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Edición sábado, 30 de septiembre de 2006

Desafío (Edición Impresa)

A contracorriente

Rafael Loret de Molasábado, 30 de septiembre de 2006

Hacen mucho ruido, desde luego. Aunque, como reseñan algunas crónicas tendenciosas, sean pocos. Quienes protestan en los linderos de las ceremonias y reuniones encabezadas por Vicente Fox y Felipe Calderón, sin embargo, encienden las alertas de cara a una sucesión planteada en términos de conflicto y con una sociedad polarizada a la que se condena a la ausencia de política como ya estuvo ayuna de gobierno. Esto es sin conciliación a la vista y un exceso de convenientes negociaciones con las aristas más negras y sucias del priísmo hegemónico tan estupendamente representado por Emilio Gamboa y su progenitor político, Miguel de la Madrid, apurados en refrendar las decisiones “institucionales”.

El hecho es que el mandatario saliente y quien es señalado como su sucesor, beneficiarios de la parafernalia del Estado Mayor Presidencial, no pueden estar tranquilos aun cuando lo disimulen con tal de ganar tiempo y espacios. Le apuestan a la contundente sentencia de uno de los líderes empresariales más distinguidos:

Es preferible –dijo tener a López Obrador seis meses en la calle y no seis años en la Presidencia.

Ya van casi tres meses desde la jornada electoral y para algunos la resistencia civil merma por los excesos de quien se autoproclamó presidente “legítimo” basándose en el pronunciamiento de un conglomerado de simpatizantes reunido sobre la plancha del zócalo. Hace unos días, conversando con Nacho Vázquez Torres, quien fuera coordinador de la campaña de Andrés Manuel en Guanajuato, éste me dijo:

Cuauhtémoc Cárdenas desdeñó los acuerdos de la Convención Nacional Democrática porque, según apreció, fueron consecuencia de un mitin al que acudieron correligionarios sobre la base de decisiones tomadas previamente. Entonces, de la misma manera, tendría que descalificar la expropiación petrolera, en 1938, cuya fuerza devino de la concentración popular... en el zócalo, también.

Para cada tesis, una réplica. Y no salimos de la crispación. Quizá tal sea el argumento que explique, con mayor tino, la amarga sensación que acompaña a Calderón por doquier: no convence porque, en el fondo, no puede resolver el desafío de su ilegitimidad de origen. Y es que, sencillamente, no es Carlos Salinas ni se parece a éste. Aquel, el célebre “gnomo de Dublín” ¿por qué no permaneció allí, en Irlanda?, era capaz de disfrutar incluso con el bochorno de la protesta: como se sentía superior observaba a los inconformes con displicencia seguro, además, de contar con los hilos del poder real entre las manos. Calderón, en cambio, se formó como demócrata –para algo sirvieron las enseñanzas de su ilustre progenitor, Don Luis Calderón Vega, y no puede diluir, automáticamente, los tremendos nubarrones que ocultan el fondo de su designación. Salinas se mofaba; Calderón, sufre.

La diferencia es sustantiva aun cuando algunos pontifiquen asegurando que no es dable comparar los escenarios de 1988 y 2006 porque ahora las “instituciones” son más sólidas. Cuando Cárdenas pretendió sumarse a esta tendencia acabó por confirmar lo contrario:

El problema –dijo no son las instituciones sino quienes las administran.

Y en tal sentido, nos queda claro, la solvencia o la inmoralidad de consejeros y magistrados que confluyeron hacia el veredicto a favor de Calderón quedará, al paso de los meses, determinada. Veremos entonces.

Debate

A salto de mata, como encabezó un cotidiano afín a la izquierda, igualmente polarizado, Fox y Calderón socavan la importancia de los pronunciamientos públicos en idéntico grado a la manera como los exaltaban años atrás cuando ellos eran protagonistas de las protestas. Sencillamente se mudaron detrás del escritorio y la perspectiva cambió de modo por demás dramático.

