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Edición domingo, 30 de marzo de 2008

Los lectores españoles consideran “surrealista” la realidad mexicana: Élmer Mendoza

Por
Agencia
domingo, 30 de marzo de 2008

Nacido en Culiacán, en 1949, autor entre otras novelas de Un asesino solitario y El amante de Janis Joplin (recientemente reeditada en la Colección Maxi de Tusquets), Élmer ha sido uno de los estandartes de la llamada “Literatura de la Frontera”

“Me revisé la cintura para ver si traía calzones”, responde el escritor sinaloense Élmer Mendoza, al preguntársele cual fue su reacción al saberse ganador del III Premio Internacional de Novela Tusquets, “se siente… como cuando uno es niño…”

El nombre de Élmer Mendoza les resultaba familiar a los lectores de España, lugar sede del citado galardón, entre otras cosas por haber sido reconocido como “maestro” de Arturo Pérez Reverte cuando éste incursionó en la novela de narcos con La reina del Sur. Con su obra ganadora, Balas de plata, Mendoza demuestra por qué el autor ibérico quedó tan deslumbrado con su estilo y sus temáticas: “Para ellos (los españoles) más que ser un escritor mexicano, soy un escritor latinoamericano –cuenta Élmer, sumamente emocionado . Esto se debe, supongo, a que los autores del “boom” se manejaron en bloque y no por nacionalidades.”

“Detectaron, eso sí, que es una literatura diferente, sólida, llamativa. Los de prensa consideran que los lectores españoles van a encontrar algo nuevo, y lo mismo puede suceder que se lea masivamente o se lea con mucha precaución, pero de que sacude, sacude…”

Nacido en Culiacán, en 1949, autor entre otras novelas de Un asesino solitario y El amante de Janis Joplin (recientemente reeditada en la Colección Maxi de Tusquets), Élmer ha sido uno de los estandartes de la llamada “Literatura de la Frontera” y una de sus virtudes estilísticas consiste en darle un giro radical a los asuntos que toca. En el caso de Balas de plata, trastoca los parámetros tradicionales de la novela negra y nos entrega un detective –el Zurdo Mendieta que es, dijéramos, un “tierno de closet”; temeroso del sexo femenino, añorante de in viejo amor, que se hace tratar por un psiquiatra para superar un trauma de infancia, relacionado con un abuso sexual: “He tratado de desarrollar la teoría del personaje entrañable: ¿qué tenemos que hacer los narradores para lograr que nuestros personajes pasen a formar parte de la cotidianidad de los lectores? Lo que buscaba con el Zurdo Mendieta era eso. El espectro en torno a los detectives literarios es de lo más interesante, pero algo que suele emparentarlos es el misterio en torno a su personalidad. La vida de “el Zurdo” la conoceremos en su totalidad y la seguiremos a la par del caso que lo ocupa. Odia a los narcos pero reconoce que no le queda otro remedio que convivir con ellos. En este caso, la vida de “el Zurdo” forma parte activa de la trama. Quise hacer de él el personaje, pero no por sus habilidades como investigador, sino como persona que tiene una historia.”

Ubicada en Culiacán, llena de referencia de calles, lugares y personas reales, Elmer lleva ese realismo al trato cotidiano entre los hombres que, entre más machos, más “se putean” entre ellos, es decir, se denominan homosexuales entre ellos: “Espero que los españoles se lo tomen como una ligereza en el discurso literario, y no tan a la tremenda –ríe el simpático escritor. Hablamos de un código lingüístico con ciertas particularidades, pero la verdad es que, lo que más llamó la atención, fue la frase con la que abre la novela: “La modernidad de una ciudad se mide por las armas que truenan en sus calles”. Nunca me atreví a confesar que el primer capítulo lo escribo hasta el final y hago el juego para que el lector lo pase bien, que entre por la puerta grande. La frase tiene muchísimo peso porque develaba una realidad de cómo el armamento de nuestra policía resulta obsoleto frente al de la delincuencia organizada.”

Élmer confiesa que los españoles encontraron muy “surrealista” el hecho de que Marcelo Valdés, el narco de la historia, manipulara al gobierno y la policía y fuera un hombre respetabilísimo y padre de familia, “Hay en la policía española y europea en concreto, una corrección admirable. Les queda la duda de si lo que digo en la novela es ficción o realidad.” También se quedaron con la duda de si las mujeres de Sinaloa son tan hermosas, inteligentes, seguras de sí y dueñas de su vida como Samantha, Goga, Mariana, Laura y la teniente Gris Toledo y su inseparable lata de Coca Light lo que, señala Élmer, es lo más próximo a la realidad de la novela: “A mí me criaron mujeres bien plantadas… en mi infancia no hubo hombres que llevaran la batuta y ahora la mayoría de mis amigas son así, mujeres con un proyecto de vida, con un bagaje arrollador, sólido, amplio y están haciendo cosas admirables. Es un modelo de mujer que me encanta, pero fue hasta ahora que las hice centro de la trama. Me encanta sobre todo Samantha, que es una tipa muy dura pero siempre capaz de derramar una lágrima.”

