoria, la que dio como resultado la confirmación de la enfermedad, para ese entonces se había agravado de tal forma la niña que fe necesario pasarla a terapia intensiva.
Fue necesario hacer un examen a los padres para establecer estrategias de tratamiento así como normar una conducta infectológica, el resultado transitorio y el confirmatorio dieron como resultado que ambos padres eran cero positivos. En el momento de dar el resultado a los padres, pareció que una bomba había explotado dejando un silencio difícil de cargar. Sofía y Pedro se veían con resentimiento, estaban ante una realidad desalentadora, tenían un diagnóstico que pondría en peligro, tarde o temprano, sus vidas, estaba en riesgo su unión además que su hija estaba muy grave en la unidad de cuidados intensivos. Comenzaron a actuar como autómatas, no se decían nada, solo se distribuyeron las guardias y uno asistía a unas y el otro a las restantes, casi no se veían en casa, tratando de mantener sus trabajos lo más que podían.
El responsable de la terapia al detectar la problemática los invitó para que asistieran a la oficina de tanatología, a lo que accedieron de forma automática, pues a ciencia cierta no sabían de qué se trataba. Me encontré con dos personas cerradas, las cuales se sentaron en lugares distantes, no se atrevían a verse, con la mirada fija al suelo, y se sentía que estaban viviendo una angustia que les golpeaba el pecho.
Comencé el interrogatorio con una pregunta muy simple; “entienden el diagnóstico de su hija” pregunta que fue suficiente para que la madre me contara todos los antecedentes, solo de vez en cuando el padre hacia alguna aclaración muy corta, sin embargo al preguntar si sabían de dónde venía el contagio, dijeron desconocerlo, pero se vio que ambos se culpaban, Pedro acusaba a su esposa por los “múltiples” contactos sexuales, y ella decía que el contacto era cuando su esposo tomaba y no sabía ¿a dónde y con quién se metía?.
En este punto les reconvine que no era el momento de buscar culpables, lo cierto es que estaban ante una crisis de proporciones monumentales, que resultaba ocioso recorrer el camino de la culpa, de la autoflagelación y mucho menos se debería sembrar la semilla del odio, de la separación del fracaso. Les indiqué que a pesar de que ellos habían resultado positivos a la prueba, aún estaban vivos y con los fármacos actuales podrían pasar muchísimos años antes de que presentaran síntomas de la enfermedad del SIDA. Lo prioritario ahora es darle soporte a su hija para que se restablezca, generar una estrategia para dar soporte a sus vidas, basadas en la solidaridad, en la comunicación, en el respeto y como no, en el amor. Si habían llegado hasta ahí juntos, no tenían porqué romper todo lo que habían conseguido, la estrategia a seguir era integrarse a la clínica de pacientes con HIV, ir a las juntas para fortalecer sus autoestimas, ver cómo hacen los demás desde hace muchos años para sortear las líneas sociales sin sufrir discriminación, sin ser marcados o relegados por el diagnóstico, y como en la unidad hospitalaria se maneja la confidencialidad, nadie más que ellos sabrían el diagnostico, y bajo un manejo responsable de su sexualidad podrían vivir como cualquier persona dentro de la misma.
Pedro pareció sentir un alivio no esperado, ya que al escuchar la explicación y sentir esperanza para manejo de calidad de vida, agradeció la atención ya que con el puro diagnóstico él se sentía prácticamente con la sentencia de muerte a unas semanas o meses, ahora con los datos recabados sabía que su vida se prolongaría por muchos años, además que la calidad de vida de su familia no tenía por qué mermar. Se hizo hincapié en mantener unida la familia, ya que si por alguna razón había separación, de inmediato se interrogaría la razón de la misma y estarían expuestos a que se conociera el diagnostico y serian victimas de discriminación cada uno por su lado, de otra forma solo ellos podrían comunicar a las personas más intimas, si es que lo deseaban.
Con toda esta información y la explicación de las etapas de duelo después de un diagnóstico de tal envergadura, Sofía y Pedro salieron fortalecidos, seguros y decididos a seguir adelante con su terapia tanto para el manejo de HIV, como de su de sus emociones por mi departamento.
Adendum: Eesta es una publicación semanal y la puede buscar en esta sección todos los lunes. Además el último viernes de cada mes nos podrá escuchar por la frecuencia 1420 de AM en nuestro programa mensual, a las 10 p.m. y si tiene alguna sugerencia o desea consultar o enviar su caso, se le atenderá en el correo electrónico instati@hotmail.com. O bien nos puede hablar al 627-95-56.