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Edición lunes, 07 de julio de 2008

PAN: el PRI como aliado y adversario (Edición Impresa)

lunes, 07 de julio de 2008

El PAN inició formalmente la campaña electoral para el 2009, haciéndolo coincidir con lo que hoy debería constituir su principal señal de identidad: la victoria electoral de Felipe Calderón del 2006. Y lo hizo con un acto en Naucalpan en el cual el discurso de Germán Martínez estuvo marcado por una definición que a muchos sorprendió: dijo el presidente del PAN que el PRI es necesario para el panismo y el gobierno federal para llegar a acuerdos importantes en la agenda nacional pero que, al mismo tiempo, el PRI es el adversario a vencer por el propio PAN en las elecciones del 5 de julio del 2009.

Algunos han dicho que esa definición le quitará posibilidades de acuerdo al presidente Calderón en el tema energético, o que le puede dificultar la aprobación del presupuesto. Hay quien ha asegurado que con ello, se subestima la fuerza del PRD. Pero el hecho es que así son las cosas: el PAN y el PRI se necesitan, a nivel federal y estatal para gobernar, pero al mismo tiempo la elección del año próximo será un enfrentamiento que los tiene a ambos como principales protagonistas. No es una subestimación del PRD: simplemente en el calendario electoral del año próximo esa es su realidad: según todas las encuestas está bastante por debajo del 20 por ciento, con el voto concentrado en el área metropolitana de la ciudad de México y en algunas zonas del país, como Guerrero, y en el resto simplemente la suya es una presencia marginal. En ninguna de las seis elecciones para gobernador del año próximo el PRD será protagonista: en Nuevo León, Sonora, Querétaro, Campeche, San Luis Potosí y Colima, las posibilidades perredistas son nulas mientras que en la mayoría de esos estados la diferencia entre priistas y panistas ha sido mínima de unos tres mil votos. Habrá elecciones además para renovar congresos locales y municipios en Jalisco, Guanajuato, Morelos, Guerrero, el estado de México y el DF. Y salvo en el DF, y la zona oriente del estado de México, Guerrero o en zonas muy específicas de Morelos, la contienda será, también allí, bipartidista, entre el PRI y el PAN. Y el panismo tendrá que encontrar un lenguaje que muestre hacia dónde quiere ir, como proyecto de país y de gobierno a nivel federal y en algunos casos local, y como oposición en muchos otros. La única forma de combinarlo es tener una visión de futuro común, pero sobre todo colocando los mejores candidatos posibles distrito por distrito y estado por estado. Durante mucho tiempo, el panismo apostó por colocar a sus mejores hombres y mujeres en los listados plurinominales, para asegurar que llegaran al congreso. Ha llegado la hora de enviarlos a los distritos, para que allí ganen o pierdan posiciones. Ahí definirá el PAN el resultado del 2009 y su principal adversario es el PRI, que es allí, precisamente, donde es más fuerte.

El PRI tiene una ventaja adicional: además de una estructura mucho más asentada en todo el país, que se pone de manifiesto sobre todo en las elecciones intermedias, las encuestas demuestran que termina recibiendo los votos desencantados del PRD y éstos hoy son legión: por lo menos la mitad de quienes votaron por ese partido hace dos años. El PAN, por su parte, está en un proceso de renovación luego de la desastrosa gestión de Manuel Espino que dejó un partido desarticulado y sin estructuras funcionando en buena parte del país: la mejor demostración de ello fueron las enormes dificultades que tuvo el panismo en el 2006 para cubrir, como debía, incluso la totalidad de las casillas. Al señalar que el PRI es el adversario a vencer, al panismo le debe quedar en claro que los comicios del 2009 serán por sobre todas las cosas locales, que la elección se ganará o perderá en cada distrito y que eso será en lucha con un PRI que hoy está mejor organizado, que ha sabido capitalizar su papel de oposición y que está jugando desde hace tiempo con ese doble papel de aliado necesario y adversario electoral. Y por no tomar en cuenta esas realidades el PAN ha perdido elecciones que podría haber ganado, como Yucatán.

El tema no sólo es definir líneas sino complementarlo con la elección de candidatos acertados, apostando más a la aceptación de la gente que a los grupos que tienen el control tradicional de las estructuras partidarias pero que no le dicen nada al electorado. O a dirigentes o funcionarios que aspiran a llegar al congreso pero no quieren pasar por el fragor de una campaña en sus distritos. Allí estará la clave del enfrentamiento, porque el PRI aparentemente ya aprendió y ha enviado, y seguirá haciéndolo, a los mejores candidatos locales posibles, mientras que en el PRD la batalla interna ha alcanzado un tono tan álgido que los mayores enemigos para ocupar esas posiciones serán del propio partido, al tiempo que se hará aún más conflictiva la lucha por ocupar espacios plurinominales.

Y por último, el PAN deberá, en todo esto, asumirse como el partido en el poder: y va para ocho años de que está en esa situación y todavía no lo termina de comprender. Ser el partido en el poder no significa ser el partido del poder y convertirlo en una secretaría de estado más. Eso no lo entendió (ni necesitaba entenderlo) durante años el PRI, pero desde la derrota del 2000, lo ha asimilado cada vez más; no lo entiende el PRD que suele mantener una relación de las más anacrónicas entre el partido, sus gobiernos e incluso algunos de sus líderes. En el PAN, en el primer año de Calderón, el entonces presidente Manuel Espino quiso establecer una distancia con el poder que lo convertía, prácticamente, en partido de oposición, con el objetivo de colocar a sus partidarios en las mejores posiciones. Ser partido en el poder, significa entre otras cosas, asumir las políticas del poder y comprender que la suerte del gobierno está indisolublemente ligada al de ese gobierno. Y hoy no todos en el panismo parecen comprenderlo así.

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