TIJUANA.- Amenazas contra él y su familia, negligencia de quien tuvo que haber ejercido la justicia y sufrimiento, todo se conjugó durante los 8 meses que Javier Piña Zavala esperó su libertad, preso en el Penal de La Mesa.
Su inocencia le permitió salir de aquel encierro, donde como muchos otros inocentes pagó por adelantado un error de la justicia, mientras “se desahogaban pruebas ante un juez”.
Vestido con un pants gris, propio de los internos del Cereso, con la cara desgajada, envuelto en el aroma de encierro que identifica a los poco más de 7 mil internos que viven en hacinamiento, fue como se le vio abrir la puerta-reja de metal.
En la puerta principal, previo a su salida, esperaba su madre, la señora Rita Zavala Dorantes; su padre, Jesús Piña y su hermana Marisol, quienes de pronto lloraban de alegría, pero también de dolor ante el sufrimiento que este joven vivió.
Un frío extremo se hizo insignificante cuando los brazos de su padre y madre se extendieron para arroparlo con una chamarra negra, justo en el momento que Javier salió de aquel lugar.
El joven permaneció inerte, también por el frío, se observaba desconcertado. Quedó de esta forma frente a ellos, su hermana posteriormente acercó. Así la familia Piña Zavala volvió a estar junta.
“Lamentamos mucho lo que pasó, esto pudo evitarse pero fue la forma negligente como trató el caso el Juzgado II de lo penal. Javier pudo haber salido en 114 horas, siendo inocente”, dijo la abogada defensora María Elvia Valenzuela Borbón.
Agregó: “nadie dirá nada, como muchos inocentes salen de prisión sin la esperanza de que el Estado resarza los daños físicos, psicológicos y las vicisitudes adicionales que lleva implícito estar injustamente en prisión”.
Libre
Decepcionado de la justicia mexicana, temeroso de seguir en su hogar ante una amenaza anunciada de los familiares del delincuente que lo atacó y al que dio muerte en defensa propia, es como el joven de 26 años de edad palpó nuevamente su libertad.
Javier platicó con la prensa y narró el añorado encuentro que le permitiría volver a casa, dormir y comer algo caliente que, estar con su familia e incluso perdonar a quienes le orillaron a estar en prisión. “Dios nos va a ayudar, confiamos en él”, dijo.
Ahora, esperará saber de sus maestros, si es posible volver a la escuela. Con esto podrá retomar su vida de estudiante y trabajador, escenario que le permitirá ayudar a su familia, la que en todo momento estuvo presente con la certeza de su inocencia.
El joven reconoció que lo difícil que fue estar dentro de prisión, donde lo menos que se puede hacer es dormir, razón por la que añoraba llevar a su casa, donde su madre lo esperaba con comida caliente, como ella misma lo comentó.
Su padre, lo sostenía por la espalda con un llanto enternecedor. No dejó de abrazar a su hijo mientras sus lágrimas se desbordaban de esa mirada tierna, como si lo viera nuevamente como aquel pequeño indefenso que trajo al mundo hace 26 años.
Defensa
La familia Piña Zavala fue amenazada por la familia de quien perdiera la vida en su intento por asaltar a Jesús y Javier Piña. Ellos consideran que requieren protección adicional, pues se enfrentan a delincuentes con quienes comparten en el mismo vecindario.
“Son personas que prefieren comprar droga que atender a sus hijos o comprarles pañales, poco les va importar respetar la vida de alguien más”, expuso Piña Zavala.
Es por eso que la defensa del joven buscará la forma de que el Estado le proporcione protección, ante una anticipada amenaza de que cuando él saliera de prisión habría consecuencias”.
La abogada defensora, reconoció que lamentablemente este tipo de esquemas no los considera la justicia mexicana, aunque se tiene que hacer algo por una persona a quien se le destrozó la vida, como en el caso del joven Javier.
“No quiero llorar”, decía Javier quien también fue encontrado por sus amigos. No obstante pero poco a poco sus lágrimas fueron brotando, en tanto su padre no dejaba de abrazarlo y su madre se acercaba a él, lista para poder reunirse nuevamente en casa.