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Edición martes, 28 de octubre de 2003

Para una conducción segura

Por
Agencia
martes, 28 de octubre de 2003

Cuando alguien sale a la carretera nunca piensa que va a tener un accidente, pero muchos de quienes conducen se asombrarían de saber cuán cerca pueden estar de sufrirlo al acumular numerosos factores de riesgo que afectan negativamente su capacidad de conducción y aumentan el peligro de acabar con la vida propia o ajena, en una fracción de segundo y con las manos al volante.

Para el doctor Javier Alonso Santos, experto europeo en medicina de la conducción, “las gripes y los resfriados no suelen impedirnos conducir, pero sí los efectos secundarios de los medicamentos que se toman para tratarlos, como los antigripales y los antibióticos, que pueden causar somnolencia”.

Además, los antidepresivos hacen que los pacientes reduzcan considerablemente la atención. Esta es la causa de unos 600 accidentes mortales de tráfico al año, sólo en Gran Bretaña. Aunque los prospectos de algunos medicamentos advierten que pueden producir somnolencia y que es peligroso conducir bajo sus efectos, muchos pacientes no toman conciencia del riesgo que corren al conducir en estas condiciones.

Los especialistas recomiendan, antes de tomar un medicamento, leer el prospecto que advierte sobre los riesgos de sus efectos secundarios, y no ingerir un fármaco sin consultar al médico sobre su posible repercusión en la capacidad de conducción.

Muchos individuos hipertensos conducen sin inconvenientes. Para el doctor Alonso Santos, aquellas personas que no superen los 120 milímetros de mercurio de tensión arterial diastólica no tienen porque verse dificultadas para conducir un automotor.

Azúcar en la sangre, peligro en el asfalto. La diabetes mellitus, una enfermedad que produce un alto nivel de glucosa o azúcar en la sangre, es causa de impedimento para conducir. Ello sucede cuando la persona sufre una acidosis, consistente en un aumento de la acidez en la sangre, o bien una hipoglucemia aguda ó disminución brusca de la glucosa en la sangre, ambas debidas a un tratamiento farmacológico excesivo.

Los especialistas consideran que un trastorno psíquico puede impedir la conducción cuando afecta de forma apreciable la personalidad, conlleva un funcionamiento intelectual deficitario o produce una idea obsesiva de suicidio o tendencias agresivas.

Según Alonso Santos, en los casos de pacientes con males neurodegenerativos, que afectan la actividad cerebral, como el Alzheimer o el Parkinson, el porcentaje de accidentes aumenta considerablemente comparado con el de la población sana.

Cuando los trastornos de la ansiedad no son severos no tienen porqué afectar la capacidad de conducción, aunque algunos estudios indican que los enfermos psiconeuróticos, con ansiedad o depresión, tienen un 50 por ciento más de accidentes.

Para Alonso Santos, “con un buen tratamiento no tiene porqué haber problemas: el depresivo tiene que ser consciente de su problema, ponerle remedio, tener cuidado y conducir”.

Según un equipo de psiquiatras de Santa Ana (California, EEUU) dirigidos por el doctor Martín Brenner, que estudian el estrés de las personas que viajan a diario en su país, saltarse los semáforos en amarillo o en rojo para ganar tiempo, ponerse rabioso en silencio o gritar obscenidades a los otros conductores, pueden ser prácticas muy peligrosas para la salud.

Los especialistas estadounidenses han concluido que estas actitudes pueden contribuir a una subida de la presión arterial y a favorecer una enfermedad cardiaca, y que además éstos estados son responsables de muchos accidentes de tráfico.

Aparcar la hostilidad

Para mantenerse tranquilo frente al volante, Brenner aconseja ceder ante los conductores “odiosos”, ser suave en la carretera que es el lugar menos adecuado para ser agresivo, así como evitar leer, fumar o maquillarse mientras se conduce.

El doctor Brenner también recomienda viajar acompañado, no luchar contra el tráfico, sino dejarse llevar por éste, y escuchar una música agradable para olvidarse de los problemas.

Las personas con insomnio crónico sufren dos veces y media más accidentes que aquellas que duermen bien, debido a la sensación de cansancio acumulado durante el día, el cual no se ve suficientemente compensado durante la noche. Si a esto se añade una comida copiosa o diez horas de trabajo, el cansancio, y consiguientemente, el riesgo aumentan aún más.