Así las cosas, el elitista Estado Mayor asevera que prepara “perros adiestrados” para contener a las multitudes soliviantadas y poder así contenerlas y controlarlas. Una visión, desde luego, muy democrática que acaso nos obliga a recordar al célebre Franco, aquel que se exaltó a sí mismo como el “caudillo de España por gracia de Dios”. En la consolidación de la dictadura, el gallego definió su perspectiva:

Si para que haya paz en España es necesario suprimir a la mitad de los españoles... ¡lo haremos!

Los fundamentalistas de hoy en día seguramente encontrarán en la sentencia la fórmula ideal para ampliar coberturas reduciendo los escenarios, esto es cercenando a los adversarios e ignorando que detrás de ellos se encuentran millones de mexicanos listos a formar los tsunamis políticos: van y vienen como las grandes marejadas pero dejan huella indeleble de su paso. Así, el primero y el dieciséis de septiembre. No hace mucho.

Me pregunto si realmente se requieren tantos canes de caza como los que prepara el Estado Mayor para reprimir sin que se vean las tanquetas. Bastaría, creo, con llamar a algunos de los grandes aliados del momento, entre ellos Miguel de la Madrid, Emilio Gamboa y Elba Esther, la “novia de Chucky”. Formando un cordón alrededor del personaje central de la trama, en fase de formar “un gobierno de coalición” que “rebase por la izquierda” a sus opositores, serían intransitables y le quitarían al sueño al más soñoliento de los mortales. Cada uno, una pesadilla; cada cual, un cómplice dispuesto a pasar y cobrar facturas con algo más que migajas del poder. Quizá por eso se siente intocable Gamboa; y se animó a mostrarse De la Madrid, en plena apoteosis de reconocimientos superficiales.

¿Es tal lo que presenta como innovación el gran beneficiario de la controversia poselectoral? Porque resulta, claro, que a mayor uso de la represión menor capacidad de diálogo. Lo mismo en el caso Oaxaca que se dejó crecer para reducir y vencer al priísmo más reacio a las negociaciones con la derecha; el otro, aquel que representan personajes de la talla de Gamboa, Diódoro Carrasco y Genaro Borrego, unidos todos por los mismos hilos conductores, puede ser cooptado mediando los privilegios del poder reflejo.

¿Le enorgullecen, señor Calderón, tales “nuevos” simpatizantes?

El Reto

Carlos Medina Plascencia, ex gobernador interino de Guanajuato, ha sido llamado para coordinar los “eventos” de la toma de posesión del señor Calderón, el primero de diciembre. Curiosa responsabilidad la de este personaje quien, por cierto, fue utilizado para destrabar la conflictiva poselectoral en su entidad, en 1991, cuando el foxismo ganó las calles, incendió plazas, tomó aeropuertos y exigió la apertura de los paquetes electorales no cesando hasta conseguir romper con la transición institucional.

Medina, por tanto, es experto en materia de salidas laterales y en concertacesiones. ¿Habrá sido este perfil, basado en antecedentes incontrovertibles, lo que llevó a los operadores de Felipe a seguir poniéndose en manos del apretado “grupo Guanajuato”? No olvidemos que Calderón dijo enorgullecerse, como michoacano, de suceder a un guanajuatense en el poder como antes, en la guerra de la Independencia, otro guanajuatense, Hidalgo, cedió el relevo a un ilustre michoacano, Morelos.

Los mesianismos se encuentran y se tocan como los extremos.

La Anécdota

1991 gestó dos antecedentes insondables. En Guanajuato, como ya apuntamos, el priísta Ramón Aguirre, luego de ser declarado “gobernador electo” por el Congreso estatal, renunció a ejercer el cargo para el cual se postuló dando lugar y espacio al interinato de Medina Plascencia por cuatro años en contraposición a lo ordenado por la Carta Magna.

Y en San Luis Potosí, la marcha vigorosa del emblemático doctor Salvador Nava, quien logró el “milagro” de aglutinar al PRD y al PAN en la misma causa, logró vencer hasta de consumarse su arribo a la ciudad de México: el priísta Fausto Zapata, a quien le bajaron los pantalones cuando intentó llegar a su despacho de Palacio luego de tomar posesión casi de manera clandestina, no duró en su encargo de gobernador sino poco más de una semana, copado y afrentado.

1991. Quince años, al fin y al cabo y como reza el tango, no son nada.

Web: www.rafaelloretdemola.com

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