Genio, irreverente, enigmático, gran torero, decenas de epítetos se tienen para quien causa revuelo con solo saber que hará el paseíllo.
El Brujo de Apizaco, sobrenombre recogido luego de aquella “Tarde Mágica” del 7 de enero del 2007, alternará con Alfredo Ruiz “El Conde” y el diestro de de Tijuana Manuel Juárez “El Poeta”.
Las pasiones que despierta el torero nacido en Apizaco, van desde esperar una tarde sensible, plena de aromas mexicanos de antaño, toreo que deslumbra la vista, hasta una tarde aciaga, eso sí, sin menoscabo del decoro, El Pana no pasará desapercibido y los deseosos por verlo triunfar o petardear, saldrán hablando de él.
Tauromaquia en peligro de extinción, Rodolfo, es una leyenda viviente, un eslabón no perdido, entre los años dorados de nuestra maravillosa fiesta mexicana y estos años tan recientes y tan llenos de estilismos meramente hispanos que mucho se admiran, pero poco se sienten. México para los mexicanos, España para los ultramarinos.
El Pana es de Azteca, como sus trazos bucólicos, como su imaginación forjada en la campiña nacional.
En Rodolfo, se conjugan los sinsabores de la injusticias empresariales, los sentimientos más íntimos de quien soñó y fue victima de atropellos que minaron su ilusión, pero no mataron su espíritu.
Venga Pana, venga torero mexicano, el domingo en la Villa Charra habrá jaleo (Luis Carazo).