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Edición lunes, 28 de enero de 2008

El gran titiritero (Edición Impresa)

lunes, 28 de enero de 2008

Muy pocos le han dado seguimiento a las historias de mayor impacto y trascendencia del México contemporáneo. Por lo general, se cae en los lugares comunes y en la divulgación de las versiones oficiales. Y debe pasar mucho tiempo para que los hilos de la trama auténtica recobren protagonismo. Así será, sin duda, respecto a los magnicidios de 1993 y 1994, esto es desde el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo al del ex gobernador de Guerrero José Francisco Ruiz Massieu pasando, claro, por el de Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas consumándose una emboscada rudimentaria.

En el amanecer de 1994, cuando el EZLN irrumpió en San Cristóbal de las Casas y lo tomó, con avisos previos a los medios de comunicación que “esperaban” el alzamiento como si de un guión se tratara, trascendieron igualmente algunas notables evidencias que hacían inexplicables ciertos antecedentes. Una muestra: poco más de una década atrás, algunos inquietos militantes del PRI, con buenas posiciones y notables contactos, realizaron “tareas de campo” en la región del conflicto con el supuesto propósito de acercarse al conocimiento de las etnias indígenas y sus anhelos de autonomía. Entre otros, se sumaron a la cruzada Raúl Salinas de Gortari, Héctor Hugo Olivares y Celso Delgado Ramírez. Los dos primeros con familias prominentes, el segundo postulante frustrado, tiempo después, al gobierno de Aguascalientes y el tercero gobernador de Nayarit entre 1987 y 1993. Del primero bien sabemos cuál fue su destino a la sombra de su hermano menor, Carlos, el ex presidente.

Luego fueron surgiendo otros extraños vínculos si bien no sirvieron para profundizar en las pesquisas. Por ejemplo, el reconocimiento a que desde la extinta empresa de autobuses, Ruta 100, exaltada por Manuel Camacho Solís durante su periodo en la Regencia capitalina, se desviaron fondos cuantiosos hacia las cañadas, en Chiapas, obviamente para promover y apoyar al movimiento subversivo cuya gestación, a decir del propio subcomandante “Marcos” –quien había de convertirse en una caricatura de sí mismo-, duró precisamente diez años, esto es desde 1984, un año clave para el despegue o el “boom” del narcotráfico en México. No creo, acaso por deformación profesional, en las casualidades.

Otra historia. Durante la segunda etapa del salinismo, colocado el primero de los voceros, el singular Otto Granados Roldán, en la gubernatura de Aguascalientes, fue llevado a la oficina de Comunicación Social de la Presidencia el abogado José Carreño Carlón quien, por cierto, entre 1978 y 1982, fungió, nada menos, como director de Estudios Socieconómicos del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados, una de las invenciones demagógicas del presidencialismo autoritario.

Pues bien, este personaje, Carreño Carlón, volvió a exhibirse, a mediados de 2004, como fundador de un grupo supuestamente vanguardista, dentro del PRI, destinado a crear una plataforma adecuada que posibilitara el regreso del otrora partido invencible a Los Pinos: Enlace, Compromiso por México. Para ello fueron convocados e integraron en primera línea a la “nueva corriente política” tres elementos de gran relieve: Diódoro Carrasco Altamirano, ex gobernador de Oaxaca y ex secretario de Gobernación –lo fue, precisamente, durante los dos últimos años de gestión del simulador Ernesto Zedillo-, Genaro Borrego Estrada, ex gobernador de Zacatecas y ex director del IMSS entre otros múltiples cargos y Pedro Joaquín Coldwell, ex gobernador de Quintana Roo, miembro de la familia más rica de la región y ex coordinador del diálogo para la negociación en Chiapas.

Los vasos comunicantes, por lo visto, son múltiples entre los nombrados. Lo mismo que el tronco común: Borrego, además, se significó como uno de los mayores amigos y aliados de Emilio Gamboa Patrón cuando éste desempeñó la secretaria privada y algo más a la vera de Miguel de la Madrid quien, a su vez, no dudó en armar los templetes para la exaltación de Carlos Salinas de Gortari a la Primera Magistratura dos décadas después de que su padre, Don Raúl Salinas Lozano, formara parte del gabinete de Adolfo López Mateos con aspiraciones presidenciales. Los círculos se cierran.

