Estos deporte ecuestre se han practicado durante toda la historia, las cuadrigas en la época romana fueron un claro ejemplo, así como las carreras en honor al dios Odín y al gigante Hrungnir en la mitología nórdica.
La cría, doma y carreras de caballos es una gran actividad económica en diversos países. Caballos de pureza excepcional pueden costar millones y generarlos con facilidad como sementales.
Aunque en unos países de lengua española hípica pueda estar a referirse tan solamente a carreras de caballos, en la gran parte de estos países, esto debe referirse a otros deportes ecuestres, incluso hípica olímpica.
El origen de las carreras asciende a la más remota antigüedad. Fueron el objeto principal de las fiestas de Grecia y cantadas por sus poetas.
La fábula de los centauros parece probar que ciertos pueblos de este país, particularmente los tesábanos, habían adquirido desde muy temprano una grande habilidad en el arte de la equitación.
Varios pasajes de Homero, de Píndaro y de Sófocles, atestiguan que las carreras de caballos estaban ya muy en boga cuando fueron introducidas en los Juegos Olímpicos, hacia la Olimpiada 85.
De la Grecia pasó el gusto de estos ejercicios a los romanos quienes los hicieron entrar en sus festejos públicos.
La carrera consistía en dar siete veces la vuelta al circo; los caballos iban atados a carros ligeros y encontraban en cierto paraje del tránsito límites colocados de tal manera, que sin una destreza infinita de parte del conductor, el carro podía hacerse pedazos.
Muchas veces se inmolaba al dios Marte el caballo vencedor, y su propietario recibía en cambio otros caballos, coronas de oro, de plata, vestidos.
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