Durante este tiempo ha consolidado una base de seguidores fanáticos alrededor del mundo gracias a sus constantes giras por los cinco continentes y a su capacidad para tocar la fibra sensible de los asiduos a las macrodiscotecas con sus sintetizadores filtrados, su cuatro por cuatro acelerado a más de 135 golpes por minuto y sus medidos bajones para que la muchedumbre alce los brazos en comunión. Las más de 300.000 personas registradas en su página oficial, los llenazos de todas sus actuaciones y su caché (hasta 60 mil dólares por actuación) así lo atestiguan.
Tiësto es noticia en 2012 porque acaba de publicar un álbum, ‘Club Live Miami’ que al igual que Kaleidoscope, esta plagado de invitados poco allegados a la electrónica de estadio. Colaboraciones sorprendentes que, en breve conversación previo a su presentación en esta ciudad, asegura haber "escogido personalmente". Los invitados aportan sostén compositivo ‘el punto débil de Tiësto’, y la mezcla funciona como broche a un final de década que ha encumbrado el mejunje, la épica y la sensibilidad de su propuesta musical.