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Edición lunes, 07 de enero de 2008

Peligros próximos (Edición Impresa)

lunes, 07 de enero de 2008

No se presenta 2008 como un año para la estabilidad. Si hubiese la posibilidad de convertir el análisis político en una apuesta meteorológica, podríamos deducir que los temporales y huracanes podrían resultar devastadores si no se aplican las previsiones necesarias para evitar las catástrofes. Ya hemos hablado de la vulnerabilidad económica, atenidos a la debilidad del peso ante las unidades monetarias fuertes y a la pobre visión de los operadores financieros del país que no diversifican las reservas, y también sobre los posibles efectos de los sacudimientos por la Casa Blanca, que habrán de terminar con las elecciones en noviembre, y la cada vez más frenética actividad del mesiánico venezolano al sur del continente.

Cómo estarán las cosas que se ha señalado a Felipe Calderón, más por eliminación que por méritos sensibles, como uno de los “líderes” claves para el futuro inmediato. Y es que, desde luego, es muy evidente la responsabilidad sobre sus hombros: nada menos que recuperar la influencia de nuestro país en el concierto de las naciones tratando de evitar los extremismos y las carreras descocadas. Porque, desde luego, es penoso que quienes sean vistos como los gobernantes de mayor relieve no tengan más jerarquía que la derivada de sus frecuentes desplantes provocadores. Hugo Chávez, por ejemplo, suele amagar con la palabra y transar debajo de la mesa. Y como él algunos mandatarios más quienes se dejan influenciar por los mejores postores.

A Calderón, como representante de una nación plural y caracterizada por sus doctrinas internacionales en contra del expansionismo y la intervención de las potencias sobre las soberanías ajenas, se le necesita de manera notoria en los terrenos decisivos. Otra cosa es que, de verdad, tenga el perfil adecuado para encabezar una batalla diplomática para aglutinar a quienes, de plano, no han tenido otro remedio que situarse entre dos fuegos, en vaivén permanente de un bando a otro, para solventar la emergencia actual marcada por la especulación provocada artificialmente por la gran potencia de nuestro tiempo con el propósito de elevar la competitividad de sus productos abaratando al dólar frente al euro. Una trampa ciertamente peligrosa para la economía global.

Yo no sé cual es la verdadera dimensión de un mandatario que no ha podido, trece meses después de su asunción presidencial a trompicones, vencer el espectro de la ilegitimidad que pende sobre él, casi un símil con cuanto sucedió en 1989 tras el arribo de Carlos Salinas a la Primera Magistratura, ni tampoco se ha desprendido de la agenda militar que lo mantiene copado frente a la inseguridad pública y los reacomodos evidentes de los grupos delincuenciales. Para ver hacia fuera, claro, es menester tener en orden la casa. Y, aunque se aparente que la crispación política cesó ya, la realidad nos sigue mostrando a una administración muy vulnerable, pagadora de facturas cada vez más onerosas, y poco previsora ante los pronósticos pesimistas de quienes conocen los antecedentes y observan la arribazón de los negros nubarrones.

Calderón es un hombre calculador y conciente. Ya lo demostró con la manera como manejó la crisis del Grijalva, solucionada con ingeniería de primer orden y excepcional cuidado para mantener los controles sobre los bravos afluentes desbordados. Si ese mismo temple lo aplicara a la política, esto es sin dejar resquicio alguno a las previsibles reacciones de chantajistas, oportunistas y sectarios, podríamos respirar tranquilos.

Pero, para infortunio general, el titular del Ejecutivo federal entiende el ejercicio conciliador como un permanente juego en el que quien está arriba debe concederle todo a quienes se ufanan por mantenerlo y sólo deterioran su imagen. ¿Para cuándo se libra de los lastres más asfixiantes? Podría comenzar en el gremio magisterial y el rancho San Cristóbal, entre otros muchos escenarios minados por cuantos medran con el poder reflejo y comprometen severamente las cuestiones públicas, al mandatario mismo, sin ofrecer otra solución que la posibilidad de adaptarse a una perspectiva muy contaminada.

Debate

De acuerdo a la observación de los informadores europeos, dos figuras se han convertido en referentes obligados. El primero, el ex presidente del gobierno español, el socialista Felipe González, bastión de nuevo para la izquierda de su país en trance de confrontarse a la derecha en las que se estiman serán reñidas elecciones de marzo próximo, llevado al “grupo de reflexión” de la Unión Europea que se estima pondrá las bases para evitar las confusiones conceptuales que luego determinan la ruina en la praxis. Un papel sin duda relevante sobre todo porque la tendencia de las naciones que conforman el bloque , hasta ahora, ha sido más bien para exaltar las posturas conservadoras. De hecho, España estaba quedándose sola ante la llegada de líderes de formación contraria a la de que quienes conforman el gobierno hispano.

