El legítimo sueño de convertirse en profesionistas es ya una realidad para 32 jóvenes que hace unos días egresaron de la carrera de Psicología en la Universidad Univer. Logro digno de una celebración a la altura, muy festiva. No podemos permanecer indiferentes al resultado de la constancia y dedicación a través, no de tres años que les llevó cursar los estudios universitarios, sino de algo que se inició desde que tomaron conciencia de que el futuro existe y había que elegir a qué dedicar la vida.
Nueve cuatrimestres, asistir a clases, cumplir tareas, preparar exámenes, buscar información, leer, leer mucho, investigar, desvelarse estudiando o terminando un reporte, sobre todo aquellos -quizá mayoría- que combinaron trabajo y estudio para alcanzar su meta, son parte de este logro, por supuesto también lo son los momentos alegres que compartieron en las aulas, las tardes de fiesta, la camaradería, el disfrute de vacaciones y el regreso después de una o dos semanas de descanso que a algunos alcanzaba para visitar a sus familias que viven lejos (¿verdad, Martha?), o para dedicarse a dormir y reponer las energías para el siguiente ciclo, los regresos a la rutina, pase de lista, preparación del tema para exponer en clase, buscar el sitio para llevar a la práctica lo que estamos apren-diendo. Todo esto llegó a su fin.
Ahora… cumplir con prácticas, servicio, tesis y todo aquello necesario para obtener el preciado título.
Pero esto es sólo el principio del camino. Tienen las armas, las adquirieron en la escuela. Darles buen uso, adquirir la destreza que da el profesionalismo, convertirse en expertos, ejercer con ética, son los nuevos retos. Por eso hay que celebrar. La vida estudiantil cerró la puerta (posgrados y demás son otra cosa). Este es el "parteaguas", el antes y después. El miedo quizá a enfrentarse a la realidad profesional. De aquí en adelante tienen que valerse por sí mismos como profesionistas. ¿Qué clase de psicólogos quieran ser, es una decisión personal, a qué dedicarse, cómo y dónde ejercer? Son preguntas que algunos se están planteando. Otros tienen las respuestas desde hace mucho.
Que ya hay mucho psicólogos. Que para qué tantos. ¿No son demasiados ya? Preguntarán algunos, pero la realidad nos dice que la profesión es necesaria y que más los será en el futuro. La práctica profesional de la Psicología posee una importante función social: colaborar al bienestar humano, a la armonía en la convivencia, a la prevención de verdaderos cánceres sociales como las adicciones, la violencia intrafamiliar, los cada día más frecuentes delitos sexuales, el ayudar a una persona a recupe-rar la fe en la vida, la alegría de vivir, y tantas tareas. Mientras existan estos problemas habrá de precisarse de profesionales de la ciencia del comportamiento.
Univer, como varias de las instituciones de educación superior de la localidad, se ha dado a la tarea de preparar científicamente a psicólogos para aportar a la solución de estos problemas y recién egresa su primera generación integrada por Alejandra Acosta, Rosenda Aldaco, Lizbeth Becerra, Adela Castro, Beatriz Coutiño, Yorleniz De la Cruz, Martha García, Seve García, Rocío Iñiguez, Yadira López, Natalia López, Eduardo Mojarro, Libertad Muños, José Carlos Pérez, Paola Ramírez, Alma Salazar, Iris Solórzano, y Arturo Torres en el turno matutino, por cierto, mis ahijados, y Clemente Acosta, Trinidad Ávila, Consuelo Castro, Juanita Chong, Luz Flores, Miriam González, Karina Gutiérrez, Mara Hernández, Beatriz Lilli León, Salomón Lepe, Armando Macías, Mar Morales y Lilian Rodríguez.
Desde este espacio cultural les deseamos éxito y que el "Ser, Crecer, Saber y Dar" -como el lema de Univer reza- se convierta en una misión personal y que el compromiso de un ejercicio honesto de esta humana y bella profesión sea tarea de todos los días.
Por Vilma Beatriz Ojeda
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Fotografía: Rafael Pichardo