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(AGENCIAS)

Alacraneros, el viejo oficio que mantiene a cientos de familias

por (EL UNIVERSAL)
6/23/2018 1:23:00 PM
En un día bueno llega a recolectar hasta 200 alacranes
DURANGO, Dgo., junio 17.- Rosalío Gómez González, "Chalío", sale solo a la sierra de Durango de cuatro a seis horas para recolectar alacranes como si levantara conchas en la playa; se dedica al viejo oficio de alacranero, como se les conoce en la región.

Estamos en Palos Colorados, en la parte baja de la sierra a 40 minutos de Durango. Los rayos del sol azotan como si estuvieran enfadados y alrededor no hay nadie que pudiera auxiliarnos si nos pica uno de estos animales que la gente caza desde hace más de dos siglos. El alacranero camina entre árboles con la agilidad de un adolescente. Con el gancho mueve las piedras para buscar debajo. "Se esconden del sol, cuando salen más es cuando llueve", explica "Chalío", de 46 años.

Todos los días, el caza alacranes viaja de tres a cinco horas en bicicleta para llegar a la sierra. En un día bueno llega a recolectar hasta 200. Pero normalmente junta de 70 a 100.

Esta tarde, se queja, ha encontrado pocos. "Hay días que no se halla nada y hay otros en los que me va bien", menciona. Si alcanza, al final del día acude al mercado Gómez Palacio, en el centro de Durango, y vende los animales en 2.5 pesos cada uno, pero lamenta que a veces le quieren pagar sólo un peso.

Hace años los alacraneros cazaban para el gobierno por necesidad, pero en décadas recientes lo hacen para los artesanos y para las personas que saben cocinarlos. Hasta abril de 2018, la Secretaría de Salud de Durango registró 564 víctimas por picaduras de alacrán.

Oficio antiguo

Hace 34 años, cuando era un chamaco de 12, "Chalío" comenzó a cazar alacranes allá en su pueblo de Jesús González Ortega, Pericos, a 2 mil 300 metros de altura, una comunidad de Durango donde actualmente viven menos de 200 personas.

Su papá era alacranero y según "Chalío", sigue recogiendo arácnidos a sus 86 años. En aquel entonces le pagaban a 20 centavos el alacrán. En su pueblo la gente vivía del maíz y frijol, pero asegura que casi no se da, es "mejor juntar alacrancitos".

"Chalío" a veces trabajaba de albañil, pero dice que si busca trabajo y no halla, pierde un día de buscar alacranes. "Mejor me voy a buscar porque vivo al día". Del oficio de alacranero, aclara, le gustó porque le da para comer y vestir a sus cuatro hijos.

El alacranero es un oficio que data en el estado desde 1760. El cronista de la ciudad Javier Guerrero Romero señala que en ese año se tiene identificada una partida del ayuntamiento de Durango llamada "matanza de alacranes", donde pagaba a los pobladores a cambio de que entregaran alacranes vivos. Es entonces que nacen los alacraneros, gente que se dedica a capturar estos animales para vendérselos al gobierno, porque desde aquellos años son considerados una plaga y un problema de salud.

A la par de la partida gubernamental surgió la figura del "veedor de alacranes", que era un regidor cuya función era dar fe de la cantidad de alacranes que una persona atrapaba. "Les cortaban la cola y tiraban a los alacranes muertos a un arroyo. El veedor daba fe y hacía un pagaré para que la persona cobrara por los alacranes", describe el cronista.

Actividad no regulada

"Chalío" no para. Voltea las piedras con el gancho y encuentra una alacrana con sus crías. Después de más de 30 años, la vista del hombre es infalible. Toma el animal con las pinzas, lo sacude sobre la piedra y lo mete al bote y sigue. En esta zona los alacranes son pequeños. Más adentro de la sierra son más grandes, los cuales en el mercado se llegan a comprar hasta en 100 pesos. En Durango existen cuatro especies principales, Hudrudus aztecus, Centruroide vaejous, Centruroide suffusus y Centruroide noxius; este último también se halla en Nayarit y es el más venenoso del país.

Miguel Correa, profesor investigador de la academia de Entomología del Instituto Politécnico Nacional (IPN) de Durango, afirma que la especie Suffusus sí está considerada como una plaga en la ciudad porque tiene mayor facilidad de adaptarse. Además, es el segundo alacrán más venenoso de México y muchas veces se halla en las partes viejas de la ciudad.

El investigador explica que el alacrán no está protegido y por lo mismo no existe una regulación para su caza y recolección y reconoce que hay pocos arácnidos protegidos y los que están son normalmente tarántulas.

"Chalío" platica que hace años llegaba a rellenar todo el frasco, unos 300 alacranes llegaba a levantar en un día. De esos tiempos sólo tiene el recuerdo.

—¿Por qué cree que hay menos?

—Por el desempleo, la gente se dedica a esto porque no hay trabajo.

Sin embargo, nadie en Durango tiene un censo de alacraneros. No es una actividad regulada. La realidad es que cualquier duranguense se integra a este oficio, pues todavía aparecen animales en las casas.

El hombre correoso levanta otra piedra y encuentra dos arácnidos. Un macho y una hembra. "La alacrana es más gorda y el alacrán más delgado", explica como especialista.

"Chalío" camina entre las ramas, mueve las piedras y encuentra otro alacrán. Le pregunto por qué están como enconchados y dice que cuando los agarra, buscan picar. Lo mete al bote y sigue levantando piedras, así hasta entrada la tarde.

"Entre más tóxico sube su valor; hay unos que no se comen"

Guadalupe García tiene 30 años y es coordinadora del alacranario del museo de la ciudad y comerciante de artesanías con alacrán. Ella y su familia compran los arácnidos cazados por los alacraneros como "Chalío", pues refiere que es mejor cazarlos y darles un uso, "pues de todos modos la gente los fumiga o los mata". Menciona que tiene alrededor de 35 proveedores que vienen de distintas zonas como El Mezquital, El Salto o rancherías cercanas que llevan diferentes especies. Pero sólo los recibe vivos para no correr el riesgo de cómo los mataron o si les echaron algún insecticida, pues explica, esos ya no sirven. Lupita agrega que sus clientes suelen ser principalmente de Aguascalientes, Torreón, Baja California o el Estado de México. Cuando llegan a sus manos, los alacranes pasan por un proceso de selección. Los clasifican por su especie o por su tamaño; si sirve para llavero, botella o artesanía, y asegura que hay mujeres que hasta los llevan encapsulados en las uñas.

"Dependiendo de la especie o de la zona, entre más tóxico es más caro porque adquiere más valor. Hay especies que no se pueden comer. Hay otros que se tardan más en conseguir", comenta. En temporada alta, junio a agosto principalmente, un solo proveedor llega a traerle hasta mil 500 alacranes en una semana.

Lupita explica que el proceso para quitarles el veneno es sumergirlos en alcohol, el cual los mata, los conserva y les absorbe el veneno.

También, los alacranes se venden en diferentes restaurantes que los sirven como brocheta de alacrán, taco de alacrán, tostadas o sopes de alacrán. Chelo García, hermana de Lupita, tiene un local en el que cocina a los arácnidos. La mejor forma, dice, es freírlos porque agarra una textura más sabrosa y crujiente.

Se pueden condimentar con especies, con sal, pimienta, chile, limón; inclusive acompañar con frutas como jícama o piña. Chelo les saca el interior, los clava en un palillo y los pone en la parrilla. El alacrán empieza a dorarse, agarran un color rojizo y cuando su cola ya no cuelga, el alacrán está listo para comerse, explica.

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