Jaime Gómez Castillo refirió que los problemas comenzaron el 28 de mayo, cuando Ortega Rico lo citó a su oficina para revisarle unos documentos personales que debía entregar a la dirección.
Al concluir la inspección, en presencia del jefe, Rigoberto le dijo que como le faltaban unos papeles y lo habían esperado demasiado, tenía que invitarles la comida. Él entregó 60 pesos al oficial Jesús Ibarra y salió de la oficina.
Antes de llegar a su automóvil lo alcanzó su colega que esa cantidad no les alcanzaba, además de que era un insulto; que hiciera un rollito con los billetes y se lo introdujera por el c...
Gómez Castillo agregó que desde su llegada a Puntos Fijos el supervisor Jesús Chávez Santillán lo asignó como su escolta y él lo apoyaba en la elaboración del rol de servicio.
En varias ocasiones, cuando estaba en la computadora se le acercaba el subjefe Meza García para insinuársele. Contra su voluntad llegaba a tocarle el pene y los glúteos; le acariciaba la cara, se sentaba en sus piernas y le pedía que lo besara en la boca.
Como rechazó sus requerimientos, el subjefe le quitó la comisión de escolta y con frecuencia lo dejaba arrestado.
Por último lo envió a vigilar el consulado de Estados Unidos, en la Mesa de Otay, pero sin patrulla ni aparato de radiocomunicación, lo que constituye un peligro para su integridad física y la del inmueble.
Según Meza Castillo, el subjefe Meza García “quiere presionarme para que yo pida de su ayuda y haga lo que él quiere, pero no me intimidará sólo por tener mando. Estoy dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias, porque jefes como él no deben estar a cargo del personal”.