Desde el sábado, familias tijuanenses acudieron a comprar el característico pan a base de huevo con el que se dan por finalizadas
las fiestas decembrinas.
Lo usual es que las familias se reúnan alrededor de la rosca y la compartan con una taza de chocolate caliente, bromeando en torno a que quien resulte agraciado con “el monito” será el anfitrión de la fiesta el 2 de febrero, Día de la Candelaria.
La oferta de miles de roscas es tan variada, que hay para todos los gustos y bolsillos. Desde las más económicas que se pueden adquirir en los supermercados por menos de 40 pesos, hasta las más sofisticadas, en cajas lujosas y con niño de oro.
La respuesta común en las panaderías de colonias es que las roscas ya no se venden como antes, debido a que la gente no tiene suficiente dinero para comprarlas, además de que es muy difícil para una panadería competir con los precios de una cadena de supermercados que ofrece el producto como venta de ocasión.
No obstante, las roscas se siguen elaborando y hay panaderías que dedican todo el 6 de enero a hacer y vender roscas en sustitución de otro tipo de panes.
Las hay sencillas y con diferentes clases de relleno, queso, cajeta o chocolate, pero todas con el tradicional Niño Dios que debe ir bien oculto entre la masa.
Hay diferentes explicaciones sobre el origen y significado de la Rosca de Reyes, pero algunas coinciden en que simula una corona con las joyas que utilizaban los Reyes Magos y representan amor, felicidad y paz.
Además, que esconder el niño en la rosca simboliza la hazaña que hicieron José y la virgen María de esconder al niño Jesús para que el Rey Herodes no lo encontrara.
La rosca de Reyes se consume el 6 de enero principalmente en Europa y América Latina.