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Edición lunes, 15 de mayo de 2006

Desafío (Edición Impresa)

Presidentes reelectos

Rafael Loret de Molalunes, 15 de mayo de 2006

No sólo la tendencia hacia la izquierda está teniendo éxito en Latinoamérica; también resulta sintomática la vuelta de los ex mandatarios al poder gracias a los esquemas democráticos. Recientemente tomó posesión en Costa Rica, Óscar Arias, quien ganó prestigio al frente de la Organización de los Estados Americanos y luego al ser distinguido con el Premio Nóbel de la Paz; y muy posiblemente, el 9 de junio, el controvertido peruano Alan García obtendrá la victoria electoral, sumando las animadversiones contra el izquierdista Ollanta Humala, aun cuando los saldos de su primera gestión presidencial hayan sido deficitarios.

Las segundas vueltas comiciales, como la que se desarrolla en Perú, tienden sí a rescatar el valor de la voluntad mayoritaria contra los efectos del sectarismo. En México nos hemos quedado muy atrás en cuanto a la evolución democrática a pesar de que, desde 1994, los vencedores de las justas presidenciales, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, no lograron validar su proyecto con el consenso de la mayoría de los votantes y menos lo hará quien resulte triunfador en este 2006 pues se estima que sólo el 20 por ciento de los empadronados le avalará, es decir uno entre cada cinco presuntos votantes.

Pero, ¿cómo es que los ex mandatarios pueden tener retornos felices aun con la satanización sufrida tras sus respectivos finiquitos? Desde luego cabría separar a Arias de García porque existen diferencias sustantivas entre ellos. Arias proviene, políticamente, de una de las democracias menos contaminadas del continente, la de Costa Rica, gracias a la madurez de una sociedad que rechaza, por ejemplo, el mantenimiento de las elites militares para hacer valer otro tipo de argumentos; y García fue, acaso, uno de los más notorios populistas de su época 198590 si bien obtuvo resultados importantes en la primera etapa de su mandato.

Recuerdo que la asunción de Alan fue vista con optimismo por no pocos observadores. En Argentina, por ejemplo, los referentes no dejaban lugar a dudas:

Díos mío –rezaban las pintas callejeras ¡danos un presidente como Alan!

¿Y qué hizo García? Optó por pagar la deuda externa de su país –entonces de 14 mil millones de dólares utilizando para ello sólo el 10 por ciento de los ingresos anuales derivados de las exportaciones. La medida, claro, provocó una oleada de entusiasmo general... hasta que en 1988 las reservas se agotaron y sobrevino la parálisis como amargo legado. El fenómeno social terminó por catapultar al clasemediero Alberto Fujimori, “el chino”, quien pasó por encima del novelista universal Mario Vargas Llosa, primero, y después se erigió en dictador, a partir de desconocer al Congreso, perpetuándose en el poder hasta su dramática caída. Luego sobrevendría para él la persecución política.

Curiosidades, al fin, Fujimori también intentó su regreso, incluso pensando en vindicarse como candidato presidencial, antes de ser detenido a petición del gobierno peruano. ¿Por qué vuelven los ex presidentes?

Quizá por el propósito ingente de ganar la historia cuando perciben haber perdido el juicio definitorio. Y tal es el sustento de sus propias existencias bajo la asfixia del ostracismo y la marginación.

Quizá este sea el factor que impulsa a quienes pasaron por Los Pinos, con todo y sus cargamentos familiares, a no sacar las manos de la palestra aun cuando disimulen acentos e influencias con diversos matices, pasamontañas incluidos.

Debate

Por detrás de los postulantes a la Primera Magistratura ha sido factible observar las sombras de algunos personajes cuyos tiempos mejores ya pasaron. Tres sobre todo, si bien guardadas las proporciones: el ex presidente Carlos Salinas, el gran armador de intrigas; Vicente Fox, en ejercicio de publicista irredento; y Cuauhtémoc Cárdenas, guía moral del perredismo ante la descomposición de sus cuadros.

