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Edición sábado, 17 de marzo de 2007

Desafío (Edición Impresa)

Callejones sin salidas

Rafael Loret de Molasábado, 17 de marzo de 2007

Millones marchan en España, en todas las capitales de las comunidades autónomas, solicitando la dimisión del jefe del gobierno, el “socialista” José Luis Rodríguez Zapatero, por considerar que, por la debilidad de su carácter, cedió ante el chantaje del grupo terrorista ETA y de uno de sus principales operadores, Iñaki De Juana Chaos, confinado desde hace casi veinte años y cuya libertad condicionada, tras una huelga de hambre de más de cien días –casi los mismos de Felipe Calderón al frente del Ejecutivo federal, provocó una indignada oleada de protestas sobre todo porque el sujeto fue encontrado culpable de haber asesinado, cuando menos, a veinticinco personas.

Los socialitas, aireados y con similar parafernalia a la empleada por sus detractores del Partido Popular, señalan a su vez que la administración anterior, la de José María Aznar, fue la que engendró las concesiones a los “etarras” con intenciones políticas aun cuando, al final de la misma, perdiera rumbo y piso al pretender culpar a los terroristas vascos por los atentados en Madrid en marzo de 2004 apenas tres días antes de las elecciones generales. Los indecisos, molestos por la burda parodia sobre la sangre derramada, se volcaron a votar por el PSOE y determinaron el vuelco político.

Podría pensarse, en tales términos, en una ansiada vendetta por parte de la derecha, eslabonando los amargos episodios que culminaron en el bombazo de diciembre último en el aeropuerto madrileño. Pero, en realidad, más allá de la moral política resulta relevante la posibilidad de generar movimientos de oposición como preámbulo para solicitar la realización de elecciones, adelantándose a lo revisto en razón a la emergencia y el evidente desgaste del gobierno en funciones, y establecer con ello, sin interpretaciones superfluas, el verdadero sentido de la voluntad colectiva.

Tal instrumento, democrático por esencia, faculta a la mayoría de los parlamentarios a exigir tal salida. Los “populares” requerirían, desde luego, de algunas alianzas con fracciones minoritarias para alcanzar el objetivo aun cuando los socialistas mantengan el liderazgo del Congreso. De hecho, los comicios serían más bien un referéndum sobre las decisiones de un mandatario copado a quien no le han funcionado sus estrategias acaso porque no fue capaz de prever las trampas de los extremistas que no suelen detenerse y siempre exigen más concesiones. Dígase lo que se diga, el ETA no parará hasta lograr su propósito terminal: la independencia, elemento que, desde luego, no estará jamás en la agenda política de un presidente español.

Lo sustantivo para el análisis, en esta ocasión, es el hecho de que en un sistema parlamentario, en donde el jefe del gobierno es observado como “par” de quienes ostentan, en conjunto, la representación colectiva, existen mecanismos eficientes para medir e incluso sancionar a los mandatarios cuyos errores, sean de buena o mala fe, causan merma considerable a la colectividad o, de plano, se apartan de la voluntad general. Y, en democracia, ya lo sabemos, debe insistirse en que el poder lo ejerce la ciudadanía, no quienes obtienen su aval. De allí el concepto sobre la “soberanía popular”, valor inalterable, intrínseco diríamos, de la democracia. Sin este principio, el modelo no podría ser sustentable ni tendría solidez alguna.

Una democracia que, a diferencia de lo anterior, sólo exalta los sectarismos para cerrarse a una pequeña minoría, la del 20 por ciento de los empadronados, uno de cada cinco, y no escucha a sus adversarios y pretende restarles movilidad de manera sumaria, está severamente enferma. Bien saben los lectores hacia donde señalo.

Debate

Hace poco más de una semana se cumplieron los primeros “cien días” de la controvertida asunción presidencial del bienintencionado Felipe Calderón quien debió llegar por la puerta trasera del Congreso, casi acorralado, para rendir la protesta de ley. Aquella imagen, que no debe olvidarse, debió marcar, en definitiva, el fin del presidencialismo autoritario y el consiguiente dominio de lo que ha dado en llamarse “la primera minoría”. Subrayo, también en caso de que la victoria hubiera sido para el bando contrario, el de los obcecados perredistas partidarios de Andrés Manuel, habría sido evidente el rechazo de la mayor parte de los mexicanos; esto es, tanto uno como otro recibieron sólo el aval del 35 por ciento de los electores y ninguno de ellos debiera olvidarse de este elemento sustantivo. El desaseo sirvió para modificar los cauces finales aprovechando la estrechez de la ventaja entre uno y otro.

