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Edición sábado, 10 de marzo de 2007

Desafío (Edición Impresa)

Relaciones infectadas

Rafael Loret de Molasábado, 10 de marzo de 2007

Los mandatarios estatales de filiación priístas dejaron perder, lamentablemente, una de las batallas trascendentes para recuperar la rectoría federalista de nuestra República: al no contar con un presidente correligionario al que comprometían disciplina y sometían voluntad, pudieron ampliar los cauces de la autonomía... y no lo hicieron. Los más, desde 2000, optaron por someterse a los usos facciosos y a las negociaciones con y desde la cúpula del poder. En el alegato más socorrido se develó el porqué: el imperativo de sobrevivir a la asfixia financiera por no contar con los recursos del centro manejados con discrecional acento por la administración anterior, la de Vicente.

Hubo casos extremos, como el de Coahuila, en los que el retraso en los envíos de las participaciones federales fue consecuencia del distanciamiento entre el presidente y el gobernador porque éste se resistió a actuar facciosamente, esto es procediendo sin más ley que los intereses del grupo en el poder central, considerando que si lo hacía acabaría dañando severamente a su propio partido, el PRI, cuando todavía se mantenían leves esperanzas en su recuperación política. De allí surgió el diferendo sobre la pretendida persecución judicial, sin cargos específicos, contra el cacique de los mineros, Napoleón Gómez Urrutia, casi idéntica a la montada por el régimen salinista para desfondar a la resistente dirigencia de los petroleros encarcelando, de manera arbitraria y con apoyo del ejército, a Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, quien parecía intocable... salvo para el poder presidencial.

La otra perspectiva, la del sometimiento oportunista, la representa otro mandatario estatal norteño, el neoleonés Natividad González Parás, quien hizo las veces de cabildero para “convencer” a sus colegas y pares de apoyar a Felipe Calderón, mediando un documento de rastreros acentos, antes de pronunciarse el fallo del Tribunal Electoral sobre los resultados definitivos de la desaseada y controvertida elección de julio pasado. “Nati”, tras el fracaso estruendoso del abanderado de su partido, Roberto Madrazo, optó por hacer su propia apuesta y lo hizo siguiendo la senda de los institucionales de otros tiempos, esto es reverenciando al poder central para asegurar con ello un trato preferente en cuanto a las disponibilidades, recursos y programas con amplio financiamiento.

Tal es el horizonte en el que se desenvuelven los operativos políticos en el México de las simulaciones. Porque, sin duda, los intentos oficiales para “conciliar” a la crispada sociedad mexicana, representada por partidos que le han quedado cortos en cuanto a visión y destinos, no han sido nobles sino condicionados a reconocimientos, chantajes, acuerdos velados, ajenos al interés colectivo. Por eso, claro, el México corporativo, cuyo garante mayor es el sindicato magisterial bajo las faldas de la novia de “Chucky”, no ha sufrido mella alguna; y algunos de los más perniciosos sujetos del pasado, como Emilio Gamboa, tan bien conectado con los pederastas y otras especies deplorables, gozan de protección y consideraciones sin cuento por sus habilidades... para negociar en lo oscurito.

Muy cara está resultado, entonces, la decisión gubernamental para atemperar el clima polarizado de una nación, la nuestra, tantas veces hollada por el amafiado comportamiento de los cuadros políticos. Lo lamentable es que, para colmo, ello se nos presenta como efecto encomiable de la madurez democrática. Por favor.

Debate

Cuenta el mandatario, quien obedece de acuerdo a la definición clásica, Felipe Calderón Hinojosa, que la cruzada contra la delincuencia organizada ha sido por demás exitosa en las regiones en donde se han extendido acuerdos entre los distintos niveles de gobierno. En Michoacán, por ejemplo, la entidad regida por el perredismo cardenista –es necesario ahora poner apellidos para explicar las coyunturas, los avances han sido más bien pobres. Da la impresión de que los grandes “cárteles”, en pleno reacomodo, han optado por abrir lapsos, algo así como una perentoria bandera blanca, antes de recobrar la iniciativa de la violencia, en tanto el señor Calderón se posiciona. Sólo eso, en ausencia de un firme saneamiento de las fuentes oficiales infectadas, el ejército y las autoridades judiciales entre ellas.