Cuauhtémoc, sin duda, ha sido el más discreto. Buscó una cuarta candidatura pero no se empeñó en sostenerla cuando se percató de que su liderazgo ya no alcanzaba para extender coberturas. Y optó, al fin, por desmarcarse no sin hacer amagos, como los encuentros con el priísta Roberto Madrazo, para señalar hacia las serias desviaciones conceptuales en las que han incurrido sus correligionarios. Hasta allí, por el momento.

El señor Fox, en cambio, maniobra y pretende no ser visto aun cuando es notoria su torpeza operativa. Por ello prohijó la más singular de las campañas de cuantas se tengan memoria: los errores marcan el rumbo de las encuestas y éstas gobiernan el proceso frente a una comunidad hastiada cuya tendencia mayoritaria es la abstención, más por hastío que por conformismo. Quienes han crecido, primero Andrés Manuel y después Calderón, lo han hecho como efecto de los traspiés de sus adversarios y no por elevar sus niveles de credibilidad pública. Por eso se habla “del menos malo” catapultado desde las penumbras de la mediocridad.

Y Salinas, el personaje de las tenebras –se habla de él como de una figura mítica, insondable, no cesa en su intento de conducir y manipular a la opinión pública sin siquiera mostrarse. ¿Acaso la violencia incontrolable del presente, con ribetes extremos como los de Atenco, no es símil de la barbarie de 1994 cuando se modificó el perfil sociopolítico del país? Extraña, por ello, la resistencia de los grupos anarquizantes y hasta de la única guerrilla pacifista de la historia sin otro sustento que los levantiscos y el innegable intercambio de chantajes sobre las laceraciones comunitarias mantenidas a pesar del espejismo del “blindaje financiero”.

Las tres sombras son, en sí, evidencias excepcionales de las disfrazadas tendencias reeleccionistas aun cuando, por el momento, los titiriteros no puedan validar sus propias ambiciones de manera directa.

El Reto

¿No fue evidente que el concepto de “pareja presidencial” exaltó, desde julio de 2001 con la boda presidencial en Los Pinos, el inocultable propósito de proveer una reelección disfrazada? Me pregunto qué hubiera sucedido si no se desata a tiempo –mayo de 2003 la denuncia pública contra las ambiciones de la señora Marta, convertida en bastante más que en el poder detrás del trono.

Y no han faltado precipitados que soliciten, a voz en cuello, la permanencia del señor Fox como reválida a una administración paralizada y negligente que exalta como logros los saldos financieros que devienen de la continuidad y no de los marginados propósitos de cambio. Es ésta, sin duda, la mayor de las contradicciones políticas de la época.

Pareciera, y esto es digno de análisis, que las tendencias se mueven entre la izquierda y el reeleccionismo, a veces disfrazado con los prestanombres y los títeres ¡hay tantos!, para asfixia de los pueblos endeudados cuyo futuro está cada vez más alejado de la exaltación de las soberanías. Abundaremos.

La Anécdota

Se hace cada vez más notorio el símil entre José López Portillo y Vicente Fox Quezada. Ambos personajes, quiérase o no, se vieron limitados por sus respectivos entornos femeninos o, mejor dicho, por la ausencia de carácter para separar los deberes públicos de las debilidades personales.

En tiempos del extinto Don José, la residencia oficial sirvió de marco para las bodas de sus hijas, Carmen Beatriz y Paulina; la segunda contrajo nupcias con Pascual Ortiz Rubio Downey, descendiente directo del ex presidente del mismo nombre, el 29 de mayo de 1981.

Don Vicente no se queda atrás. Vicente, su primogénito, se matrimonió durante el actual periodo presidencial y Paulina –otro referente obligado para enlazar a Fox y López, lo hará el muy próximo día 20 con Luis Aguilar Pizarro, si bien, por decisión de ella, la ceremonia se hará lejos de la residencia oficial. Bien por esta Paulina, hay que decirlo, acaso la más discreta de las integrantes de las dos “primeras familias” cuyo paso por el poder, en este sexenio, no será sencillo olvidar.

¿Simples casualidades?

Web: www.rafaelloretdemola.com

Email: rafloret@yahoo.com.mx

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