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Edición domingo, 06 de abril de 2008

El futuro de Octavio Paz será Carlos Fuentes

Por
Agencia
domingo, 06 de abril de 2008

No me odien, pues aunque no siempre pienso lo que digo siempre digo lo que pienso: Fuentes y Paz son el discurso priísta vuelto belleza poética.

Medio siglo de La región más transparente. ¿Qué revela su relectura?

¿Defecto de Fuentes? Sentencioso. La región más

transparente queriendo ser

parresiasta terminó siendo

retórica: deseando decirlo todo devino tesorero persuasivo. ¿Virtud? No escribía prosa sino prosema.

Ese Fuentes narró mediante imágenes poéticas. Y si Cortázar lo percibía sobremexicanizado es porque Fuentes era muralista.

Al indagar su kit oratorio nótese que el estilo de Fuentes es la logopeia de Paz. No quiero decir que sea su vástago, sino que ambos son dos avatares de una escritura que la cultura mexicana volvió inaplazable.

No me odien, pues aunque no siempre pienso lo que digo siempre digo lo que pienso: Fuentes y Paz son el discurso priísta vuelto belleza poética. No se les puede entender sin el Priato. La lírica enamorada de la épica revolucionaria.

Hay que leerlos siameses. Paz y Fuentes son el ambicentro de una misma visión. Si ahora no nos damos cuenta de esto es porque ahora no nos damos cuenta de nada.

Hágase la prueba: tomando frases de Fuentes —o renglones enteros— se pueden hacer poemas de Paz. (Lo digo con y sin ironía). Son un dúo dinámico.

Por eso Krauze terminó detestando a Fuentes, y dedicándole el mejor ensayo que ha escrito en su vida.

Al principio de su carrera, Krauze se alió con Aguilar Camín para sacar adelante un texto en que intentaban demoler a Paz. Ya sabemos como terminó esa historia: Paz mofándose de ambos y después acogiendo a Krauze.

Muchos años después, en su mejor prosa —que imita, por cierto, a Fuentes—, Krauze demuele a Fuentes porque le duele que Fuentes y Paz sean, a final de cuentas, el matrimonio metafísico que Krauze hubiera querido ser con Paz.

Y no fue más que la ceremonia civil.

Y es que Carlos Fuentes es la mitad de un escritor cuyo nombre es Octavio Fuentes. O quizas, Carlos Paz.

Como no pudo escribir la novela mexicana que escribiría Fuentes, Paz hizo El Laberinto de la Soledad.

Fuentes es el novelista que Paz nunca pudo ser.

Las mejores páginas de las novelas de Fuentes son poemas de Paz. Cuando Fuentes ya no narra como Paz nunca pudo narrar, comienza, por cierto, un Fuentes que no me interesa tanto.

En el porvenir —que tiende a borrar las diferencias insignificantes y firmar bajo un mismo nombre las similitudes sobresalientes—, los libros de Paz serán atribuidos a Fuentes. Nótese que no dije lo contrario. Dejo de tarea, al ocioso lector, averiguar por qué.

Perdón, me he arrepentido. El ocioso lector no es confiable. Así que tendré que dar yo mismo la ociosa respuesta: la poesía suele ser etapa previa a la novela, que cuando la asimila entera, deviene épica.

Homero está hecho de paráfrasis, plagios e imitaciones de otros poetas.

En el siglo XXX, Paz será, sobre todo, parte de Fuentes.

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