Matador de toros desde el 2005, José María Manzanarez como padrino y César Rincón como testigo, David Galán es hijo del llorado Antonio Pedro Galán aquel diestro setentero que cortara dos orejas en la México la tarde trágica del 75 cuando Antonio Lomelín fue cornado por “Bermejo”.
Fueron 6 vacas y un toro los soltados en el anillo de las fantasías y el diestro administrado por El Soro engarzó a cada momento suspiros marismeños.
Su conciencia le dicta el toreo profundo, el que deja embrujo en la retina. Regustado en la verónica, hubo recortes que rompieron el protocolo de la tienta. Una muleta sincera, la escarlata fue un pincel en el ruedo que marcó ritmo, candencia y lírica campirana. Grabados en la pupila fueron los derechazos de trazo largo y templado que tardaban una eternidad. Gustoso el torero, suspiró su encuentro con el ganado mexicano, el mismo que hizo posible que su padre tuviera tardes de gloria en tierra azteca. Se dice que confirmará en la México el invierno próximo. Gustará estamos ciertos.
José Luis Cervantes, fue un estricto ganadero, pero también un convencido de que la dehesa de Don Hernando Limón Bonales tiene cimiento para triunfos importantes en las plazas de México.
En la tienta dejaron sello particular Ismael Gómez “Mayito”, Martín Campanario, novillero español, César Díaz, Curro de la Cruz y el singular Eliseo Gómez “El Charro”. Desde luego y en nota aparte, las grandezas de Vicente Ruiz “El Soro”.