Los insurgentes balearon a los soldados mientras dormían, y sus cadáveres quedaron completamente desfigurados, dijeron las autoridades, que hablaron a condición de guardar el anonimato por no estar autorizados a dialogar con la prensa.
El ataque perpetrado en la zona de Shibam, en la provincia sudoriental de Hadramout, fue el último de una serie de graves humillaciones sufridas por el ejército en el sur del país y que ha puesto al descubierto la vulnerabilidad de un ejército yemení, desmoralizado y dividido por lealtades tribales en un año de extrema agitación política.
El sábado, un ataque encabezado por al-Qaida causó por lo menos 30 muertos en ambos bandos en la provincia de Lahj, igualmente en el sur del país. Las autoridades dijeron que la mayoría de los rebeldes se han replegado a una montaña cercana, aunque un puñado sigue combatiendo en la aldea de al-Rahha.
Y en febrero, al-Qaida se atribuyó un ataque contra una base en el que murieron casi 200 soldados yemeníes: los insurgentes balearon las carpas en las que dormían los soldados cerca de la aldea de Zinjibar, y luego exhibieron a decenas de prisioneros en una aldea vecina.