Precisó que sólo uno corresponde a trata laboral y el resto es de explotación sexual; las víctimas han sido desde 12 hasta 37 años.
Recordó que la Red Binacional de Corazones trata de satisfacer sus necesidades psicológicas, médicas y legales para reintegrar a la víctima a la sociedad.
Ha habido más educación, asentó, pero la indiferencia es la peor enfermedad, “hay que atender y educar porque es el problema”.
La tecnología ha avanzado y no se sabe qué hacen los hijos en la computadora y esa es la manera más fácil de enganchar a una víctima de trata humana porque el joven puede dar información personal sin saber quién está detrás de la pantalla, observó.
Insistió en que el organismo a su cargo atiende la prevención y atención de víctimas de trata de personas.
Sin embargo, cuando un niño desaparece puede ser una sustracción, que un padre se lo haya llevado, pero no termina siendo víctima de trata.
Por la situación fronteriza de Tijuana, al tratarse de un lugar de origen, tránsito y destino existe la desaparición de niños.
No obstante, refirió, no se ha hecho inversión en la estadística, es un problema global y países por usos y costumbres no realizan la estadística que es un rubro en el que se debe invertir.
Cuando un niño desaparece es problema de todos, no nada más de la mamá y el papá, sino de todos, concluyó.