Ha sido “The Sun” el periódico que ha informado acerca de la ruptura de la pareja formada por Enrique Iglesias y Anna Kournikova. El cantante español y la tenista rusa figuraban como una de las relaciones más sólidas y estables a pesar de que, tras numerosos rumores y especulaciones, no consumaran el matrimonio.
‘NO ME IMPORTA’
El tabloide británico anuncia esta noticia en titulares como si de un símil se tratara: “Hay juego, set y partido para Anna Kournikova y el ‘rompecorazones’ Enrique Iglesias”.
Con lo que no se decanta por ninguno de los dos pero sí subraya las declaraciones del que el medio considera ‘crooner’, “hemos roto. Estoy soltero ahora y está bien. No me importa permanecer soltero”.
Durante cinco años ninguno de los dos se ha decidido por la descendencia aunque, según lo que el mismo Enrique revela, en Anna reposaba un mayor deseo. “No estoy aún preparado para (tener) niños. No siento que pueda hablar sobre la responsabilidad todavía. Pero en un futuro sí me gustaría tener dos”, añadiría el hijo de Julio Iglesias.
Empero, el intérprete de “Hero” tampoco tiene intención de pasar por el altar, con lo que muchas de aquellas especulaciones acerca de una posible boda se han esfumado como si nunca existieran. “No habría cambiado nada” es la respuesta que brinda el cantante ante esa opción.
Cinco años son los que llevan Enrique y Anna juntos. El momento en el que trascendió su relación al ámbito público se dio en la grabación conjunta de un vídeo para una de sus canciones del artista. En concreto sucedió en 2002 cuando estaban rodando el clip para el sencillo “Escape”.
Al margen de las lenguas que aseguraban que la relación de Enrique y Julio no son buenas, Anna y Enrique no tuvieron crisis alguna a la vista.
Se barajó la hipótesis acerca de una infidelidad del español con una australiana, pero los regalos y palabras de Iglesias con respecto a Kournikova, indicaban lo contrario.
¿ESTÁ EN LOS GENES?
De hecho, Enrique llegó con la sorpresa de un anillo de rotundo diamante que más bien insinuaba lo que muchos aguardaban. A pesar de ello y dado a sus compromisos laborales, en muchas ocasiones debían permanecer separados para atender sus obligaciones. Y en varias situaciones, ajenos a la opinión y los chascarrillos que se generaban en torno a ellos.
Rápidamente y de acuerdo con el halo de seductor que le envuelve a su padre, algunos se han atrevido a adelantar que la inestabilidad amorosa está en los genes. Es más, el propio “The Sun” bromea con la posibilidad de que aquel día que Enrique comentara que ‘cambiaría mi pene si pudiera. Es muy, muy pequeño’, lo habría hecho para que Anna no tuviera el placer de decírselo a todos.