El decomiso derivó de una queja de diciembre de 2011, que denunció un esquema criminal entre entidades ligadas a Hezbolá, incluyendo el desaparecido Banco Libanés Canadiense (LCB), que usaron bancos de Estados Unidos para lavar los fondos y regresarlos a Líbano.
“Como acusamos el año pasado, el LCB tuvo un papel central para facilitar el lavado del dinero para organizaciones controladas por Hezbolá por todo el mundo”, señaló la administradora de la DEA, Michelle Leonhart.
Según la acusación, entre enero de 2007 y principios de 2011 se transfirieron por vía electrónica, a través de LCB, al menos 329 millones de dólares a bancos estadounidenses para la compra de autos usados que eran llevados a África occidental.
El dinero por la venta de los autos, junto con ganancias del tráfico de drogas, eran canalizadas a Líbano a través de “canales de lavado de dinero controlados por Hezbolá”, según los documentos.
“LCB tuvo un papel central en estos canales de lavado de dinero y condujo negocios con varias entidades relacionadas con Hezbolá”, señaló la DEA.
El partido Hezbolá se encuentra en la lista de organizaciones terroristas extranjeras del Departamento de Estado estadounidense.