No es razonable, en tales términos, cantar victoria tan temprano... cuando más bien se esta midiendo el talante y la resistencia de un presidente que debió asumir su mandato, con el eso de los simbolismos, llegando por la puerta trasera del Congreso y saliendo por la misma en medio de una batahola que envolvía en sarcasmos a los representantes de los gobiernos “amigos”, obviamente conmovidos por el magro espectáculo. De allí los espacios vacíos y las declaraciones precipitadas.

Para infortunio de los mexicanos, el gran combate contra la delincuencia organizada no se está dando porque, como subrayamos al principio de esta columna, se opta por la negociación subterránea con una buena dosis de chantajes mutuos y, sobre todo, de valores entendidos. A Gamboa, por ejemplo, en usufructo del fuero constitucional, no se le investiga siquiera por sus conexiones fatales con tal de asegurar su apoyo, y el de la descastada fracción priísta, en la Cámara baja a favor del grupo en el poder. Dicen que en estas condiciones los “institucionales” resultan bastante más fieles que los panistas de cepa atizados, por su parte, desde la dirigencia nacional de su partido en donde tanto se protege y anima al más hablador de los ex presidentes, el señor Fox, obviamente también el más mentiroso y demagogo de cuantos gozan de la cómoda y redituable impunidad.

La lealtad, entonces, se marca de acuerdo a los intereses de grupo y a las apuestas, muchas veces personales, de los líderes con posibilidades de asegurar pautas y refugiarse bajo el cobijo de la impunidad. No hay diferencia alguna con la metodología del pasado cuando la disciplina extendía la preeminencia del Ejecutivo federal salvo una: el plano negociador del mandatario es acaso el más débil en la correlación de fuerzas políticas nacionales. Por ello, claro, las condiciones crecen y el gobierno cede a cada rato.

Mientras, Fox habla y se dice demócrata.

El Reto

Siempre se ha dicho que lo que más pesa en el ánimo de los hombres públicos es la soledad del poder, ese refugio terrible en el cual no es dable compartir las responsabilidades. Y no es cosa de modelo ni de modas: quienes ejercen el mando –no el mandato, aun cuando se precien de actuar en equipo, saben muy bien cuanto cuesta tomar la última palabra. En la perspectiva actual es ésta la que falta porque el señor Calderón no acaba por definir su propio estilo y más parece un gran contenedor de asperezas que un ejecutor de proyectos.

Por ejemplo, hasta este momento no ha resuelto como proceder respecto a la perniciosa y sostenida presencia de su antecesor, algo bastante más que una sombra, acaso estimulado por su ambiciosa cónyuge quien ya se observa retratada, gracias a su condición de intocable, en los espejos de la Hillary estadounidense o de la Cristina argentina, ambas dispuestas a seguir los pasos de sus esposos célebres. A la señora Marta para ello le hace falta vitalizar al marido sin carácter para que defienda “el proyecto” que no pudo consumar cuando ejerció la Presidencia. ¿O vamos a seguir insistiendo en que el equilibrio económico, supuesto galardón de su régimen aun cuando más bien sea un espejismo, fue obra suya y no de los salinistas que hollaron la alternancia como garantes de la continuidad financiera?

Ya es hora de que el mandatario, Don Felipe, salga del burladero y no sólo grite instrucciones a la peonería dispuesta a pasarle todas las facturas concebibles. Al toro.

La Anécdota

Los símiles revelan intenciones. Así como Carlos Salinas mantuvo a JosephMarie Córdoba Montoya, francoespañol a quien conoció en Harvard a la vera de Rudiger Dornbush, como asesor de lujo y con derecho de picaporte al despacho presidencial, así hoy, el presidente Calderón estimula al muy joven Juan Camilo Mouriño Terrazo, nacido en Madrid si bien de origen gallego y campechano por adopción. El nexo fue motivo para que los diarios españoles saludaran el nombramiento, efusivos:

El segundo de Calderón en México...¡es gallego! –tituló el ABC madrileño.

Y ello nos lleva a otra coincidencia significativa: otra familia gallega, los Vázquez Raña, oriundos de la misma región en la que también se dieron los Mouriño, Ourense, fue la mayor aliada de Luis Echeverría incluso para asegurar las inversiones transexenales de éste. El triángulo no puede ser más cautivador: Echeverría, Salinas y Calderón. ¿Quién dijo que veinte o treinta años no son nada?

Web: www.rafaelloretdemola.com

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