Luis Farías dice en su autobiografía que en el 68 era el líder de la Cámara de Diputados, y Echeverría, secretario de Gobernación prohibió a los políticos informar al presidente Díaz Ordaz sobre el movimiento estudiantil, sino que debían canalizar todo a través de él; lo que indica cómo pueden aislar a un mandatario sus cercanos colaboradores.
Se hablaba del "solitario de Palacio", hoy sería de Los Pinos. Eso dice que Calderón debería oír opiniones de personas ajenas a su círculo, partido, incluso a la política, sobre todo porque el país pasa por una crispación muy delicada con muchas vertientes y, aunque el responsable es bien conocido, pocos señalan que es L. Obrador.
México está sujeto a la política del miedo, impuesta por éste. Para su fortuna y desdicha del país, se reposicionó en los medios y la política y todo para "reventar el sistema", según Camacho Solís, y "derrocar a Calderón", según Muñoz Ledo.
Ambos, sus asesores mayores, dechados de fidelidad a las convicciones y maromeros políticos con ambiciones ilimitadas de volver al poder, a costa de lo que sea.
Con la acusación mendaz como arma, López ataca a Calderón, y al titular de Gobernación para que le contesten y llegar a un téte a téte, en el que él sacaría la mejor parte, pues los haría descender a su terreno y allí les daría hasta con la cubeta, como le ocurrió a Mouriño, que tuvo el mal tino de caer en su juego.
Bien le redituó su artimaña de que los medios lo bloquearon. En aras de la libertad de expresión pidió espacio, se lo cedieron con creces para propalar aún más su subversión y reposicionarse. Hoy lo vemos hasta en la sopa, y a ver quién lo para.
Le dieron con anticipación innecesaria el arma de la reforma energética, y se envolvió en el lábaro patrio y anatematiza como traidor a México a quien no está de acuerdo con su capricho, no con sus tesis inexistentes, y ahora exige un debate nacional, para aclarar nada, sino ganar tiempo y hacer fracasar esa reforma, tan indispensable para el futuro del país.
Desafortunadamente parece haberlo conseguido, pues inyectó además miedo con sus marchas, comandos y bloqueos, con mujeres a la cabeza para que los guardianes del orden no las toquen.
Aparte, hizo correr en la Cámara de Diputados la perversa versión de que al recibir la iniciativa de la reforma, grupos amados de gente del Peje EPR, Células Bolivarianas y de las FARC desatarían la violencia para minar y, si es posible, derrocar al gobierno.
Cierto o no, es típico de López amenazar y acusar sin base para desgastar a funcionarios, atacar con papeles falsos y aunque le demuestran su falacia, no cejar, porque busca tildar de corrupto al gobierno de quien le ganó la Presidencia.
Lo de Mouriño, que parecía veraz, con hechos lo desmintió el Peje, al rechazar sus diputados integrar la comisión indagadora que tanto exigieron, y al no presentar demanda alguna ante la PGR o la Secretaría de la Función Pública, a donde se turnó el caso.
Pero ya había armado el escándalo, ganado terreno mediático y deteriorado al funcionario y al gobierno.
Denigró a la CFE con que otorgó un contrato leonino a Repsol y sin licitación; pero se le probó de inmediato lo contrario, a él que blindó las cuentas de los segundos pisos, cuyos contratos dio sin licitar a empresas que le tributaron para su campaña presidencial.
La táctica pejista es clara: compló, si lo acusan a él o sus cuates, mientras él arma abiertamente un complot contra el gobierno y el país, sin importarle los pobres, la ley, la democracia y México, que sólo usa como pretextos para apoderarse del poder.
Por eso no tiene empacho en haber provocado el cochinero de la elección del PRD desde luego lo niegue, como acostumbra pues quiere imponer a toda costa a Alejandro Encinas, para manejar el subsidio de 500 millones y ubicar a sus incondicionales de líderes partidistas y candidatos a puestos de elección, para engastar todo el aparato en favor de su segunda campaña presidencial.
Con tal bagaje, qué tal si se lanza para diputado federal en 2009. Sería el líder de su fracción, y los follones que armaría con fuero, si hoy sin él amenaza con bloqueos y con cerrar el Congreso.
Así el PRD se niega a ser auténtico partido de la izquierda por ser escalón y que sus dueños traten de ser Presidentes (Cuauhtémoc tres veces y el Peje va por la segunda).
Se ve, pues, que desistir de enviar la iniciativa de reforma energética es mal signo. Beltrones y Gamboa tienen razón, y no puede tomarse más que como el Atenco de Felipe, cuando Fox, por temor a los machetes de los agitadores, desistió de aplicar la ley.
La Historia dice que el presidente de la República de Weimar, mariscal Paul von Hindenburg, para resolver una crisis de gabinete, permitió ser canciller alemán al agitador jefe del pequeño Partido Nacionalsocialista, Adolfo Hitler en 1933, que en 1934 se convirtió en Fürer del III Reich y en 1939, al invadir Europa, provocó la II Guerra Mundial.
Sólo aprovechó un resquicio para convertirse en dictador, con las consecuencias archisabidas. Lo que debe ponernos a pensar.
En esta política del miedo se confunde libertad de expresión con violencia ilegal y se cede al chantaje de marchas, comandos y bloqueos; lo que es indispensable romper, pues está visto que por esa vía México se viene desbarrancando cada vez más.
Y como dice la expresión coloquial: Aguas.aguas.