Una tarde cualquiera Israel López “Cachao” y su hermano Orestes inventaron el mambo. Luego llegó el “Cara de foca”, Dámaso Pérez Prado, le puso metales y lo hizo famoso. Justo antes de cumplir 90 años de edad, Cachao ha guardado para siempre su famoso contrabajo, el mismo que utilizó hace 3 años cuando se presentó en Tijuana
Un músico de atril no sirve para esto. Porque nada más toca lo que le ponen, no es capaz de inventar algo, ni improvisar.
Cachao.
Intro
El 22 de octubre del 2005 tuvimos la fortuna de ver por última vez a “Cachao” en Tijuana, se presentó con su magnífica orquesta la CineSon All Stars, en el teatro del Cecut. Fue una noche inolvidable en la que la leyenda de la música cubana a sus 87 años (en aquel entonces), demostró cómo la pasión por el ritmo no tiene edad y rebasa cualquier impedimento físico, ya que al Antillano le costaba un gran esfuerzo subir las escaleras y moverse, dadas sus casi nueve décadas de deambular por los caminos del mundo. Recuerdo cómo los organizadores tendieron una innecesaria y kilométrica alfombra roja para que el instrumentista pasara sobre de ella al bajar de la camioneta que lo transportaba, desde el Paseo de los Héroes hasta la puerta del lugar, cosa que nunca aconteció dado que por consejo de sus médicos prefirió llegar por la puerta trasera del teatro, a fin de evitar escaleras y un mayor desgaste físico. Ante tal situación, una docena de edecanes con lindos vestidos y enormes ramos de flores se quedaron como novias de pueblo sin saber a quién atender ante la ausencia del invitado principal y su comitiva. Pero la verdad, eso era lo de menos, porque todos íbamos a verlo tocar y a dirigir su orquesta. Al final, el homenaje que se perdió afuera se lo dieron sobre el escenario en forma de placa al darle las llaves de la ciudad, ante una ovación impresionante, y él como de costumbre, como lo vimos tantas y tantas veces en la televisión o en algún DVD recibió el reconocimiento con una infinita sencillez. Como invitado sorpresa, se subió al entarimado el famoso Tata Güines, celebérrimo percusionista también isleño (que andaba por la frontera) y que había tocado con una buena cantidad de agrupaciones que le atizaban a las sonoridades cubanas. En esa ocasión pretendíamos entrevistarlo para el ahora extinto programa cultural “Fusión”, producido por Jorge Ramos (el roquero, el que ahora se monta con guitarra y voz para darle cuerda a 1973), pero el promotor del concierto nos la jugó como al Tío Lolo prometiéndonos una breve charla con el legendario artista al finalizar el espectáculo, cosa que apenas y ocurrió, porque ya cansado y con ganas de irse a refugiar a su hotel, Cachao nos contestó escuetamente un par de preguntas y terminó diciendo con mucha emoción que Tijuana siempre había sido un lugar muy querido para él porque le traía muy gratos recuerdos.
Su Vida
Israel López Cachao nació en 1918 en la que fuera la casa de José Martí (en la que este hombre ilustre nació en 1853), en La Habana. En la calle de Paula # 102, Barrio de Belén. “Ahí nacimos todos los hermanos, y todos los días 28 de enero teníamos que abandonar la casa porque todas las escuelas desfilaban por allí. Nosotros volvíamos al día siguiente. Así fue todos los años, hasta que en 1919 el Gobierno nos mandó mudar declarando la casa monumento nacional”. Contaba también con gran hilaridad haciendo señas, que cuando empezó a tocar el contrabajo apenas y lo alcanzaba. “Me tenía que subir a un cajoncito, imagínese usted. Pero cuando crecí me dije; Pero miren en qué problema me he metido con este instrumento, que tengo que estar cargándolo de aquí para allá”, decía siempre riendo. “Lo que pasa es que en la familia mía todo el mundo es contrabajista. Mi hermana, mi hermano, mi madre, mi padre y yo. Los cinco. Y ahora me entero de que en estos 40 años que yo llevo acá en Miami hay como 35 bajistas en la familia, y ya no sé si esto me emociona o me mete miedo”. Hace un poco más de 70 años que Cachao y su hermano mayor Orestes inventaron el mambo. Orestes, bebedor y mujeriego, era su ídolo musical. Y los dos –Orestes tocaba el chelo y Cachao el contrabajo eran miembros de la orquesta de Arcaño y sus Maravillas. “El danzón era muy sencillo y le hicimos un viraje de 180 grados. Cuando se hizo el mambo, en la parte final del danzón, se hizo con una velocidad increíble y la gente no podía bailarlo. Entonces acordamos reducir la velocidad. Luego el chaparrito “Cara de foca”, Dámaso Pérez Prado, le aumentó la velocidad a la que teníamos nosotros anteriormente porque ya era otra época y se bailaba diferente, modificó nuestro mambo al agregarle metales (trompeta, trombón, saxofones) y lo hizo famoso”. Fue en 1993 cuando el actor Andy García lo rescató del olvido grabándole el disco “Master Sessions”, y rodando el documental “Como su Ritmo no hay Dos”. “Él estaba haciendo “El Padrino” en Los Ángeles y fue a verme tocar en San Francisco. Yo no sabía que era hijo de un gran amigo mío”, decía Cachao. Tampoco Andy García sabía entonces que conocía muy bien a su padre. Un día García le dijo a su padre que quería hacerle un homenaje a un músico que apreciaba mucho que se llamaba Cachao. Entonces le respondió: “¿Y en dónde está el sinvergüenza ése que dices, que hace mucho que no lo veo?”. Hasta su desaparición física, Cachao llevaba tocando sin parar desde 1926 y casi cumplió su deseo de terminar su “Farewell Tour: 80 Years of Music” con el que deseaba recorrer y despedirse de todos los amigos y seguidores que compartieron con él la temperatura de su música.