¿Dónde estoy?
Edición jueves, 05 de junio de 2003

MATEHUALA, SLP.

Por
Agencia
jueves, 05 de junio de 2003

MATEHUALA, SLP.- "Si me porto bien, si no ando en malos pasos, si mi alma y mi corazón son buenos y limpios, entonces los dioses me verán con buenos ojos. No

importa si mi sombrero es viejo y mi ropa está desgarrada. Si mi corazón es bueno me

convierto en reflejo de los dioses, como un espejo..."

Con ese pensamiento, decenas de huicholes llegan cada año al altiplano potosino, donde según su cosmogonía nació el sol ayudado por los cuernos de un venado; también llegan miles de cristianos para venerar a San Francisco de Asís, el 4 de octubre, en el santuario de Real de Catorce, como arriban turistas atraídos por ese pueblo mágico, los hippies y chamanes en busca del peyote y miles de viajeros que se detienen a pasar la noche en Matehuala durante su camino a la frontera o la ciudad de México.

Aquí donde, según los astrónomos, las estrellas se ven más cerca, donde el sueño de los metales preciosos atrajo a miles de mineros que fundaron los Reales de Minas, entre cerros vapuleados por la erosión y donde el desierto juega con la vida de la flora y fauna que se

aferra a seguir viviendo sobre el suelo yesoso que blanquea a lo lejos.

El desierto esconde paisajes, barrancas y pueblos fantasmas, que celosos guardan, entre paredones de piedra y caminos polvorientos, los recuerdos de una época de esplendor que se perdió en el tiempo.

Y es que el atractivo turístico del altiplano potosino no se queda sólo en la intrigante

historia del antiguo mineral del Real de Minas de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Guadalupe de los Álamos de Catorce, como en realidad se llama Real de Catorce.

En las inmediaciones de Matehuala, cuyo significado del nombre no quieren recordar los que promueven aquí el turismo (en lengua

indígena huachichil significa "No vengas"), hay una amplia variedad de espacios para la

práctica del llamado ecoturismo.

Safaris fotográficos

A 45 minutos de Matehuala, sobre la

carretera a San Tiburcio, Zacatecas, está la población de Estación Catorce. Ahí se puede alquilar una o varias camionetas todo terreno llamadas Willis en las cuales, ayudados por un guía experimentado, se puede incursionar en un safari fotográfico por la Sierra de Catorce.

En tres horas, por los caminos abiertos por los mineros, se llega al lomo de la sierra por una serie de barrancas y acantilados que permiten apreciar paisajes que asombran a cualquiera.

Desde el desfiladero se alcanza ver la

meseta potosina, esa que alguna vez se llamó la ruta de la plata, porque por ahí, en mulas y

caballos, llevaban el metal a la ciudad de México o a California. En el camino se observan las entradas a las minas abandonadas, donde sólo quedan las montañas artificiales formadas por los materiales extraídos de las entrañas de la tierra, vertidos cause del río, por donde jamás pasa agua.

Ruta Huichol

Del otro lado se ve la meseta del Wiricuta, donde se encuentra el Cerro del Quemado, lugar sagrado de los Huicholes, donde los indígenas de esa etnia recogen el peyote. Ese narcótico del que se valen para hacer el rito con el que coronan su peregrinación anual desde los

estados de Nayarit y Jalisco y logran el

encuentro con sus dioses.

Por algún lado de ese cerro, con forma de lomo de elefante, por donde ruge el viento que "purifica el alma de los peregrinos" están las siete puertas que cruzan antes de llegar al "ombligo del mundo" señalado por una piedra que sirve de depósito de decenas de ofrendas hechas de chaquira.

Hasta ese lugar, se puede llegar a caballo en un trayecto de tres horas saliendo de Real de Catorce. Están disponibles por lo menos 100 equinos.

Pueblo Fantasma y Socavón

Partiendo de Matehuala es factible realizar una excursión por vehículo todo terreno por el famoso camino real de oriente, ese que cabalgó el general Porfirio Díaz en 1895 atravesando el cerro Barriga de Plata, pasando por los

vestigios mineros de las minas La Concepción, El Compromiso, La Valenciana, Ave María, San Joaquín, entre otras, hasta llegar a la Capilla de Santa Anita, donde daban gracias a Dios los mineros por mantenerlos vívos.

Es un camino pintoresco que permite

disfrutar del desierto y maravillarse de lo que debieron hacer aquellos hombres que movidos por las ganas de obtener los metales preciosos rascaron la tierra desde acantilados y agrestes cañones en medio de desfiladeros.

Una mirada al cielo

De acuerdo con los físicos y astrónomos, la región de Matehuala es una de las dos regiones del país privilegiadas para observar los astros, debido a su altura y clima que dan lugar a una visibilidad sólo superada en México, por Cananea, Sonora.

En enero se vieron lluvias de meteoritos de 300 por minuto. Dicen los que saben que el

próximo 28 de agosto se verán 100 por hora desde estas tierras. Es por eso que dicen que aquí vale la pena una mirada al cielo.

Estos son las rutas abiertas al ecoturismo, bajo el inclemente sol del desierto donde hay rincones que pueden ser escenario ideal para unas vacaciones diferentes.

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