La medicina relaciona cada vez más los incidentes de circulación con la apnea del sueño: la interrupción reiterada e inadvertida de la respiración durante el sueño durante más de 10 segundos, a menudo más de 100 veces e incluso hasta 500, en una noche.

Estudios recientes han mostrado que este trastorno es responsable del 11 por ciento de los accidentes de circulación que se producen al año en España, es la causa de una cuarta parte de los accidentes de tráfico graves en el Reino Unido, y que quienes sufren apnea cometen más errores conductivos y suelen sufrir percances de circulación más o menos graves.

Los conductores que padecen esta enfermedad, que hace que la persona no descanse por la noche y tenga una excesiva somnolencia y problemas de concentración durante la vigilia, deben consultar a su médico antes de salir a la carretera.

Los riesgos del sobrepeso

Investigaciones recientes efectuadas en EEUU han encontrado que los camioneros excedidos de peso tienen el doble de posibilidades de verse envueltos en un accidente de circulación comparados con aquellos que tienen un peso corporal normal. Esta conclusión también puede aplicarse a los conductores no profesionales.

El peso excesivo es un excelente caldo de cultivo para la apnea del sueño y contribuye a numerosos problemas de respiración nocturna, cuyo principal indicador es el ronquido estentóreo, según explica el autor del estudio, el doctor Riccardo A. Stoohs, de la Escuela Médica de la Universidad de Stanford, EEUU.

Según este investigador, la fatiga, que rápida y casi imperceptiblemente se convierte en somnolencia, juega un papel muy importante en los percances de circulación. Las soluciones: verificar el programa de actividades diarias para asegurarse de que no se está privando de sueño, y controlar la balanza. “Perder los kilos de más siempre ayuda”, afirma el doctor Stoohs.

Una mala postura al conducir pueda convertirse en un peligroso enemigo para las vértebras, músculos, arterias y nervios del conductor, causándole desde dolores, tensiones y un cansancio generalizado, hasta calambres, hormigueos, trastornos arteriales, agujetas, mareos, vértigos, e incluso lesiones.

La postura ideal

Lo saludable es cambiar de postura, buscar el propio espacio, según los expertos en rehabilitación. “Muchas veces no sabemos sentarnos, y cuando se pasan varias horas diarias al volante es fundamental que el asiento esté bien ajustado”, explica el especialista en ergonomía, Alfredo Córdoba. La posición del asiento determina los ángulos que adoptan el cuerpo, las piernas y los brazos. Para que la columna esté recta, con una presión homogénea sobre todas sus vértebras, hay que mover el asiento hacia adelante o atrás, subirlo o bajarlo para que las piernas no estén demasiado estiradas ni flexionadas, y ajustar su respaldo para que tenga el ángulo adecuado.

La mano derecha y los pies deben poder actuar con rapidez y precisión sin necesidad de desplazar los hombros y el cuerpo, manteniendo siempre la columna bien apoyada contra el respaldo. Los codos, ligeramente flexionados para que los brazos alcancen el volante, deben quedar aproximadamente, a la altura de la cintura, hacia adelante, recomiendan los expertos.

El alcohol, que ha sido relacionado definitivamente con la conducción temeraria, la desinhibición y el aumento de la agresividad, produce un efecto de progresión geométrica en el riesgo de accidentes de circulación. Cuando se llega a niveles muy altos en la sangre, seda a la persona y le impide conducir.

Las drogas sedantes disminuyen la capacidad de reacción y las estimulantes alteran el juicio de la realidad y la persona no ve peligro en nada. Las drogas modifican la personalidad y facilitan conductas que en condiciones normales no se producirían.

Para Javier Alonso Santos, una mujer embarazada puede conducir, pero con ciertas recomendaciones. Los últimos estudios médicos aconsejan usar el cinturón de seguridad correctamente ajustado. Un cinturón mal colocado puede provocar lesiones e incluso la muerte del feto. Un estudio efectuado en EEUU con embarazadas víctimas de accidentes de tráfico ha constatado en todas estas mujeres un desprendimiento de la placenta, en la mayoría de los casos debido al impacto contra el volante, lo cual podría haberse evitado usando el cinturón.

Estos y otros trabajos recomiendan usar el cinturón, ajustando la banda horizontal por debajo del vientre, sobre los muslos, y la diagonal entre los senos, para preservar la zona abdominal. Si el cinturón sólo tiene parte inferior, como en la plaza central de los asientos traseros, éste debe colocarse plano sobre los muslos, lo cual evitará salir despedido en caso de un frenazo.

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