En otra perspectiva, la negativa, la omnipresencia de Vicente Fox, visto como una especie de contrincante de Chávez –más bien un “bulto” de acuerdo a los términos boxísticos clásicos, unida a las voces de otros ex mandatarios con idéntico registro, por ejemplo José María Aznar, el mismo que exigió a González su dimisión para convertirse en su sucesor, está ocasionado serios conflictos de intereses. En el caso de México, el señor Fox parece dispuesto a seguir con su frenética estrategia personal destinada a mantenerse en el ánimo general acaso con la intención de retornar por donde vino, con todo y su consorte, claro, en aprovechamiento cabal de la impunidad que los cobija. Todo ello, claro, porque no se deja sentir el liderazgo presidencial para delimitar los alcances de un personaje que considera y mide la libertad a su capricho: esto es, de manera muy amplia cuando se trata de él y demasiado corta si es la de los demás.

Para Fox las críticas serán siempre perversas excepto cuando él las emita. Y resultarán perniciosas las intervenciones de otros ex mandatarios mexicanos pero no las suyas porque, según cree, las reglas están hechas para que él, sólo él, las rompa o las aplique de manera discrecional. Tal es el peligro mayor si consideramos, de nuevo, los antecedentes. Por desgracia, quienes le hacen el juego, acaso divertidos por los efectos que causan, estimulan la actividad desbordada de Vicente para medir la debilidad de la institución presidencial y sacar mayor provecho de las políticas chantajistas en boga.

Desde luego, no deja de ser muy significativa la crecida del señor Fox en los planos internacionales. Con tal se demuestra que no está solo en sus lanzamientos viscerales. Y tan no lo está que, por ejemplo, elementos como Aznar, quien de nuevo saca la cabeza intentando contrarrestar la influencia de Felpe González, se han dado a lanzar sentencias lapidarias con el mayor histrionismo del que son capaces.

Así, el ex presidente derechista de España, José María el del bigote chaplinesco, ha declarado recientemente (ABC, domingo 16 de diciembre):

“En Europa hay un par de líderes que tienen envergadura. Sarkozy es un gran líder y Merkel es una gran líder. Pero en líneas generales en el mundo faltan liderazgos”.

Y, por ello, casi se siente en la obligación, lo mismo que Vicente el de San Cristóbal, de cubrir los sitios vacíos para atemperar el desquiciamiento casi global. Fíjense: no pudo mencionar a un solo líder americano ni siquiera para cumplimentar a quien fue su aliado, el belicista George Bush junior, en fase de medir la descalificación de sus coterráneos en las urnas. Sólo dos nombres, de europeos y conservadores, para insistir en que la conflictiva internacional la plantea, en principio, las ausencias de timoneles responsables y habilidosos. Casi una advertencia, además de una justificación.

El mayor de los problemas es, sin duda, que cada cual sigue mirando al mundo a través de sus propios filtros. Y la puesta de acuerdo cada vez se antoja más lejana.

El Reto

Cuando le preguntaron a Aznar su opinión sobre Bush no pudo ser más enfático:

“Es amigo mío –dijo, pero hay mucha gente que sólo puede vivir contra él...”

No lo expresó pero, sin duda, en la cabeza le centelleaba el apellido Chávez como demostración fehaciente de un “liderazgo” auspiciado por las facetas negativas y no por los auténticos reclamos de unidad continental. ¿No habrán notado que la beligerancia verbal de Chávez es el factor que impide la creación de un bloque latinoamericano al estilo de la Unión Europea, incluso con una moneda común que no estuviera rendida a las caídas y subidas del dólar y el euro? Y una pregunta más: ¿a quién le conviene que así sea?

Porque, desde luego, es evidente la apuesta especulativa de la Casa Blanca. No sólo para abaratará el dólar y asegurar la expansión comercial sino también para “tolerar” al mesiánico y aprovecharse de los efectos que causa.

Quizá por ello se observó en Calderón como un elemento que pudiera ser clave. Y se le calificó como “líder” aun cuando, hasta el momento, no haya sido siquiera capaz de aglutinar a sus correligionarios. Y es que urge, sin duda, un hombre capaz de desactivar las falacias. Pero, ¿se atrevería Calderón a hacerlo? Este es otro cantar. Abundaremos.

La Anécdota

Las dictaduras les resultan cómodas a algunos que se aprovechan muy bien de la explotación ajena. En la España franquista, por ejemplo, la ciudadanía conocía a perfección sus límites: trabajar dobles turnos y ganar lo mínimo a cambo de la paz del miedo.

Allá por la década de los sesenta, Con Franco consolidado, el conserje de un hotel madrileño, de apodo Rovira, se atrevió a deslizar:

Aquí estamos muy bien porque nadie se ocupa de entrar ni de pensar en política.

¿Y cómo es eso?

Fácil: Franco se encarga de la política y los demás del trabajo para que Franco la haga. Es una estupenda fórmula.

Con el canje de libertades, por supuesto.

Web: www.rafaelloretdemola.com

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