El jurado integrado por Juan Marsé, Almudena Grandes, Jorge Edwards, Beatriz de Moura y Evelio Rosero (ganador del año pasado con Los ejércitos), otorgó el III Premio Tusquets de Editores de Novela 2007, por unanimidad, a Balas de plata, gracias a “la rabiosa modernidad en el uso del lenguaje, en la estructura narrativa hermanada con los últimos lenguajes televisivos y en el ritmo endiablado que, como la mejor novela clásica, no da tregua al lector hasta su desenlace.”

Actualmente, Élmer Mendoza trabaja en una novela fantástica que transcurre en el desierto.

Un escritor de la cultura del narcotráfico

Un policía mexicano que odia a los narcos, aun cuando la honestidad no sea absoluta porque participa de los sobres, “ese reparto de utilidad quincenal o mensual que dicen que reciben muchos”. Esa característica le funcionó al escritor como contrapunto y hasta como parte del romanticismo que podría rodear al personaje.

“Al principio fue como un acto de fe, de hablar de la necesidad de que nuestra policía fuera honesta, pero después ya no descubro otra razón.”

La saga que comienza

En la investigación del asesinato, El Zurdo Mendieta se involucra con los narcos más poderosos de la región y hasta del país, al grado de que en la trama juega con la idea de un político que podría suplir a un candidato presidencial, para lo que necesita contar con la aceptación del crimen organizado.

“Siempre me ha gustado darles sus piquetes de panza a los políticos. Una de las cosas que más me impactó de las elecciones presidenciales del 2006 fue la especulación de que iban a sustituir a (Roberto) Madrazo, además estoy seguro de que una de las necesidades de los políticos es el dinero: de dónde salió, esa es la gran pregunta.”

El protagonista de Balas de plata tiene las mismas iniciales de su autor: EM, Edgar Mendieta y Élmer Mendoza, un hecho relacionado más con la posibilidad de haber creado al personaje de una saga de literatura policiaca.

“Cuando me planteo la historia como un balance de lo hecho hasta el momento, pienso que me urge terminar mi novela fantástica; pero también parece que puede convertirse en una saga, lo que significa que debo seguir en el género. Al final, si a los lectores les gusta, a lo mejor hay un segundo libro con El Zurdo Mendieta.

“Eso sí, cuando terminé de corregirlo me quedé prendido. Eso no lo había experimentado antes y creo que eso explica por qué los escritores de novelas policiacas siempre hacen una segunda: el personaje se queda vivo, moviéndose todavía.”

Por cierto, la mujer de las lágrimas, quien era muy amiga de Élmer Mendoza, ya falleció.

En la cultura del narco

A Élmer Mendoza no le molesta en lo absoluto el ser considerado como un escritor de la cultura del narcotráfico, al contrario, piensa en esa etiqueta como la definición de sus años en las calles, en las cantinas… en su vida de su natal Sinaloa.

Y si bien ya escribió una novela que lo alejó un poco de esa atmósfera —Cóbraselo caro, con la cual buscó aproximarse a la estética de Juan Rulfo—, desde hace varios años trabaja en una obra que lo acerque a la otra forma de lo fantástico.

“Al terminar la promoción de Balas de plata me voy a meter en serio con la obra, la tengo muy avanzada; el problema es que cuando me ocupo en exclusiva de ella veo los errores, los defectos, las líneas narrativas que podrían ayudarla. Se trata de uno de mis sueños de toda la vida.”

Sin título hasta el momento, unos chicos quieren construir la catedral de su pueblo y para conseguir dinero se lanzan en busca de El Dorado, el mítico lugar donde se encuentra el tesoro de los pueblos prehispánicos.

“La imagen que tengo ahora me gusta mucho, es muy épica. A veces me da risa porque hay quienes me ven como muy ‘cabrón’ y así, pero cuando me conocen saben que soy un tipo tranquilo. Si uno de los valores de mis libros ha sido manifestar esas situaciones —la cultura del narco—, ha sido inevitable.”

* Diario MILENIO

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