Desequilibrio
La Corte discute ya el asunto del ISSSTE. Ha determinado que no hay inconstitucionalidad en la reforma de la ley, y ahora podrá analizar aspectos específicos para ver si proceden algunos de los más de 200 mil amparos promovidos por trabajadores.
Sirve esto para recordar que la Corte ha tenido un trabajo monumental desde el fin del régimen de la Revolución. Aunque la Corte recupera su existencia a fines de 1994, cuando por fin vuelve a ser autónoma, es a partir de 1997 cuando se convierte en último recurso para todo tipo de conflictos entre poderes. No está de más recordar que la Corte había perdido su autonomía gracias a Lázaro Cárdenas, que la subordina al presidente nomás entrando al poder. Ah, tampoco está de más recordar que es esa Corte subordinada la que emite el fallo que da origen a la expropiación de la industria petrolera, que traslada los activos de las empresas expropiadas a una institución creada también por Cárdenas, más o menos cuando subordinaba a la Corte: Pemex.
Recuerdo estos datos para ejemplificar la capacidad de planeación del general, pero también para poner en evidencia el funcionamiento absolutamente autoritario del régimen desde entonces y hasta su caída en 1997. A partir de ese año, sin la Corte, sin el Banco de México, sin la Cámara de Diputados y sin el control absoluto de los gobernadores, el Presidente deja de ser lo que fue para convertirse en un simple mortal acotado por la ley. Y muy acotado, por cierto.
Le recuerdo también que desde 1997 la Corte ha tenido que resolver más de 100 controversias constitucionales cada año, amén de decidir acerca de la constitucionalidad de leyes y reglamentos con bastante frecuencia. Y para seguir recordando, el Congreso no pudo tomar decisiones profundas desde ese 1997 porque al no tener mayoría ningún partido, ni existir incentivos adecuados para la conformación de coaliciones, el órgano simplemente se paralizó.
Por 10 años no se pudo hacer prácticamente nada, y no sólo por la personalidad de Zedillo o de Fox, sino porque el tramado institucional no sirve para la democracia. Nunca se pensó así, a pesar de los cuentos que le han contado sobre la Revolución y sus héroes. Nuestra institucionalidad se construyó para sostener un régimen autoritario.
El papel exagerado de la Corte, las dificultades del Congreso, la inoperancia de la Presidencia y la peligrosa libertad de los gobernadores son todos resultado de una institucionalidad totalmente inadecuada. De una Constitución que nunca se pensó para esto, y que no sirve. A ver cuándo lo entendemos.
www.macario.com.mx