Los griegos se dieron cuenta de que al colocar al sujeto fuera del centro de la imagen, el resultado era mucho más agradable. Pronto se desarrolló la Regla de los Tercios. Ésta, como muchas otras reglas, no siempre es útil, por lo que no hay que usarla en exceso.
Para aplicar la regla, divida la imagen en tres partes iguales usando dos líneas imaginarias. Coloque al sujeto en una de éstas para darle más fuerza. Su imagen será mucho mejor que si hubiera colocado al sujeto en el centro. Esta regla puede usarse tanto para objetos o figuras horizontales como
verticales.
Si divide la imagen en tercios tanto horizontal como verticalmente, las cuatro intersecciones de las líneas son los llamados puntos áureos. Coloque al sujeto en uno de los puntos y la imagen tendrá aún más fuerza. Al igual que la Regla de los Tercios, los puntos áureos no siempre son útiles.
Decidir qué parte de la imagen colocar en un punto áureo o en un tercio puede no ser fácil en algunas ocasiones. En el caso de un rostro, uno de los ojos puede colocarse en un punto áureo. Cuando fotografiamos un paisaje, un árbol puede colocarse en uno de los tercios.
Practique y juzgue sus resultados, así aprenderá cuándo usar estas reglas y cuándo no. También visite exposiciones de arte y observe cómo los grandes maestros las han utilizado en sus obras.