Me resulta difícil creer que los ex presidentes de México, tan radiantes a la hora de presentarse en los foros internacionales, sean ajenos por completo a los poderosos “cárteles” asentados sobre territorio mexicano. De hecho, como ya hemos señalado reiteradamente, ninguna de las primeras familias que han habitado Los Pinos desde la década de los setenta ha dejado de ser infiltrada, presuntamente, a través de alguno de sus miembros relevantes. La lista es larga: Rubén Zuno Arce, Federico de la Madrid, Raúl Salinas de Gortari, el suegro y los cuñados del doctor Zedillo y los vástagos incómodos de la pareja presidencial y su singular cogobierno. De éstos sólo dos han ingresado a prisión, Zuno y Salinas, tras sonados escándalos. Y, por supuesto, no pretendemos adelantar sentencias, sólo señalar el rastro de las sospechas.
Lo anterior significa que, si de verdad se quiere llegar al meollo de la cuestión –esto es establecer los vínculos enfermos entre las mafias y el poder político tratando de detener los cauces de la violencia concentrándose en las fuentes contaminadas, es imperativo desarrollar la averiguaciones necesarias para determinar las posibles colusiones entre la casa presidencial y los grandes grupos delincuenciales. Podría comenzarse por indagar acerca de por qué, cada seis años, se estrena una nueva geografía del narcotráfico basada en la protección de un grupo y la persecución de otro. Así, en los últimos tiempos, al auge del “cártel” de Ciudad Juárez siguió al de Tijuana y luego al del Golfo con profusión de imágenes sobre aprehensiones o muertes de algunos de los más célebres cabecillas... sin que pudieran desmantelarse a los poderosos grupos.
La lista sigue si bien hoy se habla de “cárteles” por todo el país, desde Colima y Michoacán hasta la península de Yucatán en cuyo triángulo diabólico se han forjado las mayores alianzas entre atildados miembros de la cúpula del poder. Quizá por ello jamás se persiguió judicialmente al cacique Víctor Cervera, cuya sobrina presume hoy de ser la mandataria electa de Yucatán, quien fue anfitrión reiterado del doctor Ernesto Zedillo cada que éste deseaba dejar atrás los reflectores y sumergirse de lleno en el apasionante mundo subacuático. No se olvide tampoco la célebre reunión de 1999, cuando más se señalaba a Cervera por su padrinazgo respecto al confinado Mario Villanueva, ex gobernador de Quintana Roo, del mencionado doctor Zedillo y su entonces colega estadounidense, Bill Clinton, alrededor del “balo” quien gozó de derecho perpetuo a la impunidad. ¿Fue sólo una casualidad?
Cuando los priístas meditan, de nueva cuenta, sobre el imperativo de expulsar a Zedillo de sus filas para ganar algo de la credibilidad perdida, bien podrían extender la moción hacia otros ex mandatarios bajo sospecha, desde Echeverría hasta Salinas sin dejar a un lado a De la Madrid, cuya aparente mediocridad fue detonante para extender las mayores complicidades y, por consiguiente, la red del vicio sobre una nación mil veces hollada por la corrupción galopante.
Pero como nada se hace y se apuesta por “dejar pasar”, de acuerdo a la dogma del liberalismo económico, cuanto proviene de los poderosos, no es extraño que el ruidoso combate contra el narcotráfico, numen de la administración en curso en fase de consolidación y fuertemente cuestionada, sólo produzca bajas en las infanterías tras las cortinas de humo erigidas para esconder, por el mayor tiempo posible, esto es mientras dure el continuismo político bajo el disfraz de un cambio inexistente, las perversas alianzas que han dado muerte a la paz social en México.
Debate
Insisto: no sólo con buenas intenciones puede construirse el mañana. Felipe Calderón, atrapado entre varios fuegos cruzados, requiere de mucho más, por ejemplo de una visión de Estado para cuyo desarrollo es necesario contar con carácter y valor, para derrotar al gran flagelo que carcome el alma del país. No basta, claro, con apostarle a una agenda militar y centrase en ella. Ya hemos señalado también la erosión sufrida por las jerarquías castrenses refugiadas en un negociado encubrimiento. ¿Cómo, entonces, pretender atacar el mal a través de una estructura ya contaminada? Primero, es lógico, debiera sanearse a fondo para luego dar la gran batalla externa; otra cosa es sólo expandir la simulación.
Pero, ¿quién apoya a Calderón para fortificarlo en esta perspectiva de alto riesgo para él? No lo hace el dirigente de su partido, Manuel Espino, servidor lacayuno de los Fox –acaso porque éstos deben protegerse para asegurar las bienaventuranzas de sus apoyos de siempre, dispuesto para golpear al régimen actual, como si se tratara de la más feroz oposición, exhibiendo los excesos de sus operadores políticos, como el conocido galleguito Juan Camilo Mouriño.
Para colmo, en el seno de su influyente familia –nos referimos, claro, a los Zavala Gómez del Campo, los cuñados con habilidad suficiente para alternar y servir a poderosos empresarios de la comunicación, comienzan a desatarse los temores y, como consecuencia de éstos, los llamados en pro de una claudicación temprana. Quizá el antecedente de Fox los encamina: dejar que las mafias resuelvan si irse o no del país, poniendo distancia de por medio, esto es claudicando de los afanes políticos relevantes con tal de asegurarse un tránsito menos sobresaltado. Ganarían, por supuesto, quienes viven anclados al estatus reflejo y no tienen más objetivo que beneficiarse del lapso sexenal como mejor puedan. Para ellos, claro, la cuestión de las figuras históricas es solamente un estorbo.
Ante la disyuntiva, Calderón, parece haber optado por mantenerse firme contra las voces que claman porque el presidente se encierre en la residencia oficial, alejándose la agenda militar y sin otra perspectiva que la de cubrir el periodo sexenal con los mejores sobresaltos posibles. La fórmula de los Fox, ni más ni menos, quienes viven a expensas de sus recias sociedades, mejor decir complicidades, andando sin rubor alguno por los foros internacionales listos a formar parte del gran entramado de las simulaciones.
Esta es la gran coyuntura del presente político con un mandatario acotado y acosado quien debe, además, sobreponerse a las presiones del Legislativo para que se aleje de los cuarteles y de la dirigencia de su propio partido que le pide ser poco menos que un convidado de piedra al festín de la demagogia continuista. Es la hora exacta, sí, para medir el temple del cuestionado mandatario tan necesitado de legitimidad y tan solo en el ejercicio del poder.
El Reto
Debe Calderón comenzar a deslindarse del pasado inmediato, sin recovecos ni lugares comunes. Es necesario que lo haga si, de verdad, apuesta por la salid de la República y no únicamente por la imagen y credibilidad de su partido que, además, no parece ser uno den sus mejores capitales. De otra manera, esto es dejando pasar el tiempo ejercitándose con rounds de sombra, los peligros para él serán mayores, política y personalmente, lo mismo que la angustiante soledad del poder aparente sin controles reales. Cuando un mandatario acaba por convertirse en rehén de quienes le rodean es porque ha perdido toda perspectiva hacia el futuro. Este es, sin duda, el riesgo más severo.
Pero, ¿se atreverá a proceder con la energía necesaria incluso para sacudirse a sus correligionarios chantajistas quienes se están dando el lujo de cooptarlo mientras lo miden? Tal es el desafío planteado por la propia vulnerabilidad de su régimen. Y sólo de él depende construir su verdadera dimensión histórica más allá de vanos discursos e histriónicos gestos de circunstancias. La banda tricolor no sirve si solo se usa para las sesiones fotográficas.
Está Calderón, sin duda, ante su segunda elección, la definitiva, sin urnas ya de por medio. Y ya no le sirven los empates técnicos.
La Anécdota
Semanas antes del crimen de Lomas Taurinas, Luis Donaldo Colosio, en plena campaña electoral, fue invitado a convivir con quien le fue presentado como “próspero” agricultor de Sinaloa. Y se dejó servir, incluso en compañía de un par de modelos exuberantes contratadas a ex profeso para halagar a quien se suponía “el futuro presidente”.
En los días subsiguientes, la DEA filtró la información acerca de los presuntos vínculos del personaje con el narcotráfico. ¿La razón? Un par de fotografías de aquella reunión en la que aparece al lado de Joaquín “El Chapo” Guzmán, considerado por muchos el líder operador de los “cárteles” mexicanos. Colosio alegó que había sido víctima de una trampa; luego, el 23 de marzo, lo fue de otra, definitiva. El dilema entre la perversidad y la ingenuidad podría comenzar en este punto.
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