Debate

El grupo “Enlace” hizo, en realidad, muy poco ruido. Pero sirvió, finalmente, a una causa muy distinta a la originalmente prevista bajo el peso de la llanada transición que con tanta seguridad fue armada durante la administración de Zedillo cuando el responsable de la política interior era el oaxaqueño Carrasco Altamirano. Precisamente éste, sin el menor recato acaso porque su matrimonio con una sobrina del maestro Julio Scherer García le convirtió en intocable para ciertos informantes supuestamente aguerridos, se desprendió de su partido, el PRI, para incorporarse al PAN, ahora oficialista, y ser postulado al Congreso bajo esta bandera. Ahora transita como diputado federal panista y comparte curules, nada menos, con Felipe Borrego Estrada, hermano de Genaro, y con Addy Joaquín Coldwell, hermana de Pedro quien ya fue embajador de México en Cuba también.

¿Sólo coincidencias? Podrán asegurarlo quienes trabajan por mantener el estado de cosas y tratan, afanosos, de borrar las huellas comprometedoras. Son como los “limpiadores” que usan las mafias para dejar inmaculados los escenarios criminales luego de las ejecuciones sumarias. Así lo hicieron, por ejemplo, en Lomas Taurinas en donde cambiaron hasta las coordenadas con el pretexto de erigir una plazoleta con su respectivo monumento en honor del candidato presidencial acribillado allí. Para intentar reconstruir los hechos se requiere de bastante más que una brújula por la manera en que fue orientada la nueva plaza cívica. Además, se hizo casi de inmediato con las ansias de cerrar el capítulo lo antes posible.

No extraña, entonces, los aterrizajes en el PAN del ex secretario de Gobernación y de los hermanos de quienes le acompañaron en la última de sus aventuras por los cauces institucionales. Borrego, por cierto, fue obligado a renunciar a PRI, en la víspera de las elecciones de 2006, al constatarse sus cercanías con el aspirante presidencial del PAN, Felipe Calderón, como efectos de su animadversión profunda hacia Roberto Madrazo, quien fue abanderado del partido al que pregonaba pertenecer. Y corrió, diligente, a felicitar a Calderón en la hora negra del conflicto poselectoral y del penoso laudo del TRIFE que forma parte ya de uno de los episodios más negros de la “democracia” en México.

Detrás de todos ello, ¿lo intuyen los amables lectores?, sólo una mano aparece: la de Carlos Salinas.

El Reto

En la gama de coincidencias destacan las trayectorias internacionales de los ex presidentes de México de cursos más recientes. Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, sendos protagonistas indirectos de estas líneas, cuenta con asesorías muy bien remuneradas en el exterior así como diversas cátedras en las universidades anglosajonas.

El primero, tras un sexenio a salto de mata –porque su sucesor, Zedillo, intentó limitarlo y no porque hubiera la menor posibilidad de indagatoria judicial-, volvió al país a la vera del señor Fox y se dio el lujo de mostrarse en sociedad con toda la fuera de “su” corriente, siempre dispuesto a negociar, su gran especialidad política. Y el segundo, quien fue señalado como traidor al PRI por sus militantes más recios, no sólo no fue perseguido por la administración sucesora, que ofreció un cambio estructural para superar la corrupción galopante del priísmo hegemónico, sino que pasó de la condición de satán a la de “demócrata” intocable por haber entregado a Fox la banda presidencial. Dos falacias de muy alto nivel.

Los hilos conductores se tocan. Repásenlos, amables lectores, con el propósito de contar con más elementos para establecer criterios y no ser arrastrados por las aguas desbordadas de la manipulación política. Las alianzas y las complicidades van de la mano sin importar alternancias ni partidismos. Lo que cuenta, en todo caso, es salvar el pellejo y apostar por la amnesia colectiva.

La Anécdota

Alguna vez fui invitado a disertar sobre toros en un panel en el que participaría, igualmente, Genaro Borrego Estrada, gran aficionado. Pero, al fin, arguyendo nimiedades, éste no llegó a cumplir con el compromiso y se disculpó con una muy breve epístola. Por ello, me permití, ante el auditorio, lanzar una sentencia:

--Como está la fiesta –dije- no le conviene a un “borrego” presentarse a un debate taurino. No sea que lo encierren en toriles.

Borrego, por cierto, y muy a pesar del patronímico, llegó a torear, vestido de corto cordobés, en la Plaza México. ¡Y hasta cortó un rabo según múltiples testimonios! Lástima que no le dio por seguir esta vocación. Ya estaría, cuando menos, retirado... a menos que decidiera acompañar en sus periplos a Rodolfo Rodríguez “El Pana” quien saltó al redondel de Insurgentes, en plena campaña electoral, con una manta, pintada de azul, en la que podía leerse: ¡Viva el PAN! Quizá por ello sigue colectando verdes frutos, como las divisas.

www.rafaelloretdemola.com

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