A tres meses y medio del arranque del señor Calderón, aun cuando se preocupe por los efectos publicitarios que parten del “cumplimiento” de sus promesas iniciales –esto es bajo una rigurosa selectividad demagógica, se estiman abatidas las presiones y atemperado el clima política. Quizá por ello, naturalmente, se optó por llevar al visitante George Bush, acaso el personaje más odiado del planeta, a la blanca Mérida en donde las protestas podrían ser “controlables”, esto es en el rango de los incidentes menores. Pura estabilidad democrática en la amplia perspectiva de las simulaciones.

Por lo demás, las evidencias sobre el creciente malestar público se manifiestan en cada una de las entidades federales bajo el ominoso signo de las vendettas entre mafias y el permanente concurso de los grupos delincuenciales dominantes. Con todo y la “cruzada” iniciada, con idéntica parafernalia a la del pasado –esto es poniendo a la Iglesia, digo al gobierno, en manos de Lutero, digo del ejército y las corporaciones policíacas infectadas, los saldos no son felices y los desequilibrios aumentan. Ya viene, otra vez, el incendio de Oaxaca y no falta gran para que el sureste se soliviante. Tabasco ya está en plena escalada.

Pese a eso, se nos dice lo contrario: que las cosas están bajo control cuando salta a la vista el acecho al que está sometido el régimen calderonista obligado a depender de quienes fueron, no hace mucho, los principales detractores de los “reaccionarios” de la derecha y ahora se suman, sin pudor, a ellos. Luego vendrán las penitencias.

El Reto

Los mexicanos no tenemos opción para el caso de que un gobierno nos falle. Se estima, en sentido opuesto, que el aval determinado por el sufragio emitido concede a los recipiendarios de la voluntad “mayoritaria” –ya hemos dicho que el término no se sostiene ante la correlación de fuerzas partidistas real, el privilegio de sostenerse hasta por seis años incluso aceptando la pérdida de “popularidad” por el prurito de ser eficaces en el manejo de finanzas y proyectos con vista hacia el futuro.

Esto es, con descaro se renuncia, en la cúpula gubernamental, al concepto de “soberanía popular” so pretexto de estar actuando “con sentido de responsabilidad”. Así lo expresó, por ejemplo, el sinuoso doctor Ernesto Zedillo, tan bien parapetado y protegido, y lo hizo igualmente el señor Vicente Fox, asumiendo que su desgaste era tan solo parte de las facturas a pagar por las decisiones impopulares pero necesarias. ¿Y el concepto toral de la democracia en donde cabe?

Al perderse la esencia se extinguieron los mayores contrapesos. ¿El Legislativo? Ya hemos visto en donde radica su mayor debilidad: en el comportamiento faccioso y chantajista de quienes lo conforman, dúctiles a acuerdos soterrados y concesiones inmorales. Estamos, en este momento, ante un callejón sin salida porque nadie se atreve, en serio, a dar un paso definitorio: el fin del presidencialismo y el comienzo de un parlamentarismo en el que los usos facciosos no fueran soberanos.

La Anécdota

Se llama Lucía y no quiso proporcionar su apellido. Viajó a Madrid en busca de mejores horizontes. El pasado 23 de febrero, como tantas otras estudiantes, se subió al Metro, que transporta a dos millones de personas al día. Descendió en la estación Santiago Bernabeú, próxima al célebre estadio futbolero en donde juega el Real Madrid. Cuando pasó los torniquetes de salida, seis sujetos, cuatro hombres y dos mujeres, de los conocidos como “cabezas rapadas”, la injuriaron por su origen:

¡Eres una india! –le gritaron, insolentes

Después, la golpearon a placer, a ella y a otra jovencita de origen estadounidense. A Lucía la dejaron tirada con varias fracturas. Curioso: sólo los cotidianos de distribución gratuita, como el “Qué”, con una circulación de casi un millón de ejemplares en cada jornada, recogieron la historia.

Por supuesto, en la embajada de México se desentendieron:

Es que, ¿sabe usted?, han retirado al embajador (Gabriel Jiménez Remus) y estamos a la espera del nuevo.

Por supuesto, hay otras prioridades. Lo mismo en Arizona, sede de los irascibles “Minutemen”, cazadores de seres humanos, que en la capital del oso y el madroño en donde los vientos fascistas comienzan de nuevo a dejarse sentir.

Web: www.rafaelloretdemola.com

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