En un desayuno conmemorativo, reconoció el sentido humano que proyectan en la atención a los pacientes, especialmente en una etapa de gran necesidad, como en una enfermedad o ante accidentes de gravedad.
Expuso que “gracias a su dedicación y profesionalismo ahora la población vulnerable tiene acceso a la salud, como deportados, indigentes, usuarios de drogas, recién nacidos, personas sin seguridad médica… y en este hospital encuentran la solidaridad que todo ser humano merece”.
Al desayuno acudieron 330 madres de familia que laboran en unidades intrahospitalarias, como área médica, enfermería, trabajo social, admisión, almacén, servicios generales y administración, entre otros.
Elizabeth Hernández Marín, licenciada en Trabajo Social, comentó que los 30 años de servicio en el Hospital General de Tijuana le han permitido transmitir valores profesionales y humanos a sus tres hijos.
Agregó que fue obligada a trabajar por su situación económica, pero en ese tiempo ha encontrado satisfacciones y aprendizaje a través de la convivencia con los pacientes.
“Gracias a mi trabajo he podido educar a mis hijos y tener empatía con la gente, dándole atención personalizada porque las necesidades de cada individuo son distintas”, dijo Elizabeth.
Por último el doctor Robles Barbosa reiteró su gratitud a las mamás trabajadoras, por los sacrificios que realizan en sus hogares, pero destacó que cada acción se ve reflejada en la salud de las personas que egresan del hospital. (rmm)