Se publicó en: Edición impresa
TIJUANA.- En el lapso de cinco minutos un hombre transitó de una seria amenaza de muerte a la libertad, tras veinticinco horas de cautiverio que finalizaron la noche del domingo con la acción salvadora de la milicia, derivada de una denuncia anónima.
“El Ejército Mexicano hizo una labor muy profesional, impecable, que duró sólo cinco minutos y significó para mí volver a vivir. Le estoy muy agradecido, lo mismo que a quien hizo la denuncia para mi rescate”, dijo el liberado, cuya identidad se guarda por razones obvias.
Enfundado en uniforme militar camuflado, de espaldas a reporteros y fotógrafos, relató que la tarde del sábado llegaron a su negocio tres desconocidos, quienes con amenazas de muerte lo hicieron subir a un vehículo.
Luego lo trasladaron a un sitio extraño para él, –ahora se sabe que fue una casa en la colonia Juárez– donde lo mantuvieron en una recámara, tirado en el piso.
Aunque –caso insólito– no le vendaron los ojos, le ordenaron mantener la vista hacia el suelo.
Refirió que los delincuentes le “sugirieron” que cooperara para no sufrir daños, con la advertencia de que lo matarían antes que fructificara cualquier intento por liberarlo.
En las horas que siguieron a su captura los maleantes comentaban sobre cuál sería el paso siguiente, pero no pudo oír con claridad sus planes. Por ello ignora si pidieron alguna cantidad de dinero como rescate.
Añadió que la tarde del domingo escuchó fuertes golpes en la puerta principal y gritos de que se rindieran, y pensó que había llegado su salvación. Lo invadió entonces una mezcla de alegría y miedo, por la amenaza de sus captores.
También se preocupó por su familia, por su esposa y sus hijos, por quienes debía vivir.
Con no poco esfuerzo tomó una silla y con ella aseguró la puerta de la recámara, pues no sabía quiénes eran los recién llegados y temía ser asesinado.
Cuando cesó el escándalo se asomó por un orificio que hay en la misma y al constatar que eran militares, les facilitó el paso.
“Todo sucedió en unos cinco minutos, en los que por mi mente se atropellaban pensamientos de alegría, miedo, frustración”.
Ya en libertad se enteró que fue liberado por una denuncia anónima y quiso “agradecer a quien se tomó la molestia de tomar el teléfono y denunciar que había algo sospechoso en ese lugar. Luego el Ejército acudió a verificar y finalmente desplegó una labor impecable, por lo cual estoy impresionado y agradecido”.
“Creo que en Tijuana se vive la misma situación de violencia e inseguridad que en todo el país, pero no por eso nos vamos a andar escondiendo. Exhorto a la comunidad a denunciar todas las cosas sospechosas que vea en su vecindario, porque eso puede significar la salvación de alguien, como en mi caso”